jueves, junio 13, 2024

Cultura

Jirones de nuestra historia: la “Decena trágica”

9 de febrero de 1913, la “Decena trágica”, uno de los episodios más violentos en la historia presidencial de México, que culminó con el asesinato del presidente Francisco Ignacio Madero…hace 110 años.

Por: José Luis Jaramillo Vela

Tras la renuncia del General Porfirio Díaz, Madero gana las elecciones

Al renunciar Porfirio Díaz a la Presidencia de la República, de manera interina asume el poder el prestigioso y prestigiado abogado y diplomático Francisco León de la Barra, quién en ese momento se desempeñaba como embajador de México en Estados Unidos; León de la Barra asume como Presidente interino el 25 de mayo de 1911 y debe, muy rápido organizar y convocar a una elección constitucional, para elegir al nuevo Presidente; el ganador indiscutible fue Madero.

El 6 de noviembre de 1911, Francisco Ignacio Madero González recibe la Banda Presidencial del Presidente Interino Francisco León de la Barra, quien tras un interinato de siete meses, logró organizar las elecciones más pacíficas, limpias e incuestionables que se han efectuado en la historia de México. El trabajo de León de la Barra, al organizar estas impecables elecciones contribuyó en gran medida a tranquilizar los ánimos de la población y a calmar las embravecidas aguas de la política nacional.

El gobierno de Madero

A Madero se le llamaba popularmente “El Apóstol de la Democracia”, y en realidad sí era un verdadero demócrata con toda la voluntad de romper con los esquemas dictatoriales y autoritarios que había impuesto Porfirio Díaz a la política mexicana y a la forma de gobernar en México, pero mientras tanto….

Mientras tanto, tendría que lidiar un rato con los restos del porfiriato porque, aunque Madero encabezó un gobierno democrático y con una auténtica preocupación por mejorar las condiciones de vida del pueblo mexicano, la verdad es que no supo o no pudo satisfacer las aspiraciones de cambio a la que aspiraban miles de mexicanos y que eran el motivo del espíritu de la Revolución.

Madero no era un gobernante de mano dura, pronto se dio cuenta de que es muy difícil darles gusto a todos y menos quedar bien con todo el mundo; trató de mantener la estabilidad económica y social, además de preservar y estimular la inversión extranjera, por esos motivos no realizó grandes cambios en la estructura gubernamental y mantuvo vínculos con funcionarios afines a Porfirio Díaz. Estas medidas, le comenzaron a causar problemas a su gobierno.

Tuvo los primeros roces con los líderes revolucionarios, quienes le reclamaron que su gobierno no se identificaba con las clases marginadas de la sociedad y que en cambio, cada día se parecía más al gobierno de Porfirio; al mismo tiempo, los ricos empresarios, comerciantes y los grandes hacendados le estaban exigiendo medidas enérgicas para frenar los ímpetus revolucionarios, en especial a los zapatistas; y para rematar, la prensa lo estaba despedazando al hacerlo el objeto de severas, mordaces y crueles críticas, que comenzaron a caer en la ridiculización de la figura del Presidente Madero, situación que fué debilitando su fuerza política.

Madero comienza a perder los hilos de su gobierno… y a cometer errores

En realidad, los problemas de Madero comenzaron después de que ganó las elecciones; el General Bernardo Reyes no pudo ponerse de acuerdo con el Presidente Madero ni con el Vicepresidente Pino Suárez y rompe su relación con ambos, proclamando el Plan de la Soledad para evitar que lleguen a la Presidencia, dicho plan no tuvo eco ni seguidores y el 25 de diciembre de 1911, el General Bernardo Reyes se entrega voluntariamente en Linares, Nuevo León y es trasladado a la cárcel militar de Santiago Tlatelolco.

Tiempo después, le retiran su apoyo los revolucionarios Emiliano Zapata y el traicionero Pascual Orozco; además, el General Félix Díaz (sobrino de Porfirio) y desde la cárcel el General Bernardo Reyes estaban manipulando a la élite militar, contando con el apoyo de porfiristas en el exilio. En estos acontecimientos, Madero le confía al General Victoriano Huerta solucionar los problemas causados por los revolucionarios, siendo ése su primer error.

