27 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Empresarios y expresidentes encabezan golpe blando contra AMLO

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Golpe Blando.

Encabezada por empresarios y expresidentes de la República, avanza la estrategia para debilitar al gobierno de López Obrador a través de la desestabilización económica, política y social. En ésta participan también partidos políticos de oposición, organismos autónomos, medios de comunicación, columnistas, intelectuales, organizaciones financiadas por la USAID y la NED y servidores públicos enquistados en áreas estratégicas. El politólogo estadunidense Gene Sharp lo llama golpe de Estado blando porque ha derrocado gobiernos en América Latina, y en México ya se aplican sus primeras fases, consideran investigadores consultados

Primera parte. Poderosos empresarios –como Claudio X González Guajardo, Alejandro Ramírez Magaña, Gustavo de Hoyos, José Antonio Fernández Carbajal, Alejandro Martí, Antonio del Valle Ruiz, Valentín Diez Morodo– junto a los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa encabezan una estrategia para debilitar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, a través de la desestabilización política, económica y social. Las fases que aplican se asemejan a las que el politólogo estadunidense Gene Sharp ha descrito como golpe de Estado blando, que en América Latina ha producido derrocamientos de gobiernos progresistas democráticamente constituidos.

A esta ofensiva se han sumado partidos políticos de oposición cada vez más disminuidos –Revolucionario Institucional, Acción Nacional y de la Revolución Democrática–, así como organismos autónomos –en especial el Instituto Nacional Electoral y la Comisión Federal de Competencia Económica–, medios de comunicación (incluida la prensa internacional) columnistas, intelectuales, asociaciones financiadas por la USAID y la NED –destacadamente Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad–, organizaciones de la sociedad civil, élites de universidades, sindicatos y servidores públicos del actual gobierno federal enquistados en áreas estratégicas.

El golpe de Estado blando está en marcha, afirma la economista Magdalena Galindo Ledesma, académica de la UNAM e integrante del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social de la máxima casa de estudios. “En realidad, prácticamente desde el inicio del gobierno de López Obrador arrancó también la estrategia del golpe blando en México. Habría que decir que, sobre todo en un principio, fue la burguesía, fundamentalmente, quien se colocó a la vanguardia de esa estrategia”.

Incluso podría haber empezado antes de que López Obrador tomara posesión del gobierno, con la llamada “operación Berlín”, impulsada por el intelectual salinista Enrique Krauze. El académico y exdirector de la Escuela de Inteligencia para la Seguridad Nacional, Jorge Retana Yarto, señala que ésta tenía como objetivo no dejarlo llegar a la Presidencia. “Podemos esperar que en la segunda etapa se desarrolle una estrategia para no dejarlo profundizar en las medidas de cambio; entonces el gobierno tiene que estar preparado para generar un escenario de contragolpe”.

En estos tiempos electorales han cobrado protagonismo los partidos políticos de oposición –PRI, PAN y PRD–, expone la investigadora Galindo Ledesma, mismos que en los primeros dos años del gobierno obradorista “estuvieron muy a la retaguardia de esta estrategia” por el “golpe tan fuerte”, “devastador”, que les significó la elección de 2018. “Justo por los procesos electorales han recobrado protagonismo. En general, la táctica en este momento es apoderarse del Congreso, de modo que pudieran avanzar en obstaculizar todas las determinaciones del Ejecutivo”.

El objetivo: debilitar al máximo a un gobierno federal que tiene programas eminentemente sociales. Según Sharp, este tipo de golpe de Estado emplea técnicas no frontales ni violentas para desestabilizar y presenta cinco fases que se pueden resumir de la siguiente forma: comienza por ablandar a la sociedad a través del malestar y la desesperanza; deslegitimar las acciones gubernamentales por medio de la difusión de mensajes adversos, ofensas y noticias falsas; luego se promueven constantes movilizaciones de protesta; se emplean rumores para generar escenarios de falsa carestía y, con ello, señalar la incompetencia del gobierno e iniciar juicios injustos contra los gobernantes; finalmente viene la fractura institucional, donde los procesos judiciales avanzan, los medios de comunicación los apoyan y los gobiernos finalmente caen.

