viernes, junio 21, 2024

Benito Abraham Orozco, Opinión

Inocultables preferencias que invitan a la reflexión

Ha sido una constante en la política de nuestro país —sobre todo en época de elecciones—, que los diferentes grupos políticos afirmen tener la simpatía de la mayoría ciudadana, aún y cuando las encuestas y los resultados evidentemente no les beneficien. ¿De dónde sacar más de una mayoría relativa, que es la que aplica para el caso que nos ocupa?

Tengo presente el discurso del dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, quien en algunos promocionales de dicho instituto político aseveraba, en relación con el partido Morena, que “…están moralmente derrotados…”, cuando los resultados que se han venido presentando en los últimos procesos electorales les han sido favorables en su gran mayoría, o en su defecto han significado avances. ¿Cómo estar “moralmente derrotado” en tales condiciones? Lo mismo ha ocurrido con otros actores políticos que pretenden “tapar el sol con un dedo”, como si un discurso pudiera cambiar la realidad o la percepción de la mayoría.  

Por lo que hace a las encuestas, la experiencia nos ha demostrado que ya no cuentan con mucha confiabilidad, pues así como en algunas aparecen determinados políticos, presidentes municipales, gobernadores, etc., en los primeros lugares, en otras ni siquiera figuran. En pocas palabras, el que paga manda, y la generalidad de tales indagatorias privilegian a quienes el bolsillo dice. Notorio fue, por ejemplo, en la elección a la gubernatura de Chihuahua en el año 2016, en donde las encuestas ponían a Enrique Serrano por encima de Javier Corral, algunas de ellas con amplio margen, pero los resultados finalmente fueron muy distintos y el ganador resultó ser el segundo de ellos.

No obstante, cuando un medio de comunicación tan influyente como lo es el periódico El Universal, que abiertamente ha estado en contra del presidente López Obrador, de la Cuarta Transformación y de Morena, hace pública una medición trimestral que encarga a la encuestadora Buendía & Márquez, y en la que aparecen cifras destacables de aprobación hacia AMLO, precisamente ante esa animadversión, es lo que en este caso sí ameritaría darle crédito a dicho estudio de opinión.

La referida nota señala que la medición en comento “…arroja que los números de aprobación presidencial se mantienen altos y sin cambios sustantivos desde hace un par de años”, además de que “la encuesta nacional, cara a cara, en vivienda, registra un respaldo a la gestión presidencial de 65%, mientras que 26% la califica de manera negativa” (“Encuesta: no le quitan ni una pluma a la aprobación de AMLO”, El Universal, 23 de mayo de 2023).

Entre otros datos que menciona la publicación que nos ocupa, se encuentra que: los apoyos a la población vienen a ser el mayor logro de la actual administración; 61% se identifica como lopezobradorista y 28% como morenista; 21% se considera antilopezobradorista (10 puntos porcentuales debajo de la encuesta de mayo de 2022); un 58% manifiesta estar satisfecho con el desempeño presidencial, siendo uno de los niveles de satisfacción más altos del sexenio; por el contrario, uno de cada cinco (20%) expresa su insatisfacción con el desempeño presidencial.

Es de destacar que, de acuerdo con la multicitada encuesta, “ante los ojos ciudadanos, los apoyos a la población, ya sea a adultos mayores, jóvenes u otro grupo vulnerable, son el mayor logro de la administración”, y que el 58% de los entrevistados refieren que las acciones del gobierno del presidente López Obrador los han beneficiado personalmente, y caso contrario, el 16% menciona que han sido perjudicados por alguna acción del actual gobierno.

Por otra parte, respecto de los errores cometidos por la presente administración federal, la encuesta señalada arroja que las fallas en seguridad pública son las más mencionadas, pero el porcentaje es bajo, del 8%, seguido de la forma de gobernar del presidente que es del 7%, otorgándole al manejo de la economía un 5%. En términos generales, de acuerdo con la medición de marras, 82% de los entrevistados puede identificar o mencionar un logro del actual gobierno, y 44% puede mencionar un error.

Entonces, el discurso de muchos, en el sentido de que el país va hacia la ruina, que tenemos un mal gobierno que nos está perjudicando a todos los mexicanos, etc., a la luz de la referida encuesta (de la que, insisto, amerita darle crédito dado la citada animadversión hacia AMLO y a la 4T del medio que la publica), definitivamente no es compartida por la mayoría de los mexicanos.

Podrá afirmar Morena que el próximo domingo 4 de junio obtendrán el triunfo en Coahuila, o el PAN, PRI y PRD que ganarán en el Estado de México, pero esperemos a ver si esas aseveraciones resultan ciertas una vez transcurridas las correspondientes jornadas y cómputos electorales.

Asimismo, podrá seguir afirmándose que tal o cual partido fue derrotado en determinado estado o municipio, cuando los resultados electorales vienen demostrando no fracasos o perdidas de votos o posiciones que no se han tenido, sino avances en las preferencias que aún no han permitido obtener la mayoría en las elecciones a que haya lugar. En dichas circunstancias no se puede hablar de fracaso del oponente.

En consecuencia, los datos que derivan de la medición anterior, con miras a las elecciones que se celebrarán en el 2024, deberían invitar a la reflexión para los interesados en competir en las mismas, ya que el discurso pendenciero que ha prevalecido en prácticamente todos los partidos y actores políticos, no ha dado precisamente frutos en lo que hace al aumento de adeptos. Habrá que tener presente que la realidad y/o preferencias de una región o localidad del país, no es la misma que el resto, por lo que el asumir que así es, es mantener una ilusión que nada aporta en cuanto a la efectividad de las estrategias que deben implementarse para conseguir la mayoría de la voluntad popular en las urnas.

El denostar a alguien con discursos o mensajes ridículos e infantiles que circulan en las redes sociales, ya está por más demostrado que no es lo más apropiado para cambiar algo con lo que no se está de acuerdo, ni las preferencias o percepciones de otros.

Como ya se ha sugerido en otras ocasiones, habrá que ver qué es lo que está haciendo bien el oponente, y que es lo que se está haciendo mal en lo particular, para de ahí partir en la búsqueda de la preferencia de las mayorías.