(Tercera y última parte).
Con el régimen político de la Cuarta Transformación, se da inicio a una era más de la educación del pueblo mexicano, con la NUEVA ESCUELA MEXICANA. Lo que nos hace un tanto optimistas, esperando que efectivamente, los planes y programas de estudios del Sistema Educativo Nacional (SEN), esencialmente del nivel básico y sus respectivos libros de texto gratuitos; por fin hayan sido formulados, diseñados, instrumentados y llevados a la práctica docente, alejados al máximo de los elementos y características “educativo-culturales” “sugeridas” o impuestas por el imperio capitalista neoliberal y neocolonizador.
En tal marco, continuamos con el ideario pedagógico del profesor Luis Antonio Bigott, quien considerando que la realidad educativa contemporánea no hubiese tenido éxito sin la participación decisiva de los partidos políticos tanto de “izquierda” como de la derecha, durante las reformas educativas de los 90 del S. XX, se implementaron los preceptos de la educación NEOLIBERAL que resumió, así:
“1. ENFOQUE POR COMPETENCIA: la sustitución del concepto ‘conocimiento’ por ‘competencias’, que asocia la educación a las exigencias de la eficacia del estudiante para integrarse a la ‘sociedad de la información’;
“2. FLEXIBILIZACIÓN ESCOLAR: se impone el principio de ‘aprender a aprender’, para orientar al estudiante hacia la adquisición de imaginarias ‘megacompetencias’ que lo preparan para la incertidumbre y la inestabilidad laboral propias de la ‘sociedad del conocimiento’. Flexibilización que causó los más graves estragos en las escuelas populares;
“3. CREACIÓN DE UNA ‘TECNOLOGÍA INTELECTUAL’ que desliga los métodos y técnicas de la enseñanza de los contenidos, acabando con las didácticas especiales, para continuar las llamadas ‘cajas de herramientas’;
“4. ABANDONO DE LOS VÍNCULOS AFECTIVOS entre la escuela, los docentes, los niños y sus familias, y
“5. DESVALORIZACIÓN DEL ROL EDUCATIVO DE LA FAMILIA: a menos que sea una familia blanca y católica, como el tipo ideal ‘clase media’ de la ‘sociedad educadora’ que ahora se opone al Estado Docente, impulsado por el gobierno bolivariano”.
Ante ello, expresa Bigott, corresponde hacerse, necesariamente, dos preguntas: ¿QUÉ HACER AHORA, QUE EL FUTURO NEOCOLONIAL NOS ALCANZÓ? ¿CÓMO SALIR DEL LABERINTO?
Como muestra concreta fehaciente de ese futuro neocolonial que nos alcanzó, en una parte de su obra que nos ocupa, afirma que las empresas de publicidad nos dan la imagen que hábilmente ellas han diseñado, dirigidas desde el exterior o por venezolanos neocolonizados. “En nuestro país como en toda Latinoamérica y el Caribe actúan las siguientes compañías de la publicidad:
“McKan Ericcson, que publicita la tarjeta de crédito American Express, el Whisky Chequers, la Coca Cola, los productos Guillette y la Creole Petroleum; la Walter Thompson, anunciantes de Corn Flakes de Kellog’s, de la Ford y de las llantas Firestone; la Procter & Gamble, jabones Camay, ACE, Ariel…;
Abunda: “Venezuela es una vitrina para el consumo, es un ser humano rodeado de cosas –la gran mayoría inútiles- que han conformado un tipo de cultura que el antropólogo Rodolfo Quintero llamó la cultura del ‘hombre Creole’, del ‘hombre Shell’; la cultura del yanquelo, del yanquito, es la cultura de alguien que viene al compás de una inacabable rotación de productos que generan en él cada vez más y más necesidades aparentes.
Ante esa llegada y avance de la neocolonización contra los pueblos del mundo, Bigott refrenda la loable misión del maestro, cuya función se fundamenta “en la necesidad de transmisión de la cultura a las generaciones que nos han de seguir y es esto justamente lo que explica y justifica la función de la tarea educativa.
“Tarea que se realiza en la escuela y es en ella, como bien lo dice Uslar Pietri donde se debe enseñar ‘…a vivir la democracia, cultivar las condiciones individuales que hacen posible la existencia efectiva de una sociedad democrática.
Se pregunta: “¿Cómo hacer posible este proceso de aprehensión de una sociedad democrática, cómo hacer que el alumno capte y adopte este estado, esta forma de ser democrática? La respuesta es clara y terminante: ‘…no es la escuela ni son los libros de ninguna clase los que pueden realizar este sobrehumano empeño’.
“Han de ser los maestros, los educadores. Unos docentes predicadores de democracia. Inspiradores de democracia. Simples y convincentes cultivadores de vida y de experiencia democrática. Si ellos existen, cualquiera que sea el número y condición, habrá que mirarlos como los padres de la democracia.
Confirma este reconocido pedagogo y educador latinoamericanista en que “siempre ha habido educadores progresistas que históricamente han sufrido la más despiadada persecución… Pero también es la historia de la búsqueda de una SAL REVITALIZADORA, capaz de restituir al hombre el uso de su imaginación y de su cultura.
“Se hace necesario entonces elaborar una plataforma de trabajo para los educadores: que comprende desde un proceso de reeducación, de reestudio y de revalorización de nuestro pasado y presente hasta la búsqueda de nuevas formas gremiales.
Persevera: “El educador neocolonizado debe de ser desneocolonizado por la vía del trabajo político en los movimientos de liberación. A sabiendas de que sólo participa en un movimiento de descolonización quien esté consciente de que su país está sometido a este tipo de dominación.
“…aunque los docentes estén sometidos a una rigurosa supervisión a un régimen que niega su creatividad, que los subsume una y otra vez en un estado de despersonalización: se les elabora los programas, se les construyen los textos y posteriormente se les impone, se les fiscaliza sus clases, se les controla su acción política, se les amenaza, se les cambia, se les destituye”.
Nuestro respetable e ilustre personaje en mención, en una de sus principales conclusiones sobre su obra brevemente abordada, sustenta que con la nueva metodología de la PEDAGOGÍA DE LA DESCOLONIZACIÓN surge un educador-investigador-agitador partícipe consciente y activo del cambio de su realidad económica, política y social.
“Un pueblo sólo se pertenece así mismo cuando posee su propio idioma y se expresa en él”. G. W. F. Hegel, “Escritos pedagógicos”, FCE/2000.
