24 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

¿Cómo despedir a un buen hombre?

5 min read
Opinión.

“Descanse en paz el apreciado abogado Saúl David Martínez Sánchez, de quien recuerdo con agrado su trato amable y siempre sonriente. Mi más sentido pésame para su familia”.

         Existen múltiples maneras de rendir homenaje a una persona fallecida y que destacó por diferentes motivos, siendo este público generalmente cuando se trata de alguien relacionado con el medio político, económico o artístico y, por el contrario, bien pudiera decirse que pocas veces —o nunca— de esa forma, cuando es una persona que únicamente se desenvolvió en su entorno familiar y laboral.

         Quienes viven en ese “anonimato” social, que no tuvieron algún empleo o actividad de la que por muchos se consideran destacadas, difícilmente tendrán en su partida siquiera una esquela o mención en algún periódico, y ya ni hablar de páginas y páginas de pésames en dichos medios, como sí ocurre con quienes tenían cierta fama, incluso hasta cuando fallece algún pariente lejano de ellos. ¿Condolencias sinceras o por conveniencia?

         Pues bien, lo anterior viene a colación, porque hace unos días lamentablemente falleció una persona muy querida de quien esto escribe, así como por toda la familia Andrade Acosta (no dudo en asegurarlo y en hablar por todos), y quien, sin mayores aspavientos en su vida, tuvo una presencia muy grata en un sinnúmero de personas.

         A quien me refiero, es don Daniel Delgado Astorga, que seguramente su nombre no será referencia alguna para quienes amablemente leen esta colaboración, y a quien me he permitido dedicarle el presente como un homenaje de mi parte tanto para él, como para aquellas personas que han partido a la eternidad sin alguna mención pública especial.

         A don Daniel lo conocí cuando yo era niño, y desde esa etapa y hasta mi adolescencia, fue cuando principalmente tuve la oportunidad convivir con él, en virtud de que desde aquella época comenzó a ser el compañero de vida de mi abuela materna doña Manuela Acosta, habiendo llegado a ser considerado como un abuelo o padre por no pocos integrantes de la mencionada familia. Al abuelo materno don Melquiades Andrade, siempre se le tuvo y se le tendrá su consideración, cariño y recuerdo especial, pues indudablemente nos dejó un gran ejemplo de nobleza y de amor.

         En su vida, don Daniel fue un digno maestro de la construcción (pensé en llamarle “modesto” a su empleo, pero es un oficio tan importante como el que más), que vivió con sencillez y con una amplia disposición para servir a quienes le rodeaban, aún y cuando no eran su familia biológica. Tal vez ese trato tan bondadoso se debió a que, hasta donde tengo conocimiento, no contó con otra familia o familiares. Al parecer nació en el estado de Coahuila.

         En mi experiencia, lo recuerdo como una persona de poca plática, a veces quejumbroso por las peticiones de mi abuela que en ocasiones era caprichosa o que todo se le hacía fácil (lo digo con mucho cariño, pues ella siempre fue una persona de muy buena fe, toda una dulzura de señora), pero a pesar de eso, él siempre estaba firme para complacerla. Definitivamente el amor entre ellos fue muy grande.

         Cuando llegábamos a visitarlos los hijos, nietos o bisnietos, don Daniel inmediatamente se disponía a ver qué se ofrecía para que estuviéramos bien atendidos, y de ser necesario acudía a los abarrotes más cercanos para adquirir lo que se requiriera. A su manera, en todo momento demostraba su cariño hacia quienes nos adoptó como su familia, e igualmente a él se le acogió como un integrante de la misma.

         Tengo presente que la primera vez que conviví con él, fue cuando tenía su casa en la colonia Villa de esta ciudad de Chihuahua, y estando ahí algunas tías, tíos, primas, primos, mi madre y mis hermanos, así como mi abuela, don Daniel y mi tío René nos llevaron de día de campo a un costado de las Quintas Carolinas, donde pasa el río, e íbamos en un viejo camión de plataforma sin redilas, en el que cargamos con sillas y mesas, todos contentos en la parte trasera del vehículo, viviendo una nueva experiencia.

         Lo inquieta que fue mi abuela, los llevó a estar viviendo en distintas partes de la mencionada ciudad, ya que compraban un terreno, construían en el mismo, vendían la propiedad y de nuevo lo mismo. Finalmente, hace algunas décadas, se trasladaron al estado de Tamaulipas, en donde vivieron la mayor parte del tiempo en ciudad Mante, y en donde tuvieron el apoyo y el afecto incondicional de la familia Torres Andrade (encabezada por mis queridos tíos Armando y Angelina). Mi abuela se le adelantó en el camino hacia la eternidad a don Daniel, por lo que él, hasta donde me han comentado, hizo sus maletas para dejar la casa donde vivían (creo que era propiedad de mi apreciada prima Mara), sin embargo, la que desde hace años ya era su familia se lo impidió, haciéndole ver lo importante que era para ellos.

En virtud de que gran parte de los parientes que habitaban en la citada ciudad tamaulipeca, cambió su domicilio al estado de Texas, es por ello que se tuvo el cuidado y consideración para que don Daniel estuviera bien atendido, por lo que desde hace aproximadamente tres años estuvo viviendo con mi primo René aquí en Chihuahua, hasta su fallecimiento el pasado 16 de enero.

Con todo lo anterior, queda asentado que una persona que vive en ese “anonimato social” como don Daniel Delgado Astorga, para quienes lo conocimos, tuvo una invaluable presencia en nuestras vidas, habiéndonos dejado una ejemplar huella de nobleza, responsabilidad, honradez, sencillez y amor. No tuvo riqueza material y, hasta donde sé, tampoco tuvo la oportunidad de acudir a la escuela, pero nos dio valiosas lecciones de sabiduría y de afecto.

Una disculpa si hubo alguna imprecisión o falta de mención hacia algún integrante de la familia Andrade Acosta, pues además de que mi memoria no es tan buena, este espacio es corto y no me permite extenderme más. No obstante, de lo que no tengo duda alguna, es que de una u otra forma quienes conformamos la mencionada familia, siempre le tuvimos un especial afecto y agradecimiento a don Daniel.

Pero, ¿cómo despedir a un buen hombre como lo fue don Daniel? Indudablemente proponiéndonos honrarlo al seguir su ejemplo como persona de bien que fue.

El Devenir. Derechos reservados 2021 | Newsphere by AF themes.