miércoles, junio 19, 2024

Cultura

Jirones de nuestra historia. Los sonorenses

“Los sonorenses”, ¿Quiénes eran?, ¿Qué pretendían? y ¿Qué papel jugaron en la historia de México?

Por: José Luis Jaramillo Vela

Comenzando por el principio…

Durante toda la época del Virreinato de la Nueva España, los territorios de las actuales Estados de Sonora y Sinaloa eran uno solo, se llamaban La Intendencia de Arizpe y pertenecían a la Gobernación de la Nueva Galicia, cuya capital estaba en Guadalajara. En 1823, ya en el México independiente, las dos regiones son separadas y nombradas como Sonora, con capital en Ures y Sinaloa, con capital en Mazatlán.

Pero en 1824 vuelven a ser reunificadas y se les nombra como La Provincia de Sonora y Sinaloa, estableciéndose la capital de nueva cuenta en Arizpe, Sonora. A partir de aquí, comienzan las luchas de poder que llevarían a una nueva separación; en Arizpe estaba establecida la poderosa familia Corella y en Álamos, Sonora estaba el asiento de otro grupo muy poderoso: la familia Almada; ambas familias con diversos intereses que muy pronto entraron en conflicto.

Los Almada querían que la capital se trasladara a Álamos y que se dividiera la provincia; los Corella deseaban que la capital permaneciera en Arizpe y que la provincia se mantuviera como una sola; sin embargo, los Almada, haciendo gala de triquiñuelas, enjuagues y cochupos lograron en 1831 la separación de ambos territorios, entonces la capital se movió a Hermosillo, pero en 1832, los Corella lograron mover de nuevo la capital hacia Arizpe, con la consiguiente irritación de los Almada.

Finalmente, en 1837 la capital se establece de manera definitiva y permanente en Hermosillo; terminando con las diferencias entre los diversos grupos antagónicos, quienes entendieron que podían lograr más cosas en conjunto que distanciados y en conflicto. Con el tiempo, los grupos de poder sonorenses aprendieron a ir juntos en varios temas e intereses y esto se vió reflejado de manera más clara en la época de la Revolución Mexicana e influyeron de manera profunda y decisiva en el curso que habría de tomar nuestro país, durante y después de la Revolución Mexicana.

Otra época, otras familias, otros grupos de poder… la burguesía también tiene niveles

Con el tiempo, surgen nuevas familias y grupos de poder, que van tomando el control político y económico de Sonora; las familias Maytorena en Ures, los Morales y los libaneses Elías en Guaymas, los Obregón en el Valle del Yaqui; los Dessens en Hermosillo, los Pesqueira en la Sierra de Huépac, todos ellos fueron desplazando a los Corella y los Almada y otras familias, que seguían teniendo poder económico, pero sus intereses ya no estaban en la política.

En ese contexto, fueron creciendo jóvenes como Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta, Benjamín Hill y otros muchos, pertenecientes a familias muy poderosas, pero eran burgueses de tercer y cuarto nivel, que trabajaban para sus parientes muy poderosos, pero no tenían el acceso directo a los espacios de poder. Ellos veían como en Sonora se abrían enormes complejos mineros como los de Cananea, Sahuaripa y Nacozari; los enormes y productivos valles agrícolas y las planicies ganaderas, todo ello en manos de sus parientes y familiares muy poderosos; sin embargo, ellos no pertenecían a esos altos niveles de la burguesía sonorense.

Algunos de estos jóvenes se fueron a hacer carrera militar, otros se incrustaron en la política y muchos más siguieron laborando en el entorno familiar, muy cómodo y muy bien remunerado, pero con pocas oportunidades de escalar a altos niveles. Las cosas comienzan a tomar un giro inesperado, la crisis financiera mundial que golpeó muy fuerte a la economía de todo el mundo entre 1907 y 1909, repercutió en los precios del oro y la plata, provocó flujos migratorios importantes y desestabilizó a gobiernos de todo el mundo, como el de Porfirio Díaz, que vió en esta crisis, el inicio de manifestaciones de inconformidad social en México.

