viernes, junio 21, 2024

Opinión

Día de la agricultura nacional

En relación con los más de ciento treinta millones de mexicanos que habitan el territorio nacional y de quienes por necesidad de trabajo o por los estudios viven fuera de la patria mexicana, puede asegurarse que la inmensa mayoría, cuando menos una vez al día o a la semana, ingiere algún alimento derivado del milenario maíz. Que precisamente tuvo su origen en la tierra pródiga de Mesoamérica. En el territorio amerindio, que pasado el tiempo, el naturalista y geógrafo alemán Alejandro Humboldt, imaginó como el “cuerno de la abundancia”.  

Gramínea que saboreamos ya sea directamente en el elote cocido o tatemado untados con chile colorado, limón, mantequilla; sus granos en vaso con iguales condimentos; en forma de tortilla, tostadas, recientemente totopos, flautas, tacos, chilaquiles, variedad de tamales, atoles, hojuelas de maíz, palomitas, panes… Alimentos con el sabor mexicano, que ya hace tiempo se consumen en los USA, en China, así como  en otras partes del “viejo” mundo. 

De inicio, mencionamos en primer lugar  el maíz (Zea Mays) porque fue el maná que la Madre Tierra, que Pacha Mama, que los dioses le dieron a los pueblos   que originaron la admirable organización social, económica y cultural como la Olmeca,  Maya, Tolteca, Azteca… en América Media y Oasisamérica (Chihuahua, Sonora); la Inca en Perú, tanto como las asentadas  hasta la Patagonia.  

Obviamente, no fue la única planta bienhechora, ya que junto con el frijol y el chile, constituyeron la triada alimenticia mesoamericana. Hay otra versión que sugiere que fue el maíz, el frijol y la calabaza los frutos que conformaron la citada tríada.   

Esos grupos de agricultores sedentarios, gracias al conocimiento y utilización de una vasta gama de técnicas para el cultivo y producción de la tierra como las terrazas escalonadas, las chinampas fijas y movibles (Xochimilco), diversidad de obras hidráulicas, uso del bastón plantador o huitzoctli y el azadón de madera  o huictli, lograron cosechar también: aguacate, cacao, tejocotes, capulines, ciruelas de hueso grande, zapotes, jícamas, variedad de camotes y otras raíces, chayotes (sin agraviar a ciertos “periodistas”), nopales, diversidad de tunas, jitomate, quelites, chía, achiote, papayas, vainilla, importante cantidad de yerbas comestibles y curativas, algodón, henequén, etcétera.   

Actividad económica primaria, que aunada a la caza y pesca prosperó óptimamente, hasta que llegó el dominio monárquico-feudal cuasi esclavo,   español y portugués.  

No obstante,  una vez lograda la Independencia política de los EUM, la instauración del México Republicano y el “triunfo” de la Revolución mexicana de 1910-1917, aun cuando el campo cayó en el abandono, las comunidades indígenas y mestizas, los pequeños y medianos productores, siguen teniéndole “querencia a la tierra”, y persisten en hacerla producir “llueva, truene o relampaguee”; esté el calor quemante e insoportable, esté nevando o incluso, tarden las lluvias para la siembra de temporal, se presenten los fuertes vientos… 

Esos hombres y mujeres del campo, del medio rural, sin fijarse si sus manos y pies están “partidos”, callosos y hasta sangran por el trabajo tan duro que significa el roturar la tierra, el enterrar la semilla, el cortar y piscar los frutos… Siguen estoica o heroicamente, entregando sus mejores esfuerzos, para que no falten los alimentos de origen vegetal, aguantándose incluso, la burla de los bajos precios de su cosecha. 

En ese contexto, pasó desapercibido el DÍA DE LA AGRICULTURA NACIONAL, que se celebró o debió celebrarse el 2 de julio del mes que transcurre.  

¿Usted leyó, vio y/o escucho, apreciable lector, en los diversos medios de comunicación alguna ceremonia o algún acto dedicado a ese Día, de los tres niveles de gobierno? 

A la mejor, recordarán a esos hombres y mujeres que viven en el medio rural  y trabajan la tierra, el próximo 9 de septiembre establecido como el DÍA MUNDIAL DE LA AGRICULTURA. 

Sin embargo, es menester agregar, que el “Día de la Agricultura Nacional”, tiene como objetivo central reconocer la diversidad y riqueza de nuestros suelos, así como su importancia en la PRODUCCIÓN ALIMENTICIA y ECONOMÍA de los EUM. 

Yo agregaría y destacaría como ESENCIAL: Reconocer el enorme esfuerzo de nuestros hombres y mujeres del campo, para hacer producir la tierra. 

¡Cómo no reconocerlos, sin con su arduo, con su duro trabajo nuestros patriotas y nacionalistas campesinos alimentan a 126 millones de compatriotas! 

Que paradójicamente, frente a la tecnificación e industrialización de la agricultura, al uso de agroquímicos que causan daños al medio ambiente y a la salud de  las personas y de todo ser viviente; afortunadamente los pueblos originarios y mestizos siguen utilizando medios y técnicas sustentables para el cultivo de especies nativas, que mínimamente perjudican o lastiman el entorno natural.  

A estas alturas, no debe aceptarse que se repita lo que los años 1982-2016, que el neoliberalismo o neoporfirismo vuelva a excluir a los campesinos del proyecto nacional, restringiéndolos y reduciéndolos a una nueva condición de “pobres” y “población redundante”. 

Muy bien por el Programa Sembrando Vidas, pero mejor será, que de una vez por todas se RESCATE AL CAMPO. 

Pues según se ve, se percibe y se vive, ni el TLCAN ni el actual T-MEC le están dando buenos resultados a la economía del país, preponderantemente para el sector agropecuario.