La economista Galindo Ledesma es una de las y los académicos que opinan que en México se desarrolla una estrategia que tendría como fin último el derrocamiento del gobierno. Otra es la doctora Patricia Pozos, profesora de la Facultad de Economía de la UNAM, quien considera que “sí se está gestando un golpe blando en contra del presidente López Obrador. Hemos visto que algunas de estas etapas que marca Sharp se han venido desarrollando en el país”.

Agrega que quienes “están orquestando este golpe blando son principalmente los empresarios. Detrás de los partidos políticos como el PAN y PRI están los empresarios, dado que han sido afectados en términos de negocios que tenían cuando en el poder estaban el PRI y el PAN. Básicamente el PRIAN. Ahora están en coalición con el PRD, pero la Presidencia la tuvieron el PRI y el PAN. Creo que son los más afectados y por ello están orquestando toda esta estrategia de desprestigio contra Morena, ahora en las elecciones, tratando de desestabilizar al gobierno de Andrés Manuel”.

La investigadora enuncia que entre los empresarios se puede identificar “a los que están organizados en la Coparmex, en el Consejo Coordinador Empresarial, con Claudio X González Guajardo, así como Bimbo, Coca-Cola, algunos banqueros que estén atrás de esta estrategia”.

Otro académico que coincide es el doctor en ciencias políticas y sociales Mario Alberto Zaragoza Ramírez. Para él, “es importantísimo decir que en México se están dando todas y cada una de las fases que reconocemos en los golpes blandos o golpes suaves. A qué nos referimos, pues a un grupo de empresarios y un grupo de políticos opositores al gobierno actual, pero quizás la clave que nos permita entender esto de forma muy clara es que se trata de un grupo que conforma una élite y que comienza a moverse poco a poco”.

El académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM señala que una de las características del golpe blando es que se va distribuyendo a partir de sus propias redes y va acomodando, principalmente, temas en la agenda pública; y se diferencia de lo que la academia entiende como golpe de Estado duro porque este último se acompaña de la fuerza militar en todas sus fases y el blando no.

Agrega que, aunque en América Latina éstos sí se han ensayado con éxito, en México no se tenía experiencia al respecto. Actualmente “lo estamos viendo con cierta vitalidad porque antes había una composición del sistema político distinta”, donde medios de comunicación, empresarios y políticos opositores estaban muy cómodos. Y ahora “estamos viviendo un cambio de condiciones históricas”.

Añade que aunque en México no hay procesos estructurales de ruptura radical, eso no quiere decir que el gobierno no esté haciendo cambios: “está cambiando muchas de las condiciones anteriores y esta estrategia que vemos hoy en el espacio público es producto de un grupo de empresarios, de políticos, de asociaciones civiles, que ven en desventaja sus posiciones actuales y que entonces están haciendo todo lo posible por recuperar el poder”.

Cambios de condiciones

El 1 de diciembre de 2018 arrancó el gobierno de López Obrador, electo 5 meses antes por más de 30 millones de ciudadanos. En sus primeros 2 años y medio, en el ámbito político ha promovido reformas a la ley eléctrica y ley de hidrocarburos, educativa, del trabajo –para eliminar el outsourcing–; asimismo impulsa una reforma de gran calado al Poder Judicial.

En el ámbito económico ha establecido un programa de austeridad que recortó, entre otros gastos suntuosos, los sueldos millonarios de los servidores públicos –excepto de los órganos autónomos y universidades públicas que se ampararon para no bajarse los salarios–; ha quitado los negocios a las farmacéuticas e intermediarias de medicamentos; ha obligado a los grandes contribuyentes a pagar impuestos o irse a juicios penales por evadir al fisco; ha forzado a las donatarias –asociaciones civiles sin fines de lucro– a declarar sus ingresos y egresos ante el SAT, además de cortarles el subsidio que obtenían del erario federal.

