20 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

¿Dos navidades?

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Opinión.

“Descanse en paz el estimado Ing. Raymundo Prado Escobar, excelente ser humano que deja una ejemplar e indeleble huella. Le mando un abrazo solidario y de esperanza a sus apreciados esposa, hijos, nuera y nietos”.

         En el día a día de toda sociedad, así como de los opinantes como el suscrito, surgen un sinfín de temas que pudieran llamar la atención para reflexionarlos y comentarlos, fijando posturas afables o ásperas al respecto, pero pocas veces pretendemos sustraernos de esa cotidianidad, haciendo un espacio para escudriñar en cuestiones de una mayor valía.

         Hablar de quienes practican la política y de quienes nos gobiernan; de quienes tienen una mayor fortuna económica o de quienes destacan en el mundo del espectáculo; de aquellos sujetos que a través de las redes sociales y con sus manifestaciones superficiales y distorsionantes se vuelven referencia para muchos, etc., son temas a los que dedicamos gran parte de nuestro tiempo y que nos impiden ver aspectos más importantes, que nos pueden proveer de una mejor realidad para todos.

         En esta época decembrina, como cada año, nuestra preocupación y ocupación se enfoca en recibir el aguinaldo y en ver de que manera será distribuido, principalmente en cosas materiales para uno mismo y para los seres queridos, engrosando las multitudes que se desplazan en centros comerciales comprando el cariño que ofrecerán a sus seres cercanos. Detalles materiales por supuesto que no están por demás, pero qué mejor que prevalezca en todo momento del año el afecto genuino hacia el prójimo. Como dice mi padre en son de broma cuando se le hace un regalo: “no era necesario, pero que bueno que se tomaron la molestia”.

         La cena “navideña” se vuelve una de las principales ocupaciones, lo que nos exige preparar con todo esmero los platillos que agraden a los paladares propios y familiares, para tener en la mesa y como centro de esa noche, una vasta vianda que pueda satisfacer por días —con los recalentados— el apetito de quienes más apreciamos. Otra tradición de la ocasión que nos ocupa, lo es la apertura de los regalos, ya sea en ese momento, o al día siguiente por la mañana.

         En esa “navidad” a la que dedicamos sobre todo el interés material, aún y cuando puedan estar presentes ciertos sentimientos de amor al prójimo, nos envuelven tradiciones muy nuestras que no nos permiten percatarnos del sentido fundamental de lo que en verdad debe celebrarse. En la televisión o en el cine se proyectan películas de la navidad que nos provocan agradables sensaciones, con escenas de sanas y nobles convivencias, pero que, en su gran mayoría, soslayan lo esencial de estas fiestas. Nos deseamos una feliz navidad, sin tomar en cuenta el verdadero significado que ello debería tener.

         Efectivamente, al hablar de la auténtica Navidad, de la única, deberíamos tener presente lo siguiente: «Un hijo se nos ha dado. A menudo se oye decir que la mayor alegría de la vida es el nacimiento de un hijo. Es algo extraordinario, que lo cambia todo, que pone en movimiento energías impensables y nos hace superar la fatiga, la incomodidad y las noches de insomnio, porque trae una felicidad grande, ante la cual ya nada parece que pese. La Navidad es así: el nacimiento de Jesús es la novedad que cada año nos permite nacer interiormente de nuevo y encontrar en Él la fuerza para afrontar cada prueba. Sí, porque su nacimiento es para nosotros: para mí, para ti, para todos nosotros. Para es la palabra que se repite en esta noche santa: “Un hijo se nos ha dado para nosotros”, ha profetizado Isaías; “hoy ha nacido para nosotros el Salvador”, hemos repetido en el Salmo; Jesús “se entregó por y para nosotros” (cf. Tt 2,14), ha proclamado san Pablo; y el ángel en el Evangelio ha anunciado: “Ha nacido para vosotros un Salvador” (cf. Lc 2,11). Para mí, para vosotros» (Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa de la Nochebuena, Basílica Vaticana, 24 de diciembre de 2020).

         Si lo que realmente pretendemos es celebrar la Navidad, entonces deberemos tener en esa noche como principal protagonista al Niño Dios que se nos ha dado, y como alimento primordial a su ejemplo, otorgando ahora sí, por doquier, pero ante todo con los que menos tienen, con quienes carecen de lo más indispensable material y/o espiritualmente hablando, regalos de amor y de bondad como lo hizo Jesús.

         Debemos preparar nuestros corazones despojándonos de todo mal sentimiento, perdonando y perdonándonos todo mal actuar, teniendo la esperanza de que el nacimiento de Jesús nos proveerá de esas energías impensables que nos harán superar toda fatiga, incomodidad y noches de insomnio, ante lo cual vendrá una gran felicidad.

         Ofrezcamos a quienes aún tenemos a nuestro lado, con quienes convivimos todos los días, las cosas más profundas que pueden aflorar de nuestros corazones. A quienes ya han partido a la eternidad, dediquémosles la felicidad con la que ellos quisieran vernos, y que estas fechas no sean de tristeza, sino de esperanza y de amor, sabiendo que esos seres queridos están disfrutando de una mejor vida, pendientes de que también nosotros hagamos lo propio.

Mis mejores deseos en esta Navidad para usted, amable lector, y de manera muy especial para la apreciada familia del Ing. Raymundo Prado Escobar, para que vean en su partida la oportunidad de ofrecerle la continuidad de una vida de amor y de felicidad.

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