jueves, agosto 11, 2022

Buzón, Isaías Orozco Gómez

Aborto y/o anticonceptivos

(Segunda y última parte).

“En una sociedad liberada de toda opresión y de toda explotación, en la medida en que se sigan difundiendo los anticonceptivos, incluyendo los de emergencia, se puede suponer que el aborto terminará por extinguirse”. Mauricio Schoijet

         Continuamos transcribiendo algunas partes seleccionadas del artículo, “El control de la natalidad: un esbozo de historia”, escrito por el Profesor Titular del Departamento, “El Hombre y su Ambiente”, de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, Mauricio Shoijet, en el cual reseña las luchas por la legalización del aborto y el acceso a los anticonceptivos en varios países del mundo.

         Al respeto, la primera parte del tema, la rematamos así: También cabe suponer –sugiere Mauricio Shoijet– que los motivos burgueses para oponerse al control de la fecundidad tuvieron relación con la alianza de esa clase con las burocracias religiosas y las milicias. En este aspecto cabe mencionar la oposición de los órganos de prensa de la burguesía inglesa [Tal y como hoy está sucediendo aquí, con los otrora poderosos medios de información: Televisa, TV Azteca, Reforma, El Universal…] con la teoría de la evolución por selección natural.

         No obstante, y ya situados en la segunda mitad del S. XX, en Canadá, en 1969 se aprobó una ley de liberalización del aborto y de acceso a los anticonceptivos.

         Luego, con la caída de la Unión Soviética y los regímenes afines, en Europa Oriental entre 1989 y 1991, aparecen tendencias contradictorias en varios de estos Estados-Nación. Asimismo, en Rumania, la liberalización de tales leyes, causó un importante descenso de la mortalidad materna.

         Suecia permitió el aborto totalmente legalizado en 1974. En tanto que en la India la difusión de anticonceptivos estuvo asociada a la llamada REVOLUCIÓN VERDE.

         En tanto que todos los países islámicos prohibieron el aborto; no así, Túnez y Turquía.

         Por otra parte, a comienzos de 1971, 38 por ciento de la población mundial vivía en países en que el aborto legal era fácil de obtener; porcentaje que aumentó en 64 por ciento en 1976.

         En ese sentido, tal fue la demanda de la clase trabajadora, que en dos conferencias de la ONU –Teherán 1968, y Pekín, 1995–, se aprobaron resoluciones en que se aceptaba EL DERECHO DE MUJERES Y HOMBRES A DECIDIR EN FORMA LIBRE Y RESPONSABLE EL NÚMERO DE SUS HIJOS Y EL MOMENTO EN QUE QUERRÁN TENERLOS. 

         No es por demás informar, que Cuba es el único país de Latinoamérica y el Caribe, que permite el aborto. Mientras que en Brasil, desde 1988, fue legalizado el uso de anticonceptivos.

         En Argentina, a partir del gobierno del presidente Néstor Kirchner, se distribuye en los hospitales  un manual de liberalización relativo a mejor la atención a mujeres que se practican abortos y a proporcionarles información sobre anticonceptivos.

         En México, hasta el momento –salvo estadística actualizada–, Coahuila, Veracruz, Hidalgo, Oaxaca, Cd. de México, practican la interrupción legal del embarazo, hasta la semana doce de gestación.

         Hasta aquí, recurrimos a nuestro erudito referente Mauricio Shoijet. Leamos ahora lo que opina sobre el mismo tema, Esther Vilar, nacida en Buenos Aires, Argentina, hija de migrantes alemanes. Se licenció en medicina en Argentina, y estudio sociología y filosofía en Europa. En 1971, alcanzó sorprendente popularidad, con su libro “El Varón Domado”, traducida al español en 1973. Ha escrito ensayos, libros de economía, novelas y una amplia cifra de obras de teatro. En esta ocasión, nos ilustraremos con las siguientes cápsulas de su obra: “Católicas del mundo uníos en la lucha contra una iglesia sexista”:

         […] “Por lo tanto, la prohibición papal de emplear cualquier método anticonceptivo fiable (píldora, dispositivo intrauterino, diafragma, preservativo) debe recibir el nombre de política en pro de la muerte (pro morten), ya que, con su aplicación, la Iglesia católica es culpable en su campo de influencia de la muerte o bien la mutilación física y psíquica de millones y millones de niños. Y, además, se hace responsable de la desgracia de quienes son testigos impotentes, en la mayoría de los casos, las mismas madres creyentes.

         Aclara, Esther Vilar: “No, no queremos entrar aquí en las consabidas quejas contra el papa actual. Creemos que no alcanza a comprender cuánta miseria esparce por el mundo con su defensa de la ‘encíclica de la vida’ (Humanae Vitae).

         “Es posible que parte del problema resida en que los caballeros de edad que en la actualidad toman las  decisiones en esta materia ya no pueden imaginar cuán difícil suele resultar la represión del impulso sexual.

         Afirmando además, que “la testosterona es la responsable del deseo sexual de ambos sexos, y el nivel de esta hormona, a causa de un extraño capricho de la  naturaleza, disminuye a marchas forzadas en el caso del hombre durante la andropausia, que suele empezar alrededor de los cincuenta años, mientras que en la mujer permanece constante durante varias décadas más y en ocasiones incluso asciende.

         Cuestiona: “¿De qué os sirve un rebaño católico diez veces más numeroso si es un rebaño hambriento, asfixiado y enfermo?

         “En Latinoamérica –abunda Vilar– donde  la mayoría de sus habitantes son católicos, una tercera parte de la población ya no tiene hogar, además de padecer malnutrición crónica. De tal manera, hace décadas que no solamente debió recomendarse el uso de anticonceptivos, sino que debería haberlos regalado, ya que son precisamente los más pobres de los pobres quienes no podrían comprarlos aunque estuvieran permitidos.

         Patética la realidad que describe sobre el aborto “a escondidas”: […] “las mujeres de los  pocos países en que se ha logrado la separación absoluta entre Estado e Iglesia, de forma que ahora no puede acosarse legalmente al médico ni a la paciente. En el resto del mundo, las mujeres, seamos creyentes o no, al quedar embarazadas sin desearlo nos vemos obligadas, como antaño, a removernos las entrañas con ajugas de tricotar, a introducirnos pedazos de jabón en el útero, a beber sustancias tóxicas, a colgarnos de los pies, a dejar que un matasanos nos infecte, o en el peor de los casos, nos deje morir desangradas”.

         En ese contexto, se impone anotar las causales legales que deben imperar para la interrupción del embarazo: Violencia o violación sexual. Imprudencial o culposo. Peligro de muerte. Por malformaciones genéticas o congénitas del producto (Sic). Causas económicas graves. Grave daño a la salud. A solicitud de la mujer. Inseminación artificial no consentida.

         Ahora bien,  para que la mujer en edad de concebir, en caso de la interrupción de su embarazo, no tenga que recurrir al aborto, preponderantemente, en la lastimosa realidad expuesta líneas arriba, necesariamente debe permitirse y propagarse el uso de anticonceptivos bajo la orientación médica; y, ante todo, con el apoyo integral del sector salud, como económico del Estado mexicano.