miércoles, junio 19, 2024

Eduardo Fernández, Opinión

El voto por la continuidad

Perfil humano.

El pasado domingo se celebraron las elecciones para elegir más de 20 mil cargos públicos en todo el país.

De acuerdo al PREP votaron cerca de un 60 por ciento de los electores de las listas nominales de 170 mil casillas instaladas.

La principal contienda fue la de la presidencia de la república con la participación de dos candidatas y un candidato.

La vencedora de acuerdo al PREP fue Claudia Sheinbaum por el partido Morena y anexos con poco más de 29 millones de votos (58.88%) seguida por Xóchitl Gálvez (PAN, PRI y PRD) con casi 14 millones de votos (28.11%) y Jorge Álvarez Máynez con poco más de 5 millones de votos (10.52%) de Movimiento Ciudadano (MC).

No hubo alternativa ni sorpresas pues a la candidata oficial las encuestas la consideraban como la triunfadora.

La mayoría de los mexicanos optó por el continuismo del actual presidente López Obrador, o sea la trillada cuarta transformación.

No deja de ser por ello un referéndum a favor del actual gobierno con sus méritos y evidentes fallas.

La tercera opción, el MC, logró el diez por ciento de votos lo que le permite conservar su registro y ser un partido bisagra si es que el conteo oficial final del INE no le da a Morena y socios la mayoría calificada en el congreso federal.

Morena fue el partido triunfador pues además de la presidencia de la república y la jefatura de gobierno de la Ciudad de México obtuvo cinco de las ocho entidades federativas en disputa: Yucatán, Veracruz, Morelos, Puebla y Tabasco, aunque perdió Guanajuato y Jalisco.

La clave del triunfo del partido en el poder son los programas económicos gestionados por la actual administración federal.

Una buena parte de la población mexicana los recibe por lo que apoyaron electoralmente la continuidad ante el riesgo de supuestamente perderlos como lo pregonaron los morenistas y aliados.

También un factor que debe tomarse en cuenta fue la presión violenta de grupos criminales que asesinaron a una treintena de candidatos y que se han posesionado de municipios y regiones del país.

Al parecer no fue relevante la creciente inseguridad pública, así como los deficientes sistemas de salud y educación.

Ni tampoco la enorme deuda pública que le heredará el actual presidente a la nación, la que aumentaría en este sexenio unos 8 billones de pesos que se sumarían a los 10.5 billones de pesos acumulados por todos los anteriores gobiernos.

En términos generales es el mismo cuestionable estilo de gobernar que ha prevalecido desde que gobernaba el partido hegemónico, el cual estuvo en el poder 70 años continuos.

La única novedad es la de género pues por primera vez en dos siglos de presidencialismo una mujer será la titular del poder ejecutivo federal.

El poder judicial federal lo preside otra mujer por lo que sería deseable que las damas dirigentes de estos dos poderes establezcan una mejor y más respetuosa relación que la conflictiva sostenida por el actual presidente.

En un país de tradición machista la futura presidenta de la república tendrá que demostrar serenidad, fortaleza y calidad para mantener a raya a los políticos varones, incluido el actual mandatario.

Es tiempo de que arribe el otoño del patriarcado y evolucione nuestra incipiente democracia a un sistema mejor que el presidencialismo, tal vez a uno parlamentario o mixto.

No queda más que desear que la mayoría de los ciudadanos haya acertado y que el próximo gobierno sea menos malo que el actual, lo que desde luego es el principal propósito de renovar los poderes de forma libre y democrática.