sábado, abril 13, 2024

Cultura

Jirones de nuestra historia, honrando el mes de la mujer

Emma catalina encinas, la primera aviadora mexicana; con carácter y férrea voluntad se impuso en un gremio que no admitía mujeres. Una vida por demás interesante.

José Luis Jaramillo Vela.- Desde lo más apartado de la sierra

Emma Catalina Francisca Guadalupe Encinas Aguayo, nació el 24 de octubre de 1909 en el recóndito pueblo del Mineral de Dolores, Municipio Madera, Chihuahua, enclavado en la región conocida como la Alta Tarahumara, muy cerca ya de los límites con el Municipio Sahuaripa, Sonora. En ese apartado pueblo minero del noroeste de Chihuahua creció Emma Catalina hasta los cinco años.

En plena Revolución Mexicana, su familia decide abandonar el Estado ante los rumores de que a Pascual Orozco le interesaba el lugar y también por el temor de ser alcanzados por los horrores de la guerra, entonces deciden establecerse en El Paso, Texas, ahí la niñita Emma Catalina Encinas asiste a un colegio privado para mujercitas. Un buen día, el padre, paseando con la familia los lleva a conocer los aviones; Emma Catalina quedó maravillada al ver como despegaban, volaban y aterrizaban aquellas enormes máquinas voladoras, entonces ve cinco poderosos aviones estacionados en batería custodiados por unos soldados, con mucha curiosidad pregunta de quién son y la respuesta le impresionó más todavía, le dijeron que eran del General Pancho Villa y que iban a ser llevados a Chihuahua para el agrupamiento aéreo de la División del Norte.

Ese día, la aviación y el mundo de los aviones atraparon por completo a Emma Catalina Encinas.

A California a estudiar danza y de ahí, sin proponérselo, a Hollywood

Otro gran interés que tenía Emma Catalina era su pasión por la danza, de modo que sus padres deciden enviarla a la Universidad de California en Los Ángeles y así, la encauzaban por el camino de la danza y hacían que olvidara su deseo por volar aviones. Emma Catalina parte a Los Ángeles, pero no ha olvidado si inquietud por la aviación.

En la UCLA, Emma Catalina estudia danza y al mismo tiempo le surge el gusto por el teatro y se inscribe en el grupo

de teatro de la Universidad; al término de dos años, se gradúa con honores de la Academia de Danza de la Universidad, pero continúa haciendo presentaciones y participando en las producciones con el grupo de teatro de la Universidad; al mismo tiempo asiste a los espectáculos de acrobacias aéreas que ya se presentaban en varias partes de Estados Unidos, ahí mismo trata de inscribirse para tomar su instrucción como piloto de aviación y es rechazada en California y en Chicago; “La aviación es cosa seria y no es para mujeres” le dijeron, es a partir de esos rechazos cuando en la mente de Emma Catalina comienza a proponerse derribar esa barrera impuesta por los hombres.

Mientras, la vida de Emma Catalina continúa, enseñando danza y haciendo presentaciones con el grupo de teatro universitario, hasta que un día la ve el productor cinematográfico Pandro S. Berman, quien producía películas para la Compañía Metro-Goldwyn-Mayer y le propone trabajar en la producción de la película “Río Rita”, estelarizada por la pareja de comediantes Bud Abbott y Lou Costello, y así, sin proponérselo y mucho menos imaginárselo, Emma Catalina Encinas ya estaba debutando ni más ni menos que en el cine de Hollywood.

Después, Emma Catalina Encinas trabajó cuando menos en otra producción de la Metro-Goldwyn-Mayer llamada “Romance of the Río Grande”, estelarizada por el galán latino de moda, César Romero, cuyo papel de “Cisco Kid” se hizo muy famoso (años después, César Romero recobró la fama como “El Guasón” en la serie de televisión Batman de los años 60’s).

De regreso a Chihuahua, en busca de su sueño

Ya cuando se calmaron las aguas de la Revolución y México recuperó la estabilidad política y social, la familia Encinas Aguayo regresa a la ciudad de Chihuahua, ahí Emma Catalina funda una escuela de danza, sin embargo, aún tiene el sueño de aprender a volar y la oportunidad le cae como un golpe de suerte, igual que como llegó a Hollywood, sin ella proponérselo ni imaginárselo.

Aurora, su mejor amiga le presenta a su cuñado, nada menos que al General Roberto Fierro Villalobos, quien ya para entonces era considerado una leyenda dentro de la Fuerza Aérea Mexicana; el General Fierro había abierto una escuela de aviación en Chihuahua y aceptó con agrado recibir a Emma Catalina como uno de sus alumnos; ella utilizaba las ganancias de su escuela de danza para pagar sus clases de aviación; cuando al fin parecía que iba a cumplir su sueño de volar, el General Roberto Fierro Villalobos es llamado a la Ciudad de México para hacerse cargo de la Escuela Militar de la Fuerza Aérea Mexicana y el sueño de Emma Catalina parecía esfumarse.

