miércoles, junio 19, 2024

Aída Holguín Baeza, Opinión

En memoria de Valia Mendoza

Al igual que Hilton Als, creo que escribir es un acto de recuerdo. Y entonces, con este acto de recuerdo, evoco y honro la memoria de Valia Mendoza Rosas.

Valia, Valita pum, “compañera de partido, casi hermana” -como ella solía decir-, con cualquiera de esas formas que “sus chicas URN” (Chela, Araceli, Cristy, Helen, Mary Carmen, Tere -que en paz descanse- y yo) la llamáramos, expresan el afecto y la conexión que existía entre nosotras. Por eso, como dijo Chela, siempre la recordaremos (por la amistad, el amor, la alegría y el ánimo que siempre nos dio).

Como maestra de vida, Valia nos enseñó desde el ejemplo el sentido de la vida, el valor de vivir a plenitud y con pasión cada día y cada momento de nuestra existencia.

No hace mucho tiempo Valia compartió en Facebook un poema autoría de la brasileña Cora Coralina: “No sé si la vida es corta o demasiado larga para nosotros. Más sé que nada de lo que vivimos tiene sentido, si no tocamos el corazón de las personas” -inicia el poema-. Y ahora que Valia dejó el plano terrenal, pude corroborar que todo lo que vivió tuvo sentido porque, sin duda alguna, tocó el corazón de todos y cada uno de los que tuvimos el privilegio de conocerla.

“Regazo que acoge, brazo que envuelve, palabra que conforta, silencio que respeta, alegría que contagia, lágrima que corre, mirada que acaricia, deseo que sacia, amor que motiva” -continúa el poema de Cora Carolina-. Y sí, “eso que no es cosa de otro mundo, es lo que da sentido a la vida, es lo que hace que ella no sea ni corta, ni demasiado larga, sino que sea intensa, verdadera, pura, mientras dure”. Cosa que, indiscutiblemente, sucedió con Valia.

Sí, Valia fue intensa, pero sobre todo ejemplar y, por supuesto, memorable. Soñadora, decidida, perseverante, persistente, imparable, incansable, audaz, fuerte, guerrera, valiente. Amante de la vida y apasionada de todo lo bueno que se puede encontrar en ella.

Y sí, aunque en los últimos años la vida se le puso difícil, Valia se convirtió en un símbolo ejemplar de resiliencia estoica. Tal como la describió Cristy: siempre tan intensa y apasionada de todo, por todo y en todo. Y así, con esa pasión, luchaste y defendiste tu vida y aún con esos sufrimientos siempre te mostraste estoica, con una actitud siempre positiva y gran ánimo.

Y sí, aunque sentimos una gran tristeza y dolor por la partida de Valia, nuestro duelo no se debe volver indulgente. No porque, tal como lo expresó la cantante y poeta Patti Smith, eso no sirve a nadie y es muy doloroso. Lo mejor es pues transformar el duelo en recuerdo para honrar a la persona que perdimos y, también, para darle algo de esa persona a otras personas, para que puedan experimentar algo de esa persona. Y esa persona eres tú, Valia.

Valia, compañera de partido, casi hermana, mientras “tus chicas URN” sigamos aquí, te recordaremos y honraremos tu memoria.

A modo de reflexión personal introspectiva, concluyo citando lo dicho alguna vez por la escritora estadounidense, Helen Keller: Mientras viva en mi corazón el recuerdo de ciertos amigos queridos, diré que la vida es buena.

Aída María Holguín Baeza
laecita@gmail.com