El 16 de octubre de 1912, el General Félix Díaz encabeza un levantamiento armado en Veracruz, con el fin de restablecer el antiguo régimen porfirista, pero muy rápido fué derrotado por las Fuerzas Federales, capturado y enviado a la Penitenciaría de Lecumberri; tanto a Félix Díaz como a Bernardo Reyes, Madero decidió no ejecutarlos, y ése fué su segundo error.

En el mismo mes de octubre de 1912, los Generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz se reúnen con el empresario sinaloense y también General Cecilio Ocón en La Habana, Cuba, con el fin de fraguar un cuartelazo contra el Presidente Madero; el plan consistía en liberar de prisión a los Generales Félix Díaz y Bernardo Reyes, para secuestrar a Madero y fusilarlo. Después el mismo Cecilio Ocón, se reunió en el Hotel Majestic de la Ciudad de México con los empresarios Fernando Barrera, Rafael Zayas, Juan Montaño y Francisco Landeros, con el propósito de ultimar los detalles del cuartelazo y acordar el financiamiento de los porfiristas para llevar a cabo el plan.

Para colmo de males, el Gobierno de Estados Unidos encabezado por el Presidente William Howard Taft, no estaba de acuerdo con la política interior del Presidente Madero, ya que tenía encima varias huelgas y reclamos de derechos laborales por todo el país (y eso que tenía como Secretario de Gobernación nada menos que al anarquista de Jesús Flores Magón, quien se supone que le debía de apagar todos esos fuegos… o ¿era él quien los provocaba?); por otro lado, los empresarios mexicanos lo presionaban para restringir la entrada de capitales extranjeros, lo cual estaba afectando a muchas compañías estadounidenses. Por ese motivo el gobierno gringo promovió una campaña contra el gobierno mexicano en la prensa americana aduciendo falta de seguridad para los gringos radicados en México y una supuesta discriminación hacia las empresas americanas.

Pero la cereza del pastel la puso el Embajador de Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson (a quien el propio Departamento de Estado y el Gobierno de Estados Unidos consideran el peor embajador que han tenido en su historia diplomática); pues bien, el corrupto Embajador Lane Wilson se aventó la puntada de solicitarle al Presidente Madero un “subsidio económico decoroso mensual”; Madero hizo lo correcto y le negó el pago, diciéndole que hablaba muy mal de él y su gobierno al tratar de extorsionar a un gobierno extranjero. A partir de aquí, Lane Wilson quedó resentido con Madero y se involucró con los organizadores del cuartelazo. En este caso, Madero hizo lo correcto y actuó con la dignidad de un Jefe de Estado, pero irónicamente, al negarse a las pretensiones económicas de Wilson, se convierte en su tercer error.

Se inicia el sangriento Cuartelazo, históricamente conocido como la Decena Trágica

El plan estaba pensado para efectuarse de manera sorpresiva, rápido y en unas cuantas horas, sabían los conspiradores que una vez pasado el factor sorpresa, encontrarían resistencia de Madero y sus leales a él y del Ejército, pero nunca imaginaron que el plan se prolongaría por diez días y mucho menos que correría tanta sangre, no solo de los involucrados, sino de tantas personas inocentes, ciudadanos de a pie y civiles que nada tenían que ver, pero que fueron arrastrados entre las patas de la ambición por el poder que siempre ha caracterizado a la política mexicana, y que murieron en esta tragedia.

En la madrugada del domingo 9 de febrero de 1913, los Generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz dieron inicio a la asonada contra el gobierno de Madero; levantaron en armas a los cadetes de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan y se dividieron en dos grupos; el General Mondragón tomó un grupo y se dirigió a la Prisión de Lecumberri para liberar al General Bernardo Reyes, quien era el verdadero líder de los golpistas; el General Gregorio Ruiz se fué a la Cárcel Militar de Tlatelolco y después de un ligero zipizape, logra liberar al General Félix Díaz.

