domingo, junio 23, 2024

Eduardo Fernández, Opinión

El sexenio más violento

Perfil humano.

En este sexenio del gobierno de López Obrador ya se han cometido más de 135 mil homicidios, lo que lo convierte en el más violento superando a su antecesor Peña Nieto. 

También dejó atrás al sexenio de Felipe Calderón, el cual criticaba AMLO por su enfrentamiento abierto en contra de los cárteles de la droga y la militarización de la seguridad pública. 

Por ello en sus tres campañas presidenciales el tabasqueño prometió que si llegaba al poder iba a mandar a los soldados a sus cuarteles. 

Sin embargo ya en la presidencia ha aumentado no solo la militarización de la seguridad pública sino también la de otras actividades gubernamentales que antes realizaban otras dependencias federales. 

En el inicio de este sexenio se creó la Guardia Nacional, la cual se suponía que iba a reemplazar al ejército en sus labores de seguridad pública. 

En cambio el presidente intentó después que esta nueva corporación policíaca dependiera de la Sedena, lo cual fue rechazado en el congreso por la oposición. 

Al no contar con la mayoría calificada de los legisladores para cambiar la constitución política pretendió hacerlo por decreto, pero fue rechazada esta acción por la Suprema Corte por considerarla anticonstitucional. 

La Guardia Nacional por consiguiente sigue a cargo de la secretaría de seguridad, aunque en la práctica tal vez sean los militares los que toman las decisiones pues buena parte de sus mandos son del ejército, aunque están jubilados. 

El caso es que la Guardia Nacional junto con las fuerzas armadas no han podido garantizar la seguridad y las bandas criminales siguen actuando impunemente a lo ancho y largo del territorio nacional. 

Los delitos de todo tipo aumentan pues el crimen organizado al parecer supera a las autoridades tanto federales, estatales como municipales. 

La falta de coordinación efectiva entre los cuerpos policíacos y las fuerzas armadas en el combate a la delincuencia ha propiciado que la inseguridad sea la que prevalezca en todo el país. 

Ello se debe también a que se ha permitido el dominio de los cárteles y su expansión por lo que ha sido un fracaso la política presidencial de “abrazos, no balazos”. 

Poco ha servido que el consejo de seguridad nacional se reúna diariamente presidido por el presidente ya que los crímenes continúan aumentando incluso en entidades anteriormente tranquilas y seguras. 

Por ello fue más que desafortunada la declaración de apoyo de López Obrador a la propuesta de una activista de la búsqueda de personas desparecidas de que se pactara con los criminales para poder lograr la paz. 

Aunque se retractó poco después, el presidente hasta la fecha en su quinto año de gobierno no ha presentado un plan nacional proactivo para combatir la violencia criminal. 

La política federal de intentar minimizar la creciente criminalidad contrasta con los numerosos casos diarios de delitos que son cubiertos y transmitidos por los medios. 

El problema se complica pues los grupos delictuosos corrompen a miembros de las corporaciones policiacas y de las fuerzas armadas. 

La presión ejercida por el gobierno de Estados Unidos tampoco ha tenido resultados, ni siquiera en el escandaloso asunto del fentanilo. 

La postura de AMLO de responsabilizar a los regímenes anteriores por la violencia criminal cada vez es menos convincente pues ya es tiempo de que tuviera mayores logros. 

La seguridad pública debe ser prioritaria pues su carencia no solo afecta la integridad de los mexicanos sino también su economía por lo que debería ser objeto de una mayor acción efectiva por parte del actual gobierno federal.