jueves, junio 20, 2024

Benito Abraham Orozco, Opinión

El INE sí se toca, pero…

(Segunda parte) 

Una vez concluidas las elecciones presidenciales de 2018, el candidato ganador, Andrés Manuel López Obrador, así como algunos otros actores políticos, anunciaron su interés por implementar diversas medidas de austeridad en las instituciones públicas, entre las que se contemplaban el recorte de personal de confianza hasta en un 70 por ciento y el eliminar una serie de prestaciones con las que se contaba. 

Preocupados por lo anterior, en el mes de agosto de ese mismo año, un grupo de trabajadores del Instituto Nacional Electoral (INE) emitieron un posicionamiento dirigido a los consejeros electorales del Consejo General y a los integrantes de la Junta General Ejecutiva (máximos órganos directivo y ejecutivo del INE, respectivamente), en el que demandaban “…urgentemente, por así ser necesario, que a la brevedad se nos otorguen las condiciones necesarias para que podamos organizarnos y anticiparnos ante la posibilidad de vernos afectados en nuestros derechos laborales (no se está pretendiendo formar un sindicato…”, manifestando también que “es de una alta prioridad que tomemos acciones para recuperar lo antes posible la confianza de la sociedad y que vayamos previendo, con la debida prudencia y responsabilidad, las demás acciones que en su caso sean pertinentes”. 

No obstante, a pesar de la insistencia de entablar pláticas tendientes a hacer una defensa conjunta entre trabajadores y autoridades del INE, aberrantemente de parte de los directivos se emprendió una persecución del mencionado grupo de empleados (quienes a la postre formaron la Coordinadora Nacional de Trabajadoras y Trabajadores del Instituto Nacional Electoral —CNTTINE—), al grado de haberse tomado la decisión vengativa, absurda, irrisoria, difamatoria y sobre todo excesiva, de destituir al suscrito que encabezada al grupo y Coordinadora citados, por llevar a cabo actividades propias de la defensa de los derechos de quienes laboran en el INE. 

En aquel entonces, anticipándonos a la reforma electoral que ahora se pretende aprobar y que implica el preocupante recorte en la estructura del INE, los citados trabajadores, con el propósito de “… que la sociedad tenga presente de manera objetiva e informada el papel que el INE –y su antecesor el IFE- ha tenido en la construcción de la democracia en el país, a efecto de recuperar su confianza”, propusimos a las autoridades superiores del órgano electoral las siguientes acciones y la manera de implementarlas: 1.- video y/o audio cápsulas; 2.- campaña nacional en radio, televisión y redes sociales con esas cápsulas; 3.- eventos de esparcimiento e información; 4.- pláticas focalizadas; 5.- reuniones y/o comunicados con representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo federales; 6.- organizar eventos relacionándolos con la democracia y con la participación ciudadana, y; 7.- ofrecer las instalaciones del INE para uso de la población. 

Por ningún motivo, Lorenzo Córdova y su camarilla estuvieron dispuestos a realizar esas u otras actividades conjuntamente con los trabajadores (cómo se iban a rebajar a ello), sin embargo, desde hace unos días, ahora sí están involucrando a la plantilla de personal para que difunda por los medios que tengan a su alcance, una campaña de defensa y posicionamiento por demás similar a la que les propusimos en aquel entonces, con la diferencia de que la actual evidentemente es a destiempo pues, salvo que otra cosa suceda, muy probablemente en unas semanas se pudiera concretar la reforma que, entre otras cuestiones, mutile a la estructura desconcentrada del INE. 

En mi colaboración anterior —primera parte del tema que nos ocupa—, hice ver que el INE sí se ha tocado y que sí debe tocarse, sobre todo en lo que se refiere a “sacudirse” a la camarilla que desde hace varios lustros se ha adueñado de la institución, y que ha hecho de su autonomía una patente de corso. De igual forma sostuve que LOS TRABAJADORES DEL INE NO SE TOCAN, y esto es en relación, sí por los graves perjuicios que a ellos les ocasionaría, pero también por la afectación a los mexicanos por el retroceso que implicaría en cuanto a la organización de elecciones confiables. 

Indudablemente, cuando a algún trabajador que se ha desempeñado adecuadamente se le despide, esto viene a representar un acto de ingratitud y de injusticia, y en el caso de quienes laboran en el INE, por ningún motivo es distinto. Cabe aclarar, que quienes ejercen un empleo a lo largo y ancho del país, en su gran mayoría se encuentran en una situación sumamente distinta a quienes dirigen a la institución, quienes cuentan con sueldos y prestaciones excesivas. 

Las personas que trabajan en las 32 juntas locales ejecutivas (delegaciones estatales) y en las 300 juntas distritales ejecutivas —máxime en estas últimas—, han sido los principales encargados de operar los procesos electorales, teniendo un contacto directo con la sociedad en diferentes rubros, ofreciéndoles una experiencia, capacidad y profesionalización probada. Han sido los encargados de que, de manera confiable, los ciudadanos designados por sorteo y previa capacitación, sean quienes reciban los votos y quienes los cuenten, en presencia de los representantes de los partidos políticos. También han sido los que vigilan y/o proveen lo necesario para que las casillas sean instaladas en los lugares permitidos por la ley, y que las actividades que realizan los partidos políticos y sus candidatos, sean apegadas a la normatividad respectiva. 

Entre otras de las principales funciones que se efectúan a nivel distrital, se encuentra la tramitación de la credencial de elector, que es uno de los instrumentos más importantes y seguros para que una persona pueda emitir su voto, evitando suplantaciones. El mencionado documento también viene a ser, desde hace décadas, la identificación oficial válida y más confiable que exigen las instituciones públicas y privadas. 

Ahora bien, si se llegará a concretar la reforma electoral (en el caso que nos ocupa en lo que se refiere a la eliminación de la estructura distrital del INE), resultaría en un grave perjuicio y retroceso para la democracia electoral mexicana, toda vez que se prescindiría de trabajadores con una preparación y experiencia probadas, dando paso a empleados temporales e improvisados que muy difícilmente pudieran garantizar la observancia de los principios que deben regir al INE: legalidad, certeza, imparcialidad, objetividad, independencia y máxima publicidad. 

Sería un grave error fallarle a miles de trabajadoras y trabajadores (y a sus familias) que, después de haberse puesto la camiseta por los mexicanos en un sinnúmero de exhaustivos y estresantes procesos electorales, y en los que en no pocos de ellos han dejado parte de su salud y de su bienestar personal y familiar, ahora se les consideren para engrosar las filas del desempleo, y de dónde muchos de ellos, por su edad, muy probablemente no vayan a poder salir. 

Esperemos que las acciones evidentemente político-partidistas que vienen efectuando Lorenzo Córdova, Ciro Murayama y sus secuaces, no afecten alguna posibilidad que pudiera existir para que los trabajadores del INE puedan conservar sus merecidos empleos. Estos dos señores en unos meses se retirarán de la institución, y definitivamente no les importa dejar “la víbora chillando” en perjuicio del órgano electoral y de quienes en el mismo laboran. 

Mi total solidaridad con las y los apreciados y respetables compañeros trabajadores del INE.