jueves, junio 13, 2024

Benito Abraham Orozco, Buzón

Continúa la discriminación en los bancos

Toda vez que su negocio es lisa y llanamente el comercializar con el dinero, definitivamente no se les puede llamar “hermanas de la caridad” a los bancos. A través de préstamos de diversa naturaleza, sobre todo con las tarjetas de crédito, exprimen el patrimonio de millones de familia en nuestro país. Un dinero por demás caro.

Bien puede ser por necesidad, irresponsabilidad, ignorancia y/o ambición que se recurre a las instituciones bancarias, aún a sabiendas de la amplia desventaja que se tendrá, pero a ellas no hay quien les ponga un alto con los intereses y comisiones tan altas que imponen. Algunas acciones se han llevado a cabo para limitar ciertos abusos, pero siguen siendo meras nimiedades.

Pues bien, aparte de lo anterior, desde hace algunos años, ciertos bancos han venido clasificando a las personas que acuden a sus sucursales dándoles valor económico, toda vez que, si uno es cliente, y más aún, dependiendo de cuantas ganancias les generemos, de eso depende el turno que nos tocará en la espera de ser atendido. Si no se es cuentahabiente, habrá que tener la seguridad que seremos de los últimos en ser atendidos.

Indudablemente nos encontramos ante un verdadero trato discriminatorio, independientemente de que se le quiera justificar de que se atienden a los clientes “por segmentos”, de conformidad con ciertos requisitos que cumplen cada uno de ellos. Esto es, por ejemplo, el caso de aquellos que tienen un promedio mensual alto en sus cuentas o que manejan varios productos de los que ofrece el banco, serán de los primeros en ser atendidos.

Precisamente, hace unos días que acudí a un banco en el que, hasta hace algunos meses, ese trato diferenciado no existía, pero ya se ha sumado a esa desafortunada práctica. Al llegar a la puerta de la sucursal, se encuentra una persona que pregunta el tipo de operación que se va a realizar y si se es cliente del banco. De responder a esto último que sí, solicita alguna tarjeta de crédito o de débito, misma que ingresa a la máquina que asigna los turnos.

Una vez estando sentando en espera de ser atendido, me percato que otras personas que llegaron después que yo, estaban siendo llamadas a la ventanilla, en virtud de que ellas sí eran clientes de ese banco, y el suscrito no. Fuimos varias personas las que por espacio de media hora o más, tuvimos que estar “tolerando” el desfile de clientes preferenciales.

En un propósito de querer disfrazar esa situación arbitraria, algunos bancos proporcionan turnos en papel con una numeración de 5 o más cifras, que no llevan una secuencia lógica, lo que confunde y/o favorece a que el cliente no se percate de ese trato injusto, y en consecuencia que pueda reclamar con evidencias contundentes.

Por más justificaciones que se nos quieran dar para no tener que aceptar ese trato despótico, no habrá una sola que sea convincente. Por si acaso “pecan de inocentes” y no saben que lo que están haciendo es completamente indebido, habrá que hacerles referencia a los bancos, a lo que sobre el particular establece la  Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación en su artículo 1, numeral III, al señalar lo que se entiende por discriminación: “Para los efectos de esta ley se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión, restricción o preferencia que, por acción u omisión, con intención o sin ella, no sea objetiva, racional ni proporcional y tenga por objeto o resultado obstaculizar, restringir, impedir, menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos y libertades, cuando se base en uno o más de los siguientes motivos: […] la condición social, económica…”. En consecuencia, la distinción o preferencia que nos ocupa, atendiendo a la condición económica, evidentemente es discriminatoria.

¿Hasta cuándo seguirán tratándonos como una vil mercancía en los bancos?