Mientras eso sucedía, otro grupo de cadetes se dirigió al Palacio Nacional y lograron tomar control del mismo, haciendo prisioneros a Gustavo Adolfo Madero, hermano del Presidente y al Almirante Adolfo Bassó Bertoliat, quien era el administrador del Palacio Nacional. Pero la rápida reacción del General Lauro Villar, Jefe Militar de la Ciudad de México y un hombre leal hasta la muerte a Madero, le permitió retomar el control del Palacio Nacional, liberar a Gustavo Madero y al Almirante Bassó y tomar posiciones para defenderlo; mientras tanto, los Generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, recién liberados ya se dirigían a Palacio Nacional; el General Gregorio Ruiz se había adelantado y al intentar ingresar a Palacio, es hecho prisionero junto con parte de su tropa por Villar, el resto se desbandó y varios se unieron ahí mismo a Villar, entre ellos el Coronel Morelos y el Vicealmirante Ángel Ortíz Monasterio.

En ese momento, eran las 7:00 am y aparece la columna de Reyes, Díaz y su gente, el General Lauro Villar, de manera valiente, sale él solo a su encuentro a la puerta de Palacio Nacional, entablando una fuerte discusión con Reyes; Villar le ordena a Reyes que desmonte y que deponga las armas, lo que hace Bernardo Reyes es echarle el caballo encima al General Villar, en ese momento se desata una fenomenal balacera, el primero en caer acribillado fué el líder golpista, General Bernardo Reyes Ogazón, mientras que el General Lauro Villar Ochoa cae herido con un balazo en un hombro y un rozón en el cuello. Ahí, en ese lapso de la mañana, murieron 43 leales a Madero, 115 golpistas y lo más lamentable, 647 civiles inocentes.

Eran apenas las 11:30 de la mañana, tras este primer fracaso y muerto el General Bernardo Reyes, líder de la conspiración, Manuel Mondragón y Félix Díaz y su tropa, se refugian en el edificio de La Ciudadela que funcionaba como cárcel para faltas administrativas, pero que además de manera muy secreta el General Ángel García Peña, Secretario de Guerra y Marina lo había convertido en un depósito de armas del Ejército; al apoderarse de La Ciudadela, Mondragón y Díaz asesinan de forma cobarde a los Generales Rafael Dávila y Manuel Villarreal, encargados del lugar. Al ocupar el edificio se llevan la enorme sorpresa de que ahí se almacenaban 55 mil fusiles, 30 mil carabinas, 26 millones de municiones de varios calibres, 100 ametralladoras Hotchkiss, Madsen y Rexer, 27 cañones y 5 mil obuses para cañón, armamento que estaba nuevo en su totalidad. Todo ese arsenal se lo robaron y de ahí armaron y dotaron de munición a todos los rebeldes golpistas.

Al caer herido, el General Lauro Villar es enviado a un hospital, ahí lo visita el Vicepresidente Pino Suárez, le lleva los saludos y el agradecimiento del Presidente Madero, pero también le comunica que mientras se recupera su puesto de mando será ocupado por el General Victoriano Huerta; la reacción inmediate de Villar fue decirle a Pino Suárez que no dejara que el Madero cometiera ese error y le dice: “Dile al Presidente que tenga mucho cuidado con Victoriano, no es de fiar, y se dice que está en tratos con Mondragón, con Díaz y con Wilson”… y Madero cometió su cuarto error.

Victoriano Huerta desnuda y muestra la víbora venenosa y ponzoñosa que hay dentro de él

Por alguna extraña razón, Madero le tenía confianza y aprecio a Huerta, eso sin contar con que Victoriano le sabía llegar a Madero, tal vez aprovechando su ingenuidad y su desmedida afición por el espiritismo; a su hermano Gustavo Adolfo Madero nunca le agradó ni confió en Huerta y se lo hacía saber al Presidente; sin embargo, Huerta le tenía preparada a Gustavo Madero una horripilante muerte.

Una vez que el Presidente Madero le confía a Victoriano Huerta la defensa de la Ciudad de México, las advertencias de su hermano Gustavo, del General Lauro Villar y del Secretario de Guerra y Marina, General Ángel García Peña salieron sobrando; lo primero que hizo Huerta fué hacer amarres y negociaciones con el Embajador Henry Lane Wilson, con el General Mondragón y con el General Félix Díaz; Victoriano Huerta quería ser presidente y Félix Díaz también, pero Huerta lo convenció de que una vez derrocado Madero él se instalaría como Presidente y a la vuelta de un año le cedería el poder a Díaz, y éste se lo creyó completito el cuento.