Asimismo, ha recortado el 80 por ciento del gasto en publicidad oficial que favorecía principalmente a los dueños de los grandes medios de comunicación (el presupuesto pasó de 10 mil millones de pesos anuales a 2 mil millones), y se eliminó la contratación directa a favor de columnistas; ha cancelado o reestructurado contratos leoninos en Petróleos Mexicanos, la Comisión Federal de Electricidad y el sistema penitenciario federal; ha combatido el robo de combustibles; ha cancelado el fracking, la siembra de transgénicos y promueve la prohibición del glifosato. También canceló la construcción del Aeropuerto en Texcoco y el uso del avión presidencial.

En el ámbito social impulsa ayudas a las clases más desprotegidas, como la pensión universal a adultos mayores y niños con discapacidad, becas a estudiantes –tanto de educación básica, como media y universitaria–, apoyo directo para el cuidado de niños menores de 5 años que antes asistían a guarderías; Programa Sembrando Vida y programa de fertilizantes para campesinos; aumento del 50 por ciento al salario mínimo, entre otros avances.

Para el doctorante en derecho Benito Ramírez Martínez, académico de la Universidad de Guadalajara, es claro que en México sí se está aplicando el modelo propuesto por el politólogo Gene Sharp. “Seguimos en la etapa inicial de la fase número tres. Es decir, movimiento de desestabilización política con marchas, protestas ciudadanas enarbolando aparentemente banderas justas, pero que no logran motivar al grueso de la población”.

Como ejemplo cita el plantón del Frente Nacional Anti-AMLO en el Zócalo de la Ciudad de México. “Fue un rotundo fracaso: no tuvo respaldo popular ni lo tendrá, porque el malestar no es de la población de escasos recursos (la que forma el grueso de nuestra demografía). Al final, viendo este fracaso cambiaron la estrategia, buscaron otras formas de lucha política como promover la integración de la coalición política integrada por el PAN, PRI y PRD, a la que le llamaron Sí por México, en la que participa activamente Claudio X González Guajardo”.

Y aunque la estrategia se modificó, el investigador destaca que la presión mediática nunca ha cesado: “los corporativos importantes de comunicación, periódicos y algunos comunicadores siguen generando esta percepción de ineficacia del gobierno y del presidente de la República, con el propósito de generar en la población un estado de malestar que todavía no logra causar un efecto real, porque la mayor parte de las expresiones que pueden observarse se dan en redes sociales, particularmente en Twitter, en Facebook también hay unas páginas de algunos actores que utilizan nombres falsos para difundir muchas noticias de índole errónea, las llamadas noticias falsas, que también son parte de esta etapa del golpe de Estado blando”.

Por su parte, el doctor en derecho Mario Santiago Juárez dice que lo que ocurre en México “sí se parece mucho a lo que ha pasado en países latinoamericanos como en Brasil, con el proceso en contra de Dilma Rousseff; con lo que pasó con Evo Morales, en Bolivia; lo que ha pasado en Ecuador y en algunos países centroamericanos. Efectivamente, cuando los países soberanamente comienzan a tomar acciones en contra de los grandes empresarios, de las grandes corporaciones a nivel internacional, éstas se defienden y ejercen una presión en contra del Estado, evidentemente porque se están tocando sus intereses”.

El profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Tlaxcala refiere que las empresas “están muy cómodas trabajando con gobiernos de derecha que han tendido a favorecer al capital, a los grandes empresarios, incluso con cuestiones inverosímiles como, por ejemplo, la privatización de las prisiones, de los servicios de salud; ahora se intenta revertir los negocios de las farmacéuticas que más que negocio era un franco saqueo a través de mecanismos corruptos, de contratos leoninos en contra del Estado, que además acabamos pagando todos”.

