miércoles, mayo 29, 2024

Buzón

De la tragedia de los andes y de la pandemia

Ya hace 50 años de la tragedia de los Andes, en la que se estrelló un avión que iba de Montevideo, Uruguay, a Santiago de Chile. Era el avión 571 de la fuerza uruguaya, y el accidente sobrevino, cuando el piloto creyó que habían llegado a Curicó y comenzó a descender para llegar al aeropuerto de Pudahuel, pero chocó contra una montaña.

El 13 de octubre de 1972 fue el encontronazo y luego de 73 días, el 23 de diciembre, fueron rescatados los sobrevivientes, alrededor de 16. Eran jugadores de rugbi y otros acompañantes del colegio Old Christians, los que no llegaron a Santiago para jugar. Se habla de 29 muertos.

Se hizo una película sobre el suceso. Acaba de llegar a mis manos el libro “Carlitos Páez – después del día diez”, en el que se cuenta esta tragedia. Carlitos Páez narró a un escritor, todo lo que se vivió en esos 73 días y así salió este libro a la luz pública. Según esto, Páez era el más joven de los pasajeros (tenía alrededor de 19 años) y contó grandes hechos tristes, de los que vivieron los pasajeros.

Dijo que la carne humana, sabe como la de vaca, habiéndola comido junto con otros para sobrevivir. Esto me hizo recordar lo que narró para una escritora, el pintor Diego Rivera, creo el libro se llama “Mi arte, mi vida”, algo así. Contó Rivera, que él y otros amigos, quisieron experimentar el sabor de la carne humana cuando jóvenes y en ese propósito, se robaban cadáveres de un panteón por las noches y luego hacían sus platillos con la carne. Uno de sus guisos favoritos era “sesos a la vinagreta”. Pero no olvidemos que el pintor tenía fama de mitómano….

Edgar Allan Poe, el autor estadounidense de obras de terror, en su libro “Las aventuras de Mister Arthur Gordon Pym”, trata el tema del canibalismo forzoso, en escenas muy bien logradas con su maestría característica. Iban cuatro amigos, entre ellos Arthur, en una pequeña embarcación, cuando llegaron a naufragar, y entonces tuvieron que navegar sobre una tabla varios días.

Después de haberse comido las pocas provisiones que rescataron, llegó el momento en que el hambre les exigió una solución para no morir. Y así se vieron forzados mediante una rifa, a sacrificar a uno de ellos para alimentarse, hasta que fueron rescatados por la tripulación de un barco. Cosas de la imaginación de un escritor que reflejan las grandes necesidades humanas.

La vida nos enseña que hay que tender la mano al que tiene hambre, la que no sabe de esperas. Con la pandemia, cuántos hemos visto cómo andan los pordioseros abriendo las bolsas de los desechos que se dejan fuera de las casas, en espera de que pasen los camiones recolectores de la basura por la mañana a recogerlos.

Nada nos cuesta ser más humanos y comprender al que sufre hambre. Cuando vea a alguien abriendo una bolsa de la basura, ayúdele por favor, dele algo de lo que traiga a la mano, una moneda, algo…