domingo, mayo 26, 2024

Aída Holguín Baeza, Opinión

Diplomacia para la paz

En estos tiempos en que los conflictos armados o no armados entre países han proliferado o se han agudizado, el papel que la diplomacia multilateral debe desempeñar es más necesario y urgente que nunca.

Y es que, considerando que el multilateralismo implica la cooperación entre los Estados y que la diplomacia debe servir para buscar soluciones a través de métodos pacíficos, queda claro por qué la diplomacia multilateral es el modo, el medio y el instrumento esencial para el mantenimiento, restablecimiento y consolidación de la paz.

En ese y con ese contexto, las Naciones Unidas subrayan la importancia de la prevención de conflictos; es decir, de la diplomacia preventiva cuyo fin debe ser el de aliviar las tensiones antes de que desemboquen en conflicto, o, si el conflicto estalla, actuar rápidamente para contenerlo y resolver sus causas subyacentes.

Entonces, independientemente de las causas o motivos de los conflictos, la diplomacia preventiva es fundamental para frenar la proliferación o agudización de conflictos dado que, según la ONU, esa función preventiva se sustenta en la convicción de que es preciso considerar todo aquello que pueda hacerse para evitar las crisis o los conflictos.

Ubicados pues en el marco del Día Internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz, lo que procede es reconocer y asumir que la diplomacia es el principal medio e instrumento preventivo para la resolución pacífica de los conflictos entre países y que, por ende, la diplomacia es el único camino sostenible para la paz, en el entendido de que, tal como lo aclara la Asamblea General de la ONU, la paz no solo es la ausencia de conflictos, sino también un proceso participativo, positivo y dinámico donde se fomenta el diálogo y los conflictos se resuelven en una atmósfera de mutuo entendimiento y cooperación.

El caso es que, como bien lo dijo Noah Feldman, aunque en ciertos momentos la diplomacia puede parecer débil y prosaica, a veces es todo lo que tenemos -y necesitamos- Y es que, como diría Martin McGuinness, el diálogo y la diplomacia son la única garantía de una paz duradera.

En ese sentido, y atendiendo el llamado de las Naciones Unidas a coadyuvar -cada uno desde su trinchera- a promover una cultura de paz, sirva pues esta columna como una forma de aportar un grano de arena en la difusión de las ventajas del multilateralismo y la diplomacia para la paz, y, por su puesto, como una manera de abonar a la cultura de paz.

A modo de complemento, finalizo citando lo dicho alguna vez por el diplomático y escritor británico, Harold Nicolson: “Estas son, entonces, las cualidades de mi diplomático ideal: verdad, exactitud, calma, paciencia, buen humor, modestia y lealtad, que son también las cualidades de una diplomacia ideal. Pero, tal vez objete el lector, has olvidado la inteligencia, el conocimiento, el discernimiento, la prudencia, la hospitalidad, el encanto, la laboriosidad, el coraje e incluso el tacto. No los he olvidado. Los he dado por sentado”.

Aída María Holguín Baeza
laecita@gmail.com