Desafiando la autoridad de su padre, quien se negaba a que su hija fuera piloto aviador, Emma Catalina se va a la Ciudad de México, en donde es rechazada de las escuelas privadas de aviación, por ser mujer; estando allá, recurre al General Fierro Villalobos a quien le pide la admita; Fierro le explica como puede, que, a diferencia de su escuela particular de Chihuahua, ahí no le puede dar clases, puesto que la escuela no es de él, además de que es para formar soldados del aire.

Fue tanta y tan abrumadora la insistencia de Emma Catalina, que el General Fierro, tal vez para quitársela de encima le dijo que él estaría encantado de continuar instruyéndola, pero solo si se lo autorizaba el Secretario de Guerra y Marina. Unos días más tarde, el General Fierro Villalobos casi se va de espaldas cuando recibe un oficio del General Leobardo Ruiz, Comandante de la Fuerza Aérea Mexicana en donde le indica que por instrucciones del Secretario de Guerra y Marina, General Plutarco Elías Calles, se le instruía para que la señorita Emma Catalina Encinas recibiera su instrucción de piloto aviador, exclusivamente como aviador civil.

En realidad, el General Fierro Villalobos siempre quiso apoyar a Emma Catalina, lo que ella no quería entender era que Fierro no se mandaba solo y que en el Ejército nada ni nadie se mueve por iniciativa propia ya que la línea de mando es vertical y jerárquica. Lo que nunca se supo, fue el cómo le hizo Emma Catalina para que desde la misma Secretaría de Guerra y Marina bajara la orden de recibir su instrucción como piloto aviador.

Despega su sueño, pero hay obstáculos en la pista

Una vez autorizada su instrucción aérea, a Emma Catalina se le dejó muy claro que estaría dentro de un ambiente varonil y militar, sujeta a sus rigores y exigencias, pero que una vez terminados y en su caso aprobados todos sus cursos, pasaría a formar parte de la aviación civil, ya fuera privada o comercial; también se le aseguró que sería tratada igual que a todos sus compañeros y que no habría ninguna falta de respeto hacia ella. Además, a ella por no ser parte de la Fuerza Aérea se le cobraría su instrucción. En ese grupo, Emma tuvo siete compañeros entre ellos Leobardo “Leo” López Talamantes, “El Águila de Chihuahua”, quien luego sería recordado como otra leyenda de la Fuerza Aérea Mexicana, y que después de retirado abrió una escuela de vuelo.

El conflicto familiar fue un constante batallar para Emma Catalina, su padre se distanció de ella y le retiró todo su apoyo económico; su madre la apoyaba con sus ahorros a escondidas de su padre, pero no era suficiente para cubrir los altos costos de la carrera de aviación, por lo que Emma Catalina, para completar sus gastos, impartía clases de inglés para los pilotos y también haciendo traducciones para las revistas de aviación americanas, inglesas y francesas, así como la traducción de los manuales de vuelo, ya que además del español, hablaba a la perfección el inglés, francés, ruso y portugués.

A la mitad de su instrucción, encuentra una fuerte turbulencia, el director de la Escuela de la Fuerza Aérea Mexicana y su principal apoyo real y moral, el General Roberto Fierro Villalobos, es designado como Gobernador de Chihuahua, entonces Emma Catalina sintió que su sueño perdía altura y se desplomaba; antes de partir a su nuevo encargo, el General Fierro Villalobos le indica que el Secretario de Guerra y Marina, General Plutarco Elías Calles le aseguró que no tendría ningún problema para terminar su instrucción y que desde su nuevo encargo estaría pendiente de ella.

Finalmente se llegó el día, Emma Catalina Encinas había presentado sus exámenes de conocimientos teóricos en las materias de Conocimiento del Aeroplano, Conocimiento de los Motores, Navegación Aérea, Mecánica de Aviación y Reglamentación Aérea, todas aprobadas con “MB”, que era la calificación más alta; pero faltaba lo más importante, el examen práctico que se presentó en la Base Aérea de Balbuena; los Llanos de Balbuena eran ideales, ahí se concentró la aviación civil de la Ciudad de México y ahí también la Fuerza Aérea Mexicana construyó la Base de Balbuena. En los días en que los pilotos presentaban sus exámenes prácticos, había entrada libre para miles de personas y los medios de comunicación.