Otro que coincide en que en México se desarrolla un golpe blando es el doctor en filosofía política José Gandarilla Salgado, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM: algunas facetas de lo que se ha visto en otros países y se ligan con esa doctrina están aconteciendo en México, quizás no en el orden preciso en que están formuladas ni con el último aspecto [el derrocamiento del gobierno] necesariamente que vaya a ocurrir de ese modo.

El investigador observa que esta estrategia se hizo evidente luego de la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, en donde los grupos del capital que se vieron afectados –no los constructores, sino los que especularon con los terrenos aledaños– “optaron por una oposición al gobierno clara. Y como daban por perdido el ámbito Legislativo y el del Ejecutivo –porque éste optó por promover una encuesta sobre ese megaproyecto que se ganó por una gran mayoría– optaron por promover aspectos judiciales, amparos, y señalaron que el ámbito de oposición efectiva al gobierno entrante y a la política de cambio de régimen se iba a instrumentar, preferentemente, desde el ámbito judicial. En el caso de los sectores afectados, a través de la estrategia del amparo, florecieron amparos para casi cualquier cosa”.

Un término polémico

Hablar de golpe de Estado blando en México es de por sí polémico. Al respecto, la doctora en lingüística y académica de El Colegio de México, Violeta Vázquez-Rojas, expone que es problemático por la propia naturaleza de lo que se define como golpe blando: “es muy difícil diferenciarlo de la vida democrática normal, con pluralidad de opiniones, con críticas al poder político, pero eso es parte de su chiste”.

También observa que entre las posturas críticas hay una que está muy alerta de este tipo de estrategias y las nombra así, golpe blando, y por lo general se identifica como las redes obradoristas; y hay otra, no necesariamente antiobradorista, que piensa que usar el término es una manera de acallar las críticas al gobierno, lo que resulta nocivo.

No obstante, advierte que si se analizan “las cinco etapas de las que habla Gene Sharp, de cómo se conforman los golpes blandos, pues sí hay muchos elementos que podemos reconocer en la situación actual en México”. Por ello, la doctora Vázquez-Rojas señala que “no importa cómo lo llames, lo que define el golpe blando es algo que sí está pasando y en lo que sí hay actores con intereses económicos muy fuertes que están jugando”.

También indica que se debe hablar de esto para que no pase que grupos opositores de izquierda y periodistas de buena fe jueguen el juego de la crítica y la deslegitimación que impulsan los promotores del golpe blando.

Por su parte, el investigador Retana Yarto considera que hasta ahora el gobierno de López Obrador no se ha debilitado. “El gobierno todavía es muy sólido, es muy fuerte”. Asimismo, indica que entre los elementos que hay que observar están: la fuga de capitales, la ofensiva mediática, el papel que juega el Instituto Nacional Electoral, totalmente fuera de su contexto constitucional.

El especialista en inteligencia para la seguridad nacional advierte que en este momento las fuerzas están concentradas en obtener la mayoría de escaños de la próxima legislatura, “porque en las experiencias de los golpes en América Latina –Honduras en 2009, Paraguay en 2002, Brasil en 2016–, uno de los elementos fundamentales es un Congreso mayoritariamente opuesto al gobierno progresista. Ése es un factor fundamental, porque de esa mayoría que empieza a maniobrar, a legislar en contra, que detiene las iniciativas presidenciales, de ahí se pasa al Poder Judicial. Ésa es la experiencia de los golpes exitosos: de la mayoría hostil legislativa se pasa al Poder Judicial, y viene como respaldo la campaña muy fuerte de los medios y hay movilizaciones derechistas dentro de la sociedad”.

Para el doctor Carlos Antonio Aguirre Rojas, el intento de llevar a cabo un golpe blando ya fracasó. El investigador de la UNAM y adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona dice que si bien al inicio del sexenio obradorista “sí hubo una coordinación explícita de un grupo de empresarios y sobre todo quizá con el Partido Acción Nacional, que a la vez se asocian con algunos académicos y con gente de los medios de comunicación, que sí trataron de seguir el programita de esto que se llama un golpe blando”, ya fracasaron.