La caída de Porfirio, el ascenso de Madero, la alcaldía y la gubernatura, se consolidan Los Sonorenses

Cuando en 1909 surge Francisco I. Madero con su proyecto antirreeleccionista y funda el partido del mismo nombre, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Benjamín Hill se unen a Madero y comienzan a llevarle simpatizantes, desde ahí ya Obregón le estaba dando forma a su idea, que en un principio llamó “Grupo de Sonorenses amigos de Madero”, con el fin de crecer e incrustarse en las filas maderistas, para que una vez derrocado Porfirio Díaz, de ahí saltar a ocupar cargos en el gobierno de Madero.

A la caída del Porfiriato, Obregón es requerido por su hermano José, quien resultó electo como alcalde de Huatabampo, Sonora, para que le ayudara organizando a la policía y a las milicias locales; en ese puesto, Obregón tejió una red de excelentes relaciones con todos los sectores de la región, desde las tribus yaquis, los agricultores, comerciantes, ganaderos, de modo tal que decide lanzarse como candidato para alcalde de su natal Navojoa, Sonora, y gana la elección; este hecho, definió por completo el rumbo que tomaría el famoso grupo de “Los Sonorenses” y su influencia en el México del nuevo siglo XX.

Como alcalde de Navojoa, Obregón tuvo mucho y muy frecuente contacto con el Gobernador de Sonora, José María Maytorena, también maderista, quien le tenía simpatía y tomaba muy en cuenta sus opiniones políticas. Con la confianza que le tenía el Gobernador Maytorena, Obregón aprovechó la ocasión y consolidó su grupo, al que se unieron en un principio, Plutarco Elías Calles, Benjamín Hill, Ignacio Pesqueira y Adolfo de la Huerta, todos ellos sonorenses y con excepción de de la Huerta, todos militares, este grupo después crecería más.

El plan de Los Sonorenses era el de hacerse con la gubernatura de Sonora para después buscar la Presidencia de la República; cuando termina la gestión del Gobernador Maytorena, Los Sonorenses dan su primer paso y logran su primer objetivo, colocan al General Ignacio Pesqueira como Gobernador de Sonora. Una vez lograda la gubernatura, ya no la soltarían.

La “administración de la guerra”, el éxito de Los Sonorenses

El rumbo y los efectos de la Revolución Mexicana en Sonora, fue muy diferente a la dirección que tomó el conflicto en el resto del país, Los Sonorenses habían detectado y analizado muy bien el entorno social y político del movimiento y actuaron en consecuencia. Para este momento, el grupo de Sonora ya estaba conformado por dos secciones, una militar y la otra política y social.

Álvaro Obregón puso al frente de la sección política del grupo, al ingeniero y político chihuahuense Luis L. León, quien junto con un grupo de politólogos de inmediato diseccionó y analizó el movimiento revolucionario y se dio cuenta de que el villismo de Chihuahua y Durango, era muy diferente al zapatismo del sur del país; ambos, aunque auténticos, eran diferentes; notaron que Pancho Villa, a pesar de todo era un hombre noble, leal y sincero y ese sello se lo imprimía al villismo; mientras que Emiliano Zapata era más enconchado y reconcentrado y el zapatismo tomó un rumbo con tintes socialistas y comunistas muy radicales.

Después analizaron los planteamientos políticos y las ideas de Madero y Carranza y notaron que estaban más fundamentados en el conservadurismo de los grandes hacendados y de la burguesía empresarial, por lo que se alejaban del ideal revolucionario.

Con esta radiografía del movimiento revolucionario, Obregón le lleva los datos al Gobernador Ignacio Pesqueira y deciden que la política interna del Estado de Sonora, será lo que los historiadores han llamado como la “administración de la guerra”. El primer objetivo era enfocar la economía sonorense en el modelo capitalista, pero sobre una base de amplios consensos y negociaciones políticas con todos los sectores y grupos sociales de Sonora; Pesqueira, Obregón y Luis L. León, negociaron con los obreros, con los sindicatos mineros, con los agricultores, ganaderos, hacendados, comerciantes y con las tribus Yaqui; la premisa y promesa era solo una: el Gobierno del Estado proveería a los ciudadanos paz, tranquilidad, bienestar y seguridad sobre sus bienes y personas; a cambio, todos los ciudadanos se dedicarían a seguir trabajando y produciendo en paz y en orden, alejando de su mente la idea de irse a la revolución.

