18 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

El mes de la patria, ¿de cuál patria?

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Mario Alfredo González Rojas.

Definitivamente, los “dichos” van quedando en el olvido, y al fin de cuentas ya no se sabe por qué se dijeron un día. Eso pasa con las frases y conmemoraciones históricas, que en un tiempo tuvieron aceptación, en medio del sentimentalismo patrio, pero que en el presente ya no despiertan la atención y el recuerdo grato, profundo, de un significado valioso para los mexicanos.

Hago esta “perorata”, por lo que ya viene del “mes de la patria”, que por muchos años ha ondeado con sus banderas y añoranzas de lo que fue la gesta de la Independencia. En septiembre se inició la guerra y en septiembre, 11 años después se consumó, según se dijo, aunque con muchos “asegunes”, porque no se es libre completamente por decreto.

El caso es que casi nadie valora, por decirlo así, la trascendencia de una lucha encabezada por los criollos en favor de la independencia de un pueblo, y que finalmente llegó a su fin gracias al deseo y la decisión de los españoles, quienes en efecto vieron que ya no había otra salida. Por eso se llegó a la gran negociación de declarar la independencia, reconociendo a la Nueva España como una nación soberana y nombrada Imperio Mexicano; esto de acuerdo a los Tratados de Córdoba, del 24 de agosto de 1821, y que firmaron Agustín de Iturbide y Juan Odonojú.

Para nada tomaron en cuenta a Vicente Gurrero, el gran jefe del ejército insurgente, que convino el fin de la guerra, uniendo sus fuerzas a las comandadas por Iturbide, formando el Ejército Trigarante. Pero se había dado un gran paso adelante.

La lucha por el fin de la opresión, de la esclavitud, por la igualdad de oportunidades para todos, no la comprendemos cabalmente. Como se dice: lo hecho, hecho está. Los niños de hoy no se apasionan por los desfiles como los de antaño, y las ceremonias del “Grito”, son nada más para ir a escuchar a los cantantes de moda, canten como canten. Pero eso de recordar el llamado que hizo Hidalgo en Dolores, no se toma en cuenta por la mayoría, no obstante los fuegos artificiales y los petardos que retumban e iluminan, y los recordatorios de “Viva Miguel Hidalgo”, a los que se les agregan ahora mil sandeces, que al cabo quien los pronuncia es el jefe del municipio, el estado o el país. Y en esas, ya nada más falta que griten “viva mi mamá”,

Recuerdo que hace años le envié una carta al entonces gobernador César Duarte, para pedirle que respetara nuestra Constitución en lo que se refiere al laicismo del Estado mexicano. Sucedía que Duarte culminaba sus “vivas”, con eso sangrón y cursi de “el cielo bendiga a Chihuahua”. El señor muy fiel a su línea de santiguamiento, para aparentar un casto comportamiento en cuanto al manejo de los dineros públicos. Usted ya sabe, que el mejor consejo que se dan a sí mismos, los hipócritas, para deslumbrar a los demás, es vestirse de difusores de la fe y las buenas costumbres. Como prueba de ello, DUARTE HASTA CONSAGRÓ A CHIHUAHUA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, en el gimnasio Quevedo de esta capital.

Por lo pronto, ya los vendedores de motivos patrios andan con sus carritos por todos lados, y luego veremos a los conductores de noticias por la televisión, con sus banderitas en el escritorio. Y si fuéramos Estados Unidos, hasta en las corbatas y los shorts, traeríamos nuestra bandera.

Ajúa. ¡Viva México!

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