25 enero, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Gracias a Ómicron, vislumbramos el fin

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Opinión.

Vacunar, vacunar, la fórmula; Revocación de mandato, una inútil terquedad.

Desde lo más alto de la pandemia, paradójico, se vislumbra el fin de  la peligrosidad del COVID19.

La cepa causante de los nuevos contagios del COVID 19 pudiera ser la Ómicron, o no, o pudiera tratarse del inmenso relajamiento de las medidas sanitarias con motivo de las fiestas decembrinas.

En cualquiera de los dos casos, lo cierto es que, además de la extrema contagiosidad de la nueva cepa, los elevados porcentajes de vacunación en la población, además del elevado número de personas que han estado en contacto con la enfermedad, sumados, han hecho que los niveles de inmunización presentes en la población se hayan convertido en los dos factores más importantes para que la nueva oleada de contagios esté caracterizada por la marcada disminución de la gravedad de la enfermedad y de la letalidad del virus.

Esa es la paradoja: Se elevó la morbilidad (la capacidad de producir enfermedad), pero disminuyó la letalidad del agente viral que más ha golpeado a la humanidad.

Y ese factor, que sumado a la vacunación ha logrado que la pandemia, por vez primera a lo largo de su aparición, nos esté mostrando que puede ser contenida, controlada y administrada en el futuro.

Si las vacunas mostraron que son eficaces para atenuar los efectos de la enfermedad, entonces la ruta correcta será aplicar todas las vacunas posibles, a todos los segmentos de la población susceptibles de hacerlo.

Si en muchos asuntos de la agenda nacional se requería la capacidad de López Obrador para dar marcha atrás en algunas de sus pretensiones, decisiones o proyectos, estamos frente a tres de ellos: Primero, aceptar que la vacunación se efectúe sin restricciones a los mayores de 5 años; segundo, impulsar la cancelación de la consulta de la revocación de su mandato y, tercero, encabezar un gran acuerdo nacional para la reactivación económica del país.

Esa consulta ni el país la necesita, ni la requiere; ni al partido del presidente y sus candidatos les es necesaria, encabezan las preferencias electorales en la mayoría de las entidades que renovarán poderes locales este año y se perfilan favoritos en la presidencial del 2024.

Por si fuera poco, todas las mediciones señalan que López Obrador -en los porcentajes de población que voten- emergería con un muy elevado respaldo a su gestión.

Entonces ¿Para qué efectuar un ejercicio -con todo y lo democrático que pudiera ser, en lo general, pero no en lo particular, en este caso- cuyo resultado ya lo sabemos pero que, sobre todo, no existe un movimiento ciudadano que lo esté promoviendo?

Además, por el momento sanitario, lo urgente es ahorrar esos recursos económicos, emplearlos en combatir a la pandemia en la compra de más vacunas -vacunar a los mayores de 5 años y demás; aplicar las dosis de refuerzo a todos los segmentos de la población- comprar las medicinas que combaten al virus e invertir cuantiosos recursos en la reactivación económica.

No son pocas ni menores las tareas de un gobierno que escuchara atentamente lo que hoy la misma enfermedad le está informando: 

Debemos vacunar a toda la población susceptible de serlo; revacunar a los más; prepararse para las vacunaciones anuales (o semestrales, las que fueren necesarias); impulsar la fabricación de la vacuna en el país; elevar sustancialmente la inversión en la investigación médica; gastar inmensas cantidades en la rehabilitación del sistema de salud. 

Financiar a las mipymes (las micro, pequeñas y medianas empresas) a la brevedad posible; otorgar financiamientos a tasa cero a las más pequeñas empresas familiares y cerrar convenios con la gran empresa a fin de garantizarle certeza en sus inversiones a fin de posibilitar que crezca la inversión privada, porque sin ella no habrá crecimiento económico en los niveles que los necesita el país, de acuerdo con el crecimiento poblacional y los rezagos existentes.

