24 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Ganó quien tenía que ganar

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Benito Abraham Orozco Andrade

“La suma de esfuerzos y voluntades es infalible: deviene en progreso para todos”

Aún y cuando todavía se encuentran pendientes los cómputos municipales, distritales, estatales y de circunscripción de las elecciones que se llevaron a cabo el pasado domingo, definitivamente hay resultados que están más que claros, los cuales difícilmente podrán tener una variación que cambie al ganador o ganadora.

Haya sido favorecida o no la opción por la que cada quien votó, nos guste o no, ya no hay vuelta atrás, ganaron quienes tenían que haber ganado conforme a la voluntad expresada en las urnas por la mayoría de los electores. Pretender lo contrario no es más que un empecinamiento absurdo y nocivo para la necesaria distensión social, después de tantos meses de lamentables polarizaciones y enconos.

Si bien queda la espera del correcto desenlace de las restantes actividades que deben llevar a cabo las autoridades electorales, es menester que, a la brevedad, le demos vuelta a esta página que tanto daño ha provocado a las relaciones no sólo de los contendientes en la elección, sino a la sana convivencia de familias, amigos, vecinos, etc.

Es el turno de buscar el verdadero entendimiento entre autoridades de los distintos niveles de gobierno, así como de la sociedad en general, para que efectivamente nos vaya bien a todos. Qué sentido tiene confrontarse irracional y caprichosamente con quien tiene la posibilidad de beneficiar (o de abstenerse de hacerlo) a los actuales o futuros gobernados, cuando mediante el diálogo y la buena voluntad, a pesar de las divergencias justificadas que pudiera haber, pueden concretarse grandes logros para bien de la colectividad (mayorías y minorías), que deriven en reconocimientos que igual puedan favorecerles en próximos procesos electorales.

Después de que a diestra y siniestra se difundieron  encuestas en las que varios de los contendientes a un mismo cargo resultaban ganadores con amplio margen -y de las que muchos se preguntaban con sarcasmo que si cómo le íbamos a hacer con dos o tres gobernadores, presidentes municipales o diputados-, y después de que cada quien hizo cuentas alegres qué, como debía ser, sólo unos tuvieron la razón, es necesario tener presente que en una democracia las defensas a ultranza no caben, salvo que sean por la democracia misma. Es preciso dejar atrás intolerancias y reconocer nuestras diferencias en un ánimo constructivo, sumando voluntades que puedan aportar cosas positivas.

Desde hace tiempo he sostenido que en las urnas ya no es factible que vuelva a aparecer ese fantasma del fraude que por tantas décadas perjudicó al país, pues ahora son nuestros respetables vecinos y/o familiares -producto de un sorteo-, junto con los representantes de los partidos políticos, quienes tienen la responsabilidad de velar por que cada voto cuente, y que cuente a favor de quien realmente fue emitido. Ahora la preocupación estriba en que, para bien de todos los chihuahuenses, apelando a un estricto estado de derecho y dejando de lado posturas vengativas, quienes hayan resultado ganadores no tengan obstáculo alguno para asumir el cargo correspondiente en próximos meses.

Enhorabuena para la sociedad en general: ganaron quienes tenían que haber ganado, por que así lo decidió la mayoría.

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