Ello, considera, porque el grupo opositor que coyunturalmente se había estructurado, a medida que la estrategia fracasó, simplemente se desorganizó y se desmontó. “Y luego las condiciones de la pandemia han agudizado la crisis política que hay en México: ahora todos los partidos políticos y todos los empresarios están un poco en una postura de ‘sálvese quien pueda’”. En el caso de los empresarios, observa que sólo “están tratando de presionar lo más posible al gobierno y con bastante éxito, por cierto, para que acelere el retorno a la supuesta normalidad”.

Hay otros investigadores de izquierda y simpatizantes del zapatismo como el doctor en antropología Gilberto López y Rivas que opinan que no es que exista una estrategia de golpe de Estado blando, sino que todos los elementos forman parte de una lucha de élites.

“No creo que sea pertinente hablar de un golpe de Estado blando en cuanto a México se refiere, porque las condiciones de estos más de dos años de gobierno de la pretendida cuarta transformación se han caracterizado por otorgar al actor militar, o sea, al Ejército, la Marina, la Guardia Nacional, y todo lo que este actor militar representa en el país, una serie de concesiones y de ventajas que nunca hubieran soñado en los anteriores gobiernos. Es decir, por decreto y durante la pandemia, a las Fuerzas Armadas se les encargó la seguridad pública hasta el año 2024.”

Por ello el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia dice que “sí podemos hablar de contradicciones al interior de la clase política mexicana, incluidos los partidos políticos Morena, PRD, Acción Nacional, Revolucionario Institucional, es decir toda la clase política que entra en lo que podría ser la guerra de posiciones con respecto a varios proyectos en donde unos perdieron y otros ganaron. Y, en ese sentido, evidentemente sí hay una grave polarización en el ámbito de lo político y de lo mediático que podría ser considerado dentro de lo que este autor [Gene Sharp] refiere como golpe blando. Y en ese sentido para mí no es más que las contradicciones del grupo gobernante que ahora está desplazado –llámese PRI, llámese PAN o PRD– y el actual grupo gobernante –Morena y el entorno de la Presidencia de la República”.

En esos golpeteos, considera, incluyen “a la intelectualidad, a la derecha más recalcitrante y a la derecha ilustrada, tipo Krauze y tipo todo lo que podría ser considerada ilustrada y semi-ilustrada, porque hay también la derecha semi analfabeta en el campo de los llamados intelectuales. Pero digamos que ahí es donde entra todo este ámbito de las contradicciones y al interior de estos grupos que no han perdido: todos han ganado”.

Derribar gobiernos progresistas

La doctora en ciencia política por la Universidad Nacional de Córdova (Argentina) Silvina Romero, especialista en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, señala que “la oposición de derecha siempre tira a los gobiernos de corte progresista o de izquierda Latinoamericana: nunca es una oposición normal o lo que se espera de una oposición dentro de las definiciones convencionales de democracia. ¿Por qué? Porque se trata de democracias que no son convencionales, es decir, los procesos progresistas, lo que plantean con luces, sombras, alcances y limitaciones, y con todo lo que podamos discutir, son democracias diferentes a las democracias solamente procedimentales”.

Advierte que esto ocurre con cualquier derecha, incluso con las que se presentan al proceso democrático. Estas derechas son beligerantes cuando los gobiernos progresistas plantean democracias más sustantivas, es decir la inclusión económica, política, social y cultural de mayorías históricamente postergadas.

La doctora Silvina Romero señala que justamente en estos gobiernos progresistas se exacerban las tensiones que son históricas en las sociedades. En el caso de México, observa que éstas “son muy claras: tensiones de una élite que se viene amasando política y económicamente entorno al neoliberalismo a partir de Salinas de Gortari. Una élite que se va renovando en términos tanto de negocios que hacen como en términos políticos. Siempre con una red institucional, familiar y social que va vinculando a esa élite mexicana que tiene, a diferencia de otros países de América Latina una gran proyección internacional”. (Contralínea)

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