domingo, junio 23, 2024

Fray Fernando, Opinión

La Cantina dónde la palabra se humedece. Borrachos.

Explorando la ciudad, me encuentro con varios “escuadrones de la muerte”. En las colonias marginadas, en La Reformita, debajo de los puentes, y sin falta en la Plazuela Perea, y seguramente en lugares menos visibles, existen otros de diferentes niveles económicos. Pero al final, surge una pregunta: ¿Qué diferencia hay entre quedarse tirado en la banqueta o en la alfombra? 

Creo que ninguna. Tanto los ricos como los pobres encajan perfectamente en el poema de Michael Lowry, ese genial alcohólico. Aquí está: “Dios le da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer, balbuceando sobre las rodillas de Belcebú, completamente destrozados. Una vez más, espían a través de las ventanas, acechando el terrible corte del día”. 

Y esa es la realidad para miles y miles de hombres y mujeres agobiados por la adicción al alcohol, un problema grave que hoy en día se ve opacado por el consumo de fentanilo y otras drogas “modernas”. Son personas que no logran ver el día en su totalidad. Son personas hábiles en las mezclas, llegan al bar e instruyen al cantinero para que les sirva su dosis con la cantidad exacta de ginebra, brandy o tequila, la cantidad precisa de agua mineral, hielo o “terciadito” con refresco, una combinación que les permita afirmar al consumir su copa: “siento que un coro de ángeles baja por mi esófago”. 

 Lo importante es consumir, pasar las horas con “los amigos”, reírse, evadir realidades. ¿Y respecto al gasto? Las excusas verbales sobran: “Échenme “lotra” aunque mi familia sufra” o “ya picados y pedos en la barra, no hay tos”. Por la mañana, enfrentando los reclamos conyugales, sin dinero y con una fuerte resaca, el bebedor estrella de la noche, el gran mezclador, navega en un mar de confusión y, si pudiera, tal vez entendería a los pensadores milenarios que recomiendan “Nunca mezcles el placer con el arrepentimiento”. ¿Harán caso a esta antigua máxima? Los alcohólicos no. Optarán por el círculo mortal en el que, a más alcohol, más problemas, y a más problemas, más alcohol. 

La Oración para Borrachos de Lowry refleja crudamente esta realidad porque son personas que luchan contra la enfermedad del alcoholismo, lucha perdida si pretenden hacerla individual, a base de fuerza de voluntad. La frase “Pobrecitos los borrachos que amanecen farfullando en el regazo de Belcebú” está profundamente relacionada con el Diablo, que no es otro que el alcohol, es una figura demoníaca, si bien expresión poética o metafórica, pero en el fondo alude a los trágicos destinos de los alcohólicos irredentos. Es una manera de resaltar la situación lamentable en la que se encuentran, a merced de sus adicciones y condenados a sufrir. 

Son hombres y mujeres que se preguntan al igual que Michael Lowry: “Cómo empezó todo esto y por qué estoy aquí en esta barra arqueada con la pintura marrón descascarillada,..solo con dos viscosas escupideras, sin compañía excepto el miedo: miedo a la luz, de la primavera, del lamento de aves y autobuses volando a sitios lejanos, y de los estudiantes yendo a las carreras, de chicas brincando con el aire en sus rostros, pero sin compañía, sin compañía excepto el miedo, miedo de la fuente volando: y todas las flores que conocen el sol son mis enemigos, ¿estas, muertas, horas?”