No basta con solazarse falsamente en la supuesta recuperación económica y la de los empleos formales, los que ahora tenemos sólo serán 100 mil más que los existentes en diciembre del 2019 y no se generaron los dos millones necesarios para darles empleo a los jóvenes que accedieron a la edad laboral en los años 2020 y 2021.

Frente a estas cifras palidecen las proporcionadas por el gobierno en cuanto a los jóvenes inscritos en el programa “Jóvenes construyendo el futuro”, quienes reciben 5 mil 258 pesos mensuales y que ha permitido apoyar a 2 millones 105 mil 696 beneficiarios, entre los cuales están, evidentemente, quienes ya estaban desempleados al inicio del actual gobierno.

Frente a problemas de semejantes dimensiones, adquiere mayor importancia el enfrentamiento a la pandemia, que se manifieste con síntomas más leves no es para echar las campanas al vuelo, al contrario, sin duda que la elevación del número de personas contagiadas hará que en algún momento se requiera mejorar y elevar la capacidad hospitalaria para atender a quienes lo requieran; pero, además, el número de personas contagiadas es como si, en el pasado prepandémico, enfrentásemos una epidemia de influenza, con las consecuencias económicas de todo tipo que ahora apenas vislumbramos y que ya empiezan a apreciarse, por ejemplo, en la suspensión de vuelos y que, con toda seguridad, ya se aprecian en el ausentismo laboral y, por supuesto, en la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles educativos.

Por ello se requiere del mayor pragmatismo posible para afrontar la nueva fase de la pandemia, es decir, como lo han sostenido autoridades sanitarias de todos los niveles, y del ámbito internacional, esto es que si se padece de un cuadro de síntomas respiratorios semejantes a los de una gripe, asumir que se trata de COVID 19, y aislarse.

Con ese pragmatismo, que la parte patronal asuma que lo más conveniente será aceptar esa realidad, antes que exigir la presentación de certificados de pruebas rápidas COVID negativos (porque se requieren 5 días a la presentación de los síntomas para que las pruebas rápidas resulten confiablemente positivas) y porque el porcentaje de falsas negativas es muy alto, lo que genera un muy elevado grado de incertidumbre.

Por ello tiene razón la prevención de las autoridades sanitarias chihuahuenses: “Si usted, este fin de semana puede permanecer en su hogar, es mejor permanecer en él. Si ya fue diagnosticado con COVID 19 puede utilizar el 911 para cualquier emergencia que se tenga. Es muy importante el aislamiento. Hay que aislarse y no estar en lugares fuera de casa si ya fue diagnosticado, obviamente sólo para buscar ayuda de salud, pero en caso de no ser así, no salir de casa y aislarse en una sola habitación para proteger a las personas que viven en la misma casa”.

Todo lo anterior podría, sin necesidad de medidas coercitivas mayores, disminuir la movilidad social y, por ello mismo, contribuir a la disminución de los contagios y esperar a que la ola de éstos disminuya por la conjunción de todos estos factores y el de la autolimitación de la enfermedad.

Sin duda que otros factores para la aparición de la presente ola son las del relajamiento de las medidas sanitarias, con motivo de las fiestas decembrinas, a las que contribuyeron decisivamente los parientes llegados de los EU, muchos de los cuales sufrían, o eran portadores asintomáticos, de la variante Ómicron y cuya elevada participación se aprecia en que la principal fuente de los contagios lo constituyeron las reuniones familiares, igual a lo acontecido un año atrás.

La diferencia es abismal, hoy no vemos cómo a nuestra vera caían amigos, parientes, conocidos, personal médico y miles de mexicanos, por ello es legítimo asentar que la vacuna nos ha mostrado la posibilidad de que la tragedia de nuestros días tenga fin y que a partir de los meses futuros podamos controlarla.

Lo haremos.

luisvalerof@yahoo.com.mx

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