miércoles, junio 19, 2024

Luis Javier Valero, Opinión

INM ¡No pasa nada!

Es que, de veras, no pasa nada. Parafraseando al antiguo Secretario de Hacienda de Felipe Calderón -2006 a 2009-, Agustín Carstens, que lanzara esa frase en medio de la crisis económica del 2008, hoy estamos en una situación semejante, no en lo económico, sino en las posturas de los gobernantes, que ante los cataclismos que les caen encima, que nos caen, teatralmente nos expresan a diario que no pasa nada.

Así nos fue entonces.

Igual estamos ahora, especialmente con los amigos del presidente.

Uno de ellos, de larguísima data, responsable directo de la aplicación de la política migratoria delineada por el presidente, está sometido a un proceso judicial en el que está siendo tratado con pinzas, a pesar de que existen las suficientes evidencias, no sólo para señalarlo como responsable de varios delitos, sino de las condiciones de los centros migratorios establecidos a lo largo del país, diseñados para aislar a los migrantes y a los refugiados.

Pero en lugar de designar a un sustituto, no sólo porque el juez pudiera fincarle responsabilidades, sino por otro aspecto aun más importante: Porque lo hecho hasta ahora en esta materia es un completo fracaso, que ha posibilitado de convertir al problema migratorio en una auténtica crisis humanitaria.

Si cuando el presidente López Obrador dirige las conferencias mañaneras, la conducta heredada por Carstens se replica casi integralmente, ahora, con el secretario de gobernación, adquirió niveles de escándalo.

Y es que ante la tragedia de los 40 migrantes fallecidos en el centro migratorio, ahora hasta se regodean y festejan la postura del juez en el caso del juicio seguido a Francisco Garduño, hasta ahora comisionado del Instituto Nacional de Migración, que se opuso a retirar del cargo al amigo del presidente.

¡No pasa nada!

Ni siquiera para dar pie a las investigaciones, para que no se vean sometidos a un conflicto de interés, ninguno de los funcionarios del organismo que regula la estancia de los migrantes en nuestro país, ha sido separado su cargo, ya no solamente por una decisión judicial, sino por la determinación de alguno de sus jefes, ya fuera el secretario de gobernación o el presidente de la República.

¡No pasa nada!

Todos los centros migratorios adolecen de las mismas fallas, están construidos o acondicionados para mantener encarcelados a detenidos, no migrantes; mucho menos para recibir a refugiados.

¿Que acaso no hay alguien que pueda poner un alto a la política migratoria qué ha seguido el gobierno de México hasta esta fecha, que es la verdadera responsable de esta tragedia y de las que han acontecido a lo largo de los últimos cuatro años, precisamente cuando el presidente electo López Obrador se aprestaba a tomar posesión de su cargo y ya transitaban por las carreteras del sur miles de migrantes centroamericanos y de otras nacionalidades?

Los grados de ineptitud mostrados por los actuales gobernantes en distintas materias son sorprendentes, ni siquiera al término de la reunión sostenida por Garduño con la gobernadora Maru Campos, se dieron a conocer las medidas que se adoptarían para enfrentar los actuales problemas en Juárez, con los migrantes y refugiados ya estacionados en esta ciudad, sino con los que llegarán, tanto con los emanados de los acuerdos “en los oscurito” con el gobierno de Biden, como con los que ahora mismo se encaminan, desde la frontera sur, a nuestra entidad.

No hay un anuncio de las instalaciones que se acondicionarán, del presupuesto que se gastará, de los empleados y guardias que necesitarán para atenderlo.

¡No pasa nada!

¡Híjole!

*Columna de Plata-APCJ: 2008, 2015, 2017 y 2022

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