El día 4 de diciembre de 1932 se presentaron los exámenes prácticos, a las diez de la mañana estaba programado el turno de Emma Catalina Encinas; según narra la crónica de el diario “La Prensa”, Emma Catalina se elevó a tres mil pies de altura para apagar el motor y desplomarse en espirales, encender motor y retomar el vuelo, para subir a dos mil pies y realizar maniobras acrobáticas; se le pidió hacer cinco aterrizajes a la marca, es decir, debía ser capaz aterrizar su avión dentro de un espacio estrecho, limitado por dos marcas en la pista, mismos que realizó a la perfección; después se le pidieron cinco aterrizajes con motor apagado y luego realizar un “aterrizaje ciego”, consistente en aterrizar guiada únicamente por instrumentos; por último, deleitó al público, a la prensa y a los sinodales con una serie de acrobacias libres.

Los sinodales fueron el Teniente Coronel Fernando Proal, jefe de la Oficina de Aeronáutica de México, el Coronel Alberto Salinas Carranza, Jefe de Instructores de la Fuerza Aérea Mexicana y el Ing. Mariano Domínguez, Jefe de la Sección Técnica de la Secretaría de Comunicaciones; los tres, por unanimidad le otorgan la máxima calificación de MB (Muy Bien), procediendo a entregarle la licencia número 54 que la acreditaba como Piloto Aviador Civil.

Ese día, Emma Catalina Encinas Aguayo surgió como la primera mujer piloto aviador mexicana de la historia. Pero tal vez lo que más alegría le produjo, incluso más que aprobar su examen y obtener su licencia, fue al bajarse del avión y ver a su padre, a su madre y al General Roberto Fierro Villalobos en primera fila aplaudiendo su hazaña.

El amor se le cruzó en pleno vuelo

Emma desarrollaba feliz su carrera como piloto aviador privado y para vuelos turísticos, al mismo tiempo continuaba con sus trabajos como traductora editorial, también logró obtener su certificado como traductora certificada y maestra de inglés; la vida de Emma parecía volar alto, cuando en su vida aparece el acaudalado Doctor Roberto Gutiérrez Suárez, ambos se enamoran y se casan, fijando su residencia en Las Choapas, Veracruz; donde fundó una escuela de danza y clases de piano, convirtiéndose en una esposa y madre ejemplar. Luego cambiaron su lugar de residencia a Tehuantepec, Oaxaca, donde Emma hizo lo mismo, impartir clases de danza y clases de piano; al no existir aviación en esos lugares, su carrera como aviadora se vió temporalmente interrumpida.

De regreso a la Ciudad de México, continúa su interesante vida

Emma Catalina, su esposo y sus hijos regresan a la Ciudad de México, retoma su carrera como piloto aviador, funda una academia de danza y piano, funda una agencia de traductores certificados; para entonces, mucha gente la conoce como Emma Gutiérrez Suárez, por los apellidos de su esposo, pero ahora Emma Catalina trae otra gran inquietud en su mente; durante el tiempo que vivió en Las Choapas y Tehuantepec, le tocó ver muy de cerca la opresión en la que vivían las mujeres y más cuando se era indígena, pobre e ignorante, además de sus experiencias por sus rechazos que ella tuvo que enfrentar para ser piloto.

Es entonces que decide luchar por los derechos y el reconocimiento de la mujer mexicana como una ciudadana igual que cualquier hombre y se involucra con la “Alliance of Pan American Roun Tables” o “Alianza Panamericana de las Mesas Redondas”, una organización continental de mujeres que abogan por los derechos de la mujer desde Canadá hasta Argentina, no son feministas radicales, son mujeres con estilo que luchan por la mujer; Emma es nombrada Directora General de la Alianza en México y comienza a difundir y abrir capítulos en varias ciudades del país.

Su primer objetivo fue insistir en el voto femenino, en el derecho a votar de las mujeres mexicanas, para ello, realizó una incesante labor de cabildeo con Diputados, Senadores, Gobernadores, candidatos y funcionarios del más alto nivel del Gobierno Federal, hasta conseguirlo en 1953.

Ese mismo año de 1953, el empresario y multimillonario Emilio Azcárraga Vidaurreta invita a Emma Catalina como productora de televisión en su naciente Telesistema Mexicano (actual Televisa), Emma le propone producir programas educativos para la mujer mexicana; Azcárraga la apoyó mucho, le dio toda la libertad de promover los derechos de la mujer, “pero hágalo con clase y estilo así como es usted, no quiero babosadas comunistas”, fue el único punto que le dejó claro el empresario.

Parecía que le faltaban horas al día de Emma Catalina, entre su carrera como piloto privado, su academia de danza y piano, su agencia de traductores, sus compromisos como Directora General en México con la Alianza Panamericana y sus labores como productora de televisión, cualquiera diría que no tenía tiempo ni para dormir, cuando también sin ella buscarlo, la Compañía American Airlines, con sede en Fort Worth, Texas le ofrece el cargo como Directora de Relaciones Públicas para México y América Latina. Desde esa posición, Emma se relacionó con gente y gobiernos de todo el continente y aprovechó para llevar la organización de la Alianza Panamericana de la Mesa Redonda y la visión de los derechos de las mujeres hacia todo el continente americano.