El segundo objetivo fue profesionalizar las fuerzas militares del Estado y las policías municipales para poder brindar la seguridad ofrecida; para ese fin, Obregón echó mano de tres temibles generales de su máxima confianza: el sinaloense, General Ángel Flores; el chihuahuense, General Roberto Cruz y el zacatecano, General Luis Medina Barrón; estos tres generales, se encargaron de crear un nuevo modelo de disciplina, financiamiento, equipamiento y adiestramiento de todas las fuerzas armadas sonorenses, logrando crear un estado de fuerza muy profesional, muy bien equipado y entrenado y mejor pagado.

Con estas políticas que los historiadores llaman “administración de la guerra”, el Estado de Sonora mantuvo intactas sus unidades de producción, y a pesar del fragor y la violencia de la revolución, mantuvo a la región aislada del conflicto, aunque sí hubo algunas incursiones villistas y orozquistas, no pasó a mayores. Pareciera que el Estado de Sonora era ajeno al movimiento revolucionario mientras el país ardía en llamas, pero en realidad el éxito fue la negociación política y una fuerza militar profesional, para los estándares de la época.

“Los Sonorenses” brincan a la escena nacional, aunque su reputación dejaba dudas

En los entretelones de la revolución y de la política, había trascendido por todos lados, la traición que Álvaro Obregón le había tendido a Pancho Villa en Chihuahua, habiendo sido descubierta y comprobada, Villa ordena el fusilamiento de Obregón, pero la intercesión de los hermanos Madero en favor de Obregón ante Villa, lo salvó de la muerte; también era conocido su repentino acercamiento con otro traidor de marca registrada: Pascual Orozco; estas cosas no le abonaban mucho a Obregón, los hacían ver como traidores, pero el grupo de Los Sonorenses, ya sonaba en el ámbito político y revolucionario.

Después del asesinato de Madero, los grupos revolucionarios se aliaron con Venustiano Carranza en su proyecto de Gobierno Constitucionalista para combatir al usurpador Victoriano Huerta; al caer éste, se convoca a la Convención de Aguascalientes para ratificar o desconocer a Carranza como Presidente; Obregón, que apoyaba a Carranza se alistaba con su grupo para operar en la Convención y ratificar a Carranza, pero se le olvidaba un pequeño detalle, Villa era el hombre del momento, su División del Norte había derrotado a Huerta en Zacatecas, provocando su renuncia y su exilio del país.

Como se dice en el argot de la política, en ese momento Villa era “el que traía la bola” y se presenta triunfal en Aguascalientes con 45 mil hombres de la División del Norte, presentando al General Pánfilo Natera como nuevo héroe revolucionario, al haber aguantado el asedio durante la Toma de Zacatecas; el General Felipe Ángeles operó por instrucciones de Villa para desconocer a Carranza, nombrando a Eulalio Gutiérrez como Presidente Interino y convocar a elecciones.

En realidad, Villa con sus debidas reservas, apoyó a Carranza hasta una semana antes de la Toma de Zacatecas, ahí se dio el rompimiento, tras descubrir un complot de Carranza y Obregón para hacerle vacío al General Pánfilo Natera en Zacatecas y culpar a Villa por falta de apoyo en esa batalla (ese tema de la Batalla de Zacatecas, merece ser comentado aparte).

Venustiano Carranza gana las elecciones y Los Sonorenses ya están en el Gobierno Federal

Al ganar Carranza las elecciones, el General Álvaro Obregón es nombrado como nuevo Secretario de Guerra y Marina, y con él llega toda la rama militar del grupo de Los Sonorenses a ocupar dicha Secretaría; gracias a la influencia de Obregón con Carranza, otros miembros del grupo son hechos diputados o senadores, algunos hasta gobernadores, como el General Plutarco Elías Calles, como Gobernador de Sonora, quien sustituye al General Ignacio Pesqueira, que a su vez es convertido en Senador de la República.

