lunes, abril 22, 2024

Benito Abraham Orozco, Opinión

Imprescindible y fundamental la institución de la familia

Querer llegar al extremo de hacer legal, obligatorio, una serie de tendencias que se cobijan en la figura de los derechos humanos, soslayando un sinnúmero de valores que por siglos han sido esenciales en la formación positiva de personas, familias y sociedades, es algo que no debe dejarse pasar, como si no fuera de nuestra competencia.

No se trata de asumir actitudes estridentes y/o violentas para defender nuestras convicciones, pero tampoco debemos permanecer inertes ante tanto ataque hacia lo que la gran mayoría de los seres humanos consideramos como conveniente en la vida no sólo de nosotros mismos, sino en la de nuestros seres queridos y de la sociedad en general, en una solidaria preocupación por el bienestar de los demás.

Aborto, eutanasia, matrimonio entre personas del mismo sexo, reconocimiento de preferencias sexuales LGTB y múltiples letras más, etc., son cuestiones de las que se pretende imponer un reconocimiento sin cuestionamiento alguno, como si quienes piensan, sienten y actúan distinto no importaran. Incongruentemente, una verdadera intolerancia. Para estas personas no debe haber otra manera de pensar distinta a la de ellas y, si alguien se atreve a manifestarse de manera contraria, pues lo etiquetan precisamente de intolerante, de derecha, fanático religioso, mocho, discriminador, etc.

Se ha llegado al grado de incluir en los libros de texto, diversos temas que son contrarios a esos valores ancestrales que han sido benéficos para la humanidad. Muy distinto y necesario es promover el combate al machismo, a la homofobia, a esa tan mencionada intolerancia…, que el querer imponer, desde niños, en plena formación como personas, modelos contrarios a los que una familia considera pertinentes en el desarrollo de sus integrantes, de los cuales se tienen antecedentes de que son adecuados y que han generado vidas plenas en todos los sentidos.

Pero no nada más en los libros de texto aparecen esos temas, también en los programas de televisión es casi obligado que tengan presencian, sin importar que haya quienes piensen distinto, siendo una completa exclusión ante esa mal entendida y pretendida inclusión. Ahora es una ofensa promover y destacar la importancia de la mal llamada “familia tradicional”.

Efectivamente, en la actualidad el ser inclusivos, tiene que ver primordialmente con la denominada diversidad sexual, y poco o nada se refiere a la inclusión y consideración de aquellas personas que sufren alguna desventaja social, como lo son quienes tienen alguna discapacidad física o mental, o quienes son discriminados por ser indígenas, de escasos recursos económicos, obesos, ancianos, entre otros.

Se ha impuesto en diferentes ámbitos oficiales, el uso de un lenguaje inclusivo que al parecer lo único que ha logrado es maltratar al idioma español, confundiendo y complicando las palabras que deben usarse al hablar y al escribir, pero hasta ahorita no se ha dado a conocer un estudio que demuestre que ha sido efectivo su uso. Esto es, que haya habido un avance en el combate a la discriminación hacia la mujer y hacia la llamada diversidad sexual en general. ¿Por qué no se ha promovido con tanto interés la lengua de señas o el sistema braille? ¿A caso las personas con algún padecimiento visual y auditivo no deben importarle a la sociedad?

Entre tantas aberraciones que han surgido, y en las que los tribunales se han arrogado un papel hasta divino y contra natura, ahora resulta que una sentencia de un juzgado de distrito de Puebla, abre la posibilidad de que alguien pueda casarse con dos a más personas, sean del sexo que fuere. Esto es, que si Luis Carlos quiere celebrar matrimonio en un mismo acto con Jorge, Mario, Leonel, Susana y Georgina, pues cual problema y felices los seis.

Pero si de esa poli relación surgen hijos, independientemente de la regulación legal que se le quiera imponer, qué tipo de formación y de sentimientos tendrán esos pequeños. Quiénes tendrán las obligaciones materiales, económicas, afectivas, etc. En el supuesto de un divorcio, qué pasará con el patrimonio y con las obligaciones de dar alimentos a los cónyuges inocentes y a los hijos.

Si del matrimonio entre dos personas ha sido elevadísimo el índice de divorcios, por supuesto que con el absurdo que se comenta pues sería mucho mayor. En lugar de preocuparnos porque haya relacionales maritales de respeto, armonía, amor, duraderas y de familias felices, se ha preferido andar inventando y promoviendo otras figuras legales que atentan completamente contra las tradiciones que han dado buenos resultados, sobre todo en la formación de niños, adolescentes y adultos plenos.

¿Qué más sigue? ¿Valdrá la pena defender y promover la vida y el matrimonio heterosexual entre sólo dos personas? ¿Debemos permitir que lo que se considera como derechos humanos siga atentando contra los valores positivos de toda sociedad? ¿Quiénes integran los tribunales son dueños de la verdad y pueden imponer sus criterios sin admitir reacción alguna de la población?

Si bien se debe respetar y considerar a las minorías, pues cuantimás a las mayorías. No nos confundamos.