domingo, julio 21, 2024

Luis Javier Valero, Opinión

Desastroso fin de año

Luis Javier Valero Flores 

Alguien me quiso matar anoche. Venía un coche delante de mí muy lento. En ese momento escuché dos disparos en seco. Volteo y veo a una persona disparándome desde una motocicleta. Alguien, a juzgar por lo que ocurrió, y por lo que me dijo luego la autoridad, alguien me quiso matar anoche, a unos 300 metros de mi casa. No tenía ninguna amenaza, no tengo pleitos con nadie, no tengo deudas, pero alguien me quiso matar anoche”: Ciro Gómez Leyva. 

Al escandaloso número de periodistas asesinados en el curso del año, en el actual gobierno federal, en el que, como nunca, se les ha lanzado una descomunal, ilegal y antiética ofensiva desde la presidencia de la república, en contra de quienes se han destacado por ser críticos acerbos de la actuación de López Obrador, a quienes ha catalogado como sus más fieros adversarios, sólo le faltaba a tan grave ofensiva el criminal atentado sufrido por quien es, sin duda, y a pesar del presidente y sus seguidores, uno de los principales líderes de la opinión pública, Ciro Gómez Leyva. 

El mensaje es siniestro, inquietante, por demás preocupante. Si a él se le puede asesinar -porque “técnicamente” lo de Ciro Gómez fue una ejecución-, entonces a cualquier figura pública, sea periodista o no, se le puede matar.  

El atentado reviste mayor relevancia por las características de la víctima. Sin duda los autores -intelectuales y materiales- no desconocían eso, a pesar de ello lo intentaron y nada nos llevaría a    pensar que desistirán, por desgracia. 

Mensaje más pesimista no podíamos recibir al final del año. 

Por supuesto, no se puede responsabilizar del atentado al presidente, ni a nadie del gobierno, pero lo que sí se le puede achacar al presidente es el de contribuir al ambiente social propicio para agredir a los periodistas críticos de su gestión. 

Y es que, a contrapelo de lo sostenido por él y la mayoría de sus seguidores, el presidente -y más éste, debido a que es quien goza de muy elevada aceptación en una parte muy importante de la población- tiene la libertad de expresión acotada por su elevada responsabilidad, derivada del cargo público que desempeña. 

No, el presidente no es cualquier ciudadano al que debamos garantizarle el derecho de expresión, a la réplica, etc., por supuesto que debe gozar de esos derechos, pero lo debe hacer acotadamente y con pleno respeto al marco legal, que lo ha violado en no pocas ocasiones, especialmente cuando ha dado a conocer informaciones personales de algunos periodistas, sobre todo quienes han dado a conocer los videos más “dañinos” (además de las ilegalidades mostradas) para su imagen y la de sus colaboradores y familiares. 

No cualquier ciudadano tiene acceso a difundir en una tribuna gubernamental, día a día, sus puntos de vista, opiniones, y sus constantes diatribas contra los periodistas, los partidos de oposición, las capas medias, los campesinos norteños, los aspiracionistas, los académicos, etc., usando todos los recursos a la mano del Estado mexicano, entre los que se encuentran, destacadamente, las conferencias mañaneras. 

Llaman la atención los elevados grados de incongruencia presidencial.  

Mientras en prácticamente todas las mañaneras lanza una furiosa ofensiva en contra de los periodistas críticos, a continuación, en varias ocasiones, ha salido de la mañanera para desayunar y conversar animadamente con la élite empresarial, con la cual, aparentemente, no tiene contradicción alguna. 

Son de escándalo esas reuniones, ya sea con el “ultra fifí” Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, el Consejo Coordinador Empresarial o cuando acude a la Convención Nacional Bancaria.  

El presidente se convierte en el “top star” de esos eventos. 

No es el momento de la especulación sobre los autores intelectuales y materiales del intento de asesinato de Gómez Leyva, pero sí se puede afirmar que las condiciones han sido creadas para que aparezcan más agresiones en contra de los periodistas críticos del régimen. 

Hay una veta imposible de eludir, la de la posibilidad de que algunos de los seguidores presidenciales, obviamente los más fanatizados, pretendieran “aplicar sanciones ejemplares” a quienes disienten del presidente, o que criticamos su gestión. 

Para evitarlas, el presidente abonaría mucho si es capaz de cesar los ataques en contra de los periodistas.  