De esa forma, Obregón hábilmente comienza a mover sus fichas en el tablero político nacional, desde luego con miras a obtener la Presidencia de la República; Obregón trataba de influir en el Presidente Carranza para que adoptara el plan de gobierno tan exitoso que ellos habían implantado en Sonora, por su parte Carranza tenía otras prioridades, debido a que en 1915 Villa y Zapata tomaron la Ciudad de México, obligando a Carranza a  trasladar los poderes a Veracruz; los dos jefes revolucionarios lanzan un ultimátum a Carranza sobre el reparto de tierras; Carranza entendió el mensaje, pero también envió al General Obregón con la consigna de acabar con Villa y al General Aureliano Blanquet para acabar con Zapata. Obregón le asestó severas derrotas a Villa, lo sacó de la revolución y lo orilló al bandidaje; mientras que Blanquet no hallaba a Zapata por ningún lado, quien se escondía por todo el sur y sureste del país.

En 1916, Carranza impulsa la formación de un Congreso Constituyente en Querétaro y redacta la nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, donde incluye la nueva Ley Agraria, los Derechos del Hombre y los Derechos sociales. En 1917, el Congreso emite la nueva Constitución, misma que hasta la fecha constituye la Carta Magna de nuestro país. Y con esta nueva Constitución, Carranza inicia con el tan ansiado y anhelado reparto y restitución de tierras a los campesinos.

Distanciamiento y rompimiento entre Los Sonorenses y Venustiano Carranza

Por supuesto que Carranza veía muy bien el plan de gobierno implantado en Sonora, pero él también tenía su proyecto, sus prioridades y su plan para el futuro de México; impulsó la nueva Constitución Política, inició con el reparto agrario, plasmó los derechos humanos en la Constitución, impulsó la política exterior mexicana, pero no quería que su sucesor fuera un militar, no deseaba más gobernantes militares en nuestro país, pensaba que los militares debían estar sometidos a un gobierno civil y quería encauzar al país por la senda de los gobiernos civiles.

Obregón fue percibiendo esta actitud en Carranza, pero ya era muy tarde para Venustiano, Obregón tenía su proyecto y sus aspiraciones y lo fue construyendo poco a poco, con paciencia, de tal manera que de repente Carranza se da cuenta de que tiene a todo el grupo de Los Sonorenses incrustado en el gobierno, en puestos de poder, ya fuera como secretarios de estado, como diputados, como senadores, como gobernadores y a todos los militares en la Secretaría de Guerra y Marina; por si fuera poco, sabía que Villa y Zapata era más probable que se unieran a Los Sonorenses que a él, debido a la feroz persecución que desató en contra de ambos líderes revolucionarios.

Para la sucesión presidencial de 1920, se lanzaron dos candidatos: el General Álvaro Obregón y el General Pablo González Garza (este último fue quien por órdenes de Carranza organizó el asesinato de Emiliano Zapata), sin embargo, Carranza estaba dispuesto a impedir que otro militar llegara a la Presidencia de la República y decide intervenir abiertamente en el proceso electoral, lanzando a su propio candidato, pero se da cuenta de que no tiene gallos finos en el gallinero y no le queda más remedio que lanzar a su embajador en Washington, el Ingeniero Ignacio Bonillas Fraijo, quien para desgracia de Carranza, también era sonorense, aunque no pertenecía a ese grupo político, pero ya se sabe que la cabra siempre tira al monte.

Carranza no puede con la enorme y creciente popularidad de Álvaro Obregón e intenta un último recurso para inhabilitarlo por la vía judicial y lo vinculan a un intento de rebelión militar que había promovido el General Roberto Cejudo, al que Obregón era ajeno, pero le generaron una orden de detención y se ve en la necesidad de huir hacia Guerrero, en donde comienza a organizarse para levantarse en armas y defender su candidatura.

Carranza le rasca las bolas al tigre

De manera simultánea, Carranza decide intervenir y ocupar el Estado de Sonora para terminar con el bastión sonorense, designa al General Manuel Macario Diéguez como nuevo Jefe de Operaciones Militares en Sonora, ordena intervenir la cuenca del Río Sonora, ocupando los pueblos de Bacanuchi, Bacoachi, Baviácora, Ures y Huépac, y quedando prácticamente copada la ciudad de Arizