26 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Ha muerto un maestro, todo un caballero: Miguel Jiménez Realyvázquez

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Mario Alfredo González Rojas.

En las relaciones humanas, entre los amigos, siempre hay algo que sobresale más que ninguna otra prenda de valor. Se habla de bondad, nobleza, educación, desprendimiento; se habla de altos valores, pero a veces para unos es más apreciada cierta expresión, subjetiva siempre porque en esto no hay la exactitud de las competencias de las que da cuenta un reloj.

Ayer cuando me enteró una amiga de la muerte de Miguel Jiménez Realyvázquez, la primera reacción fue de sorpresa; la segunda fue la de haber recordado inmediatamente, que Miguel fue ante todo un caballero. Así definía yo a este distinguido maestro, sin descontar desde luego los otros valores que lo señalaban en su vida profesional y laboral.

Vino a mi memoria inmediatamente el suceso fortuito que me hizo tratarlo. En 1995, competimos varios compañeros por lograr la representación de delegados a la elección del secretario general del Comité Ejecutivo de la Sección 42. Finalmente, Miguel y este que escribe salimos electos delegados de nuestra delegación a esa reunión, en la que se nombraría al nuevo secretario general del Comité Ejecutivo de la Sección 42 del SNTE, que resultó ser Gerónimo Lara.

Recuerdo que ya muy noche – habíamos participado varias horas durante el día en el proceso de selección – , o tal vez ya era de madrugada, la una o las dos, en un receso nos fuimos Miguel y yo a comer algo por los puestos que están por la Unidad Morelos del Seguro Social. Hacía frío, era enero creo yo.

Comimos unos tacos y entre los comentarios sacados a la luz por la elección que se procesaba, recuerdo muy bien que le dije a mi compañero delegado: “fíjese Miguel, lo que le voy a decir: usted un día va a ser el secretario general…”

Se río, y me dijo que gracias por los buenos deseos, pero que “lo bueno era trabajar por la sección”. Yo a veces he sido profeta de muchos acontecimientos de la vida política de México, sin que alguien “me haga en el mundo”. Pero le atino, y ya son muchas las atinadas. Lo que sí pasó es que Miguel desempeñó varios cargos muy importantes en la Sección 42, y pudo haber llegado a ser el secretario, si se hubieran acomodado las piezas de otra manera.

Una o dos veces le recordé en el correr del tiempo a Miguel, mi vaticinio, porque yo no lo veía muy distante del principal cargo dentro de la organización, y nada más se reía.

Extiendo mi sincero y respetuoso pésame a la esposa de Miguel, a toda su familia. Por lo pronto él ya llegó a “la muerte, que es la punta final del camino”, como dice un poema.

Esa punta nos espera a todos…también a los que son unos CABALLEROS!

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