Embajadora de las Naciones Unidas y la Presidencia de la República

En 1961, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas Dag Hammarskjöld designa a Emma Catalina Encinas como Directora del Centro de las Naciones Unidas para México y América Latina, cargo que le fue refrendado por el siguiente Secretario General U Thant.

En 1969, el entonces Secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez la invita a volar para los aviones de la flota de la Secretaría de Gobernación pero tiene que declinar el ofrecimiento por falta de tiempo, debido a su enorme carga de trabajo y de compromisos por todos lados.

En 1970, el Presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez invita a Emma Catalina Encinas a volar el avión presidencial, la designa como Piloto Oficial del avión presidencial, también como supervisora de la flota de aeronaves de la Presidencia y para rematar, la nombra como traductora e intérprete oficial de la Presidencia de la República; unos meses más tarde, Emma Catalina entra en conflicto con los Generales Hermenegildo Cuenca Díaz (Secretario de la Defensa Nacional) y Jesús Castañeda Gutiérrez (Jefe del Estado Mayor Presidencial), quienes nunca aceptaron a una mujer como piloto del avión presidencial; Emma, temiendo que pudieran sabotear al avión presidencial o que le pasara algo a ella, le presenta su renuncia al Presidente Echeverría, aduciendo ser ya mayor de sesenta años y sentirse cansada; Echeverría acepta su renuncia pero la deja como intérprete oficial de la Presidencia de la República.

El legado de Emma Catalina Encinas Aguayo

Esta admirable e incansable mujer dejó tras de sí un gran legado a la mujer mexicana y latinoamericana, abrió los cielos para que las mujeres pudieran volar aviones, fue incansable promotora del voto femenino y dejó una huella en todo lo que hizo, siendo siempre muy bien recordada.

+ Gracias a Emma Catalina Encinas, hoy en México existen más de mil mujeres con licencia de piloto aviador (en el mundo hay cuatro mil); las compañías Aeroméxico y Volaris cuentan ya con tripulaciones totalmente femeninas volando en su flota; la Fuerza Aérea Mexicana cuenta con dos pilotos mujeres.

+ En la actualidad, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Fuerza Aérea Mexicana reportan en sus filas a 5 mujeres General Brigadier, 21 Coroneles, 132 Tenientes Coroneles, 561 Mayores, 572 Capitanes, 1323 Tenientes, 699 Sub Tenientes, 2422 Sargentos y 13,054 Cabos y soldados.

+ En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, se encuentra la “Galería de los Héroes de la Aviación en el Mundo”, ahí está un busto de Emma Catalina Encinas Aguayo.

+ La Universidad de Texas en Austin posee la Colección Benson, que contiene la documentación completa y detallada de todo el trabajo realizado por Emma Catalina, bajo el nombre de Emma Gutiérrez Suárez.

+ En 1967, Emma Catalina Encinas Aguayo fue reconocida como “La Mujer del Año” en el Continente Americano, por sus aportaciones a los derechos de la mujer.

+ Emma también escribió artículos sobre aviación para varios periódicos mexicanos; tradujo un promedio de trescientos artículos, novelas, y manuales de vuelo por año.

+ El 9 de julio de 1944 el periódico “Novedades” publicó un extenso artículo en el que se señalaba a la señorita Elsa Lehmacher como la primera mujer mexicana que se convirtió en piloto aviador; al día siguiente en el mismo diario se publican dos cartas, una enviada y firmada por el Secretario de la Defensa Nacional, General Lázaro Cárdenas del Río y la otra firmada por el Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, General Maximino Ávila Camacho (hermano del Presidente), en ambas cartas las dos dependencias manifiestan la falsedad del reportaje, comprobando que en sus archivos constaba que ese honor pertenecía a Emma Catalina Encinas.

+ Emma solo se propuso estudiar danza y estudiar aviación, ambas las logró; todo lo demás que hizo en su vida, se formó a base de oportunidades que le fueron surgiendo, ella las tomó y las aprovechó para construir una más que productiva carrera y una muy interesante vida que dejó huella en la historia de México y en las generaciones de mujeres que le siguieron.

Emma Catalina Encinas Aguayo fallece el 5 de noviembre de 1990 a la edad de 81 años, su legado queda para la posteridad, hace 92 años, ella abrió los cielos y un nuevo horizonte para las mujeres mexicanas.

Fuentes Bibliográficas:

+ transporte.mx

+ un.org

+ proceso.com.mx

+ a21,com.mx

+ www,alianzamrp.org

+ infodefensa.com

+ sct.gob.mx/elmirador

+ es.wikipedia.org

+ La Aviación Civil en México/Manuel Ruiz Romero