Se lo han dicho, en todos los tonos, el total de las organizaciones internacionales de periodistas, además de las dependencias de la ONU relacionadas con la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión: Debe cesar el linchamiento que a diario emprende en contra de quienes, solamente, expresan sus opiniones. 

Después del ataque, AMLO se solidarizó con Ciro Gómez, en los mismos términos mezquinos usados por él, teniendo como referencia, exclusivamente, que estos acontecimientos no afecten  las imagen de su gobierno: “No hubo consecuencias graves, fatales, y lo celebramos porque es un periodista, un ser humano, un dirigente de opinión pública y un daño a una personalidad como Ciro, genera mucha inestabilidad política (sic)”. 

O sea, lo grave es que cause “inestabilidad política”. 

Pero apenas dos días antes, el presidente lanzó, otra vez, sus dardos en contra de quienes considera sus adversarios: “Es gente muy deshonesta, hay que seguir, hay que seguir informando, no dejarles libre el terreno, imagínense si nada más escucha uno a Ciro (Gómez) o a (Carlos) Loret de Mola o a (Sergio) Sarmiento. ¡No pues, además es hasta dañino para la salud; o sea, si los escucha uno mucho, hasta le puede salir a uno un tumor en el cerebro!”. 

Pero el atentado en contra de Ciro Gómez Leyva pareciera no ser de algún autor solitario que decidió hacerlo en función de sus motivaciones políticas.  

Esto se descartó desde los primeros momentos posteriores al intento de asesinato, pues se supo, desde el momento del atentado, de la participación de varios autores y el uso de por lo menos dos vehículos, la motocicleta en la que viajaban los autores materiales, y un auto.  

Fue una acción concertada, planeada y ejecutada por varios, y los sicarios, autores de los disparos (la policía de la CdMx informó que hubo por lo menos dos) son expertos tiradores, que lo hicieron hasta en 9 ocasiones. 

Gómez Leyva se salvó porque “por las noches utiliza una camioneta blindada que le proporcionó su empresa hace seis años”, según informó en su noticiero. 

Muchos años atrás, un operativo semejante, lanzado en la capital del estado en contra del exitoso ex comandante antisecuestros, Francisco Minjárez Ramírez, a la sazón propietario de una empresa de seguridad, que le prestaba servicios a una de las familias más pudientes de la capital del estado, y que había sido señalado por el egipcio Latiff Sharif de acusarlo falsamente de ser autor de algunos de los feminicidios ocurridos en Juárez entre 1992 y 2002 (para encubrir a un comandante de la Policía Judicial), fue ejecutado en una de las avenidas más concurridas de la capital chihuahuense, gracias a que ese día decidió no usar la camioneta blindada que poseía. 

En Chihuahua existen 23 casos de periodistas asesinados en un periodo de 20 años, cifra  en la que no están incluidos los 3 trabajadores de la radio, quienes acompañaban al locutor de Mega Radio Juárez, Alan González, acribillados apenas en agosto de este año; y que incluye a la periodista Miroslava Breach y a Armando Rodríguez, la primera corresponsal de La Jornada y el segundo reportero de El Diario de Juárez, ninguno de ellos esclarecido hasta sus últimas consecuencias. 

Reporteros sin Fronteras (RSF) ha contabilizado un total de 57 periodistas (periodistas profesionales y trabajadores de medios) asesinados en el mundo este año a causa de su trabajo, lo que supone un aumento del 18,8% en relación con 2021.  

Según RFS, la guerra desatada en Ucrania el pasado 24 de febrero “explica, en parte, este incremento, ya que, solo en los seis primeros meses del conflicto, ocho periodistas fueron asesinados”. 

En ese recuento, México se ha mantenido, por cuarto año consecutivo, como el país más peligroso para los profesionales de la información, al sumar once periodistas asesinados, lo que representa cerca del 20% del total mundial.  

“En los últimos diez años, al menos 80 periodistas han sido asesinados en México (de los cuales, 46 en los últimos cinco años) por ejercer su profesión, a pesar de las presiones de la sociedad civil y las organizaciones internacionales para que el Gobierno luche con mayor eficacia contra esta violencia”, señala RSF. 

¿Revalorará López Obrador su conducta respecto de la prensa, de la crítica, no la que ocupa día a día los lugares de privilegio de las mañaneras, sólo para ensalzarlo? 

*Columna de Plata-APCJ: 2008, 2015, 2017 y 2022 

asertodechihuahua@yahoo.com.mx