Por separado, Huerta traía su enjuague con el embajador Lane Wilson, quien le propuso poner en contra de Madero a todo el Cuerpo Diplomático acreditado en México, para facilitarle el camino, a cambio de que le permitiera a Lane Wilson de manera secreta y confidencial, prenderse de la ubre presupuestal y cobrar un jugoso sueldo mensual del Gobierno Mexicano, algo que Madero con justa razón le había negado.

Entonces Victoriano Huerta, jugando a dos manos, cada una sin saber el juego de la otra, arregla con los Generales Mondragón y Díaz un supuesto asalto a La Ciudadela, donde le haría creer al Presidente Madero que los tenía copados ahí, con la finalidad de que Madero le tuviera confianza; por otra parte, había arreglado con Lane Wilson que todo el Cuerpo Diplomático acreditado en México, en un hecho inusitado en la diplomacia mundial, fueran a exigirle la renuncia al Presidente Madero; para ir al frente, designaron al Embajador de España Bernardo Cologan, quien tristemente se prestó a esta deleznable maniobra que se le conoció como “El Pacto de la Embajada”, porque se fraguó en la Embajada de Estados Unidos.

A Huerta la doble jugada le salió más o menos, tirándole a muy chafa porque en el asunto de los embajadores, Madero los corrió a todos, menos al de Cuba; y en lo de La Ciudadela, Madero fue informado de que los supuestos “prisioneros” estaban armados y que además se les proveía de todo tipo de alimentos a la carta, todo esto le fue informado a Madero por su hermano Gustavo, en presencia del General Huerta y aún así, Madero lo ratificó en el mando de la defensa de la Ciudad de México. Ese fué su quinto error.

El 16 de febrero, Wilson y Huerta hicieron correr la versión de que el Presidente Taft había ya enviado tropas para invadir a México, esto con el fin de generar pánico entre la población ante otra invasión extranjera, Madero se comunica con Taft y este le aclara que es falso, quedando con esto descubierta la intervención del Embajador Wilson.

El día 17 de febrero Victoriano Huerta le informa al Presidente Madero de que se encontraba combatiendo rebeldes, pero resulta que Gustavo Madero y Jesús Urueta se lo encuentran comiendo y bebiendo alegremente en el Restaurant “El Globo”, junto con Félix Díaz y Manuel Mondragón. De inmediato Gustavo le informa a Madero y sin embargo Huerta le dice a Madero que estaba negociando la rendición de los sublevados; Madero de una manera entre inocente y lo que le sigue, le vuelve a creer a Huerta; ése fue su sexto error, que de paso selló el horrible final que habría de tener su hermano Gustavo.

El 18 de febrero, se define el golpe de Estado, Victoriano Huerta envió a Palacio Nacional al General Aureliano Blanquet con la orden de capturar al Presidente Madero y al Vicepresidente Pino Suárez; Blanquet irrumpió en Palacio en medio de una reunión que sostenía el Presidente; el Capitán Gustavo Garmendia, escolta personal de Madero disparó matando al Coronel Riveroll y al Capitán Izquierdo, pero en la balacera, el General Blanquet y el Mayor Enrique Cepeda se llevaron prisioneros a Madero y Pino Suárez. A la misma hora, Victoriano Huerta había citado a Gustavo Madero en el Restaurant “Gambrinus” con el pretexto de explicarle un plan para negociar con los golpistas y éste cayó en la trampa, ahí lo esperaba una compañía del Cuerpo de Guardabosques para hacerlo prisionero.

Ese mismo día por la noche, en la Embajada de Estados Unidos, el Embajador Henry Lane Wilson en una descarada intervención en la política internade México, desconoce a Francisco I. Madero como Presidente de México y proclama al General Victoriano Huerta como nuevo Presidente de México, en un documento firmado por el Cuerpo Diplomático acreditado en México, con excepción de los Embajadores de Cuba y España, que se rehusaron a firmar esa farsa.

El 19 de febrero, festejando en plena borrachera los soldados le exigieron a Félix Díaz les entregara a los Hermanos Madero y a Pino Suárez para lincharlos, éste se negó pero Huerta les aventó a la enardecida y alcoholizada soldadesca a Gustavo Madero, para que saciaran su sed de sangre.

Gustavo Adolfo Madero fue golpeado, escupido, lacerado, cruel y salvajemente martirizado; con una bayoneta le sacaron su único ojo útil, fué acuchillado, tasajeado y todavía vivo, le descargaron 37 balazos, para terminar quemando su cadáver, una vez que fue descuartizado. Sin duda, una horrible muerte. Con esto terminaron diez días de incontrolable violencia en la Ciudad de México.

22 de febrero, Madero y Pino Suárez son asesinados

El Embajador de Cuba en México, el periodista Manuel Márquez Sterling y Loret de Mola había estado negociando con Victoriano Huerta la posibilidad de garantizar la vida de Madero, Pino Suárez y del General Felipe Ángeles, también prisionero, trasladándolos a Veracruz para llevarlos a Cuba; Huerta aparentó acceder, pero en el fondo pensaba asesinarlos y le dijo al embajador que sí, pero que por seguridad tendrían que trasladarlos de La Ciudadela a la Prisión de Lecumberri; Márquez Sterling aceptó y solicitó al Presidente de Cuba José Miguel Gómez, apoyar con un barco cubano para el traslado.

El 21 de febrero, los Generales Félix Díaz, Manuel Mondragón, Rodolfo Reyes, Aureliano Blanquet, además del Mayor de Rurales Francisco Cárdenas y el Cabo Rafael Pimienta se reúnen con el usurpador presidente Victoriano Huerta en Palacio Nacional para planear el asesinato de Madero y Pino Suárez. El plan era sacar a los prisioneros con una orden de traslado a Lecumberri y hacerles creer que ahí estarían a la espera de abordar el tren a Veracruz, una vez que llegara el barco que enviaría el Gobierno de Cuba para llevarlos al exilio; cuando estuviesen afuera de la cárcel para abordar el traslado, se simularía un tiroteo y ahí serían asesinados con el pretexto de que habían tratado de rescatarlos. El Mayor Francisco Cárdenas pregunta a Huerta: “Señor presidente, ¿qué hacemos con el General Felipe Ángeles?” y la respuesta de Victoriano Huerta fue lacónica y precisa: “Al General Ángeles me le respetan la vida, no quiero problemas con Pancho Villa”.

A las seis de la mañana del sábado 22 de febrero de 1913 se presentan el Mayor Cárdenas y el Cabo Pimienta con un agrupamiento de soldados con la orden de trasladar a los prisioneros a la Prisión de Lecumberri; les explican que el Presidente Huerta desea que estén en Lecumberri a la espera de abordar el tren a Veracruz porque el barco cubano ya viene en camino para llevarlos a Cuba; el General Felipe Ángeles les pregunta que si también a él lo van a trasladar y el Mayor Cárdenas le responde: “A usted no mi General, usted no tiene ningún problema”; en ese momento el General Felipe Ángeles supo que se los llevaban al matadero.

Ya fuera del edificio, antes de subir al vehículo de traslado, Francisco Ignacio Madero González y José María Pino Suárez son cobardemente asesinados por la espalda; acto seguido el General Felipe Ángeles es liberado de prisión.

Repercusiones

+ Victoriano Huerta impuso un gobierno basado en la tiranía militar.

+ Desconoció todos los avances democráticos que había iniciado Madero.

+ Los Gobiernos de Estados Unidos, Cuba, Chile y España nunca reconocieron al Gobierno de Huerta.

+ El Gobierno de Estados Unidos retiró al embajador Henry Lane Wilson y lo llevó a juicio político.

+ El Gobierno de Huerta duró un año y cinco meses, en 1914 fue derrocado por Pancho Villa.

+ El saldo de la Decena Trágica en la Ciudad de México fué de 2 mil muertos y 3 mil heridos, la gran mayoría fueron civiles inocentes, todo ese baño de sangre en tan solo diez días, a causa de la disputa por el poder político.

Fuentes Bibliográficas:

+ cndh.org.mx

+ www.gob.mx/sedena/documentos

+ sedena.gob.mx

+ memoricamexico.gob.mx

+ erevistas.uacj.mx

+ relatosehistorias.mx

+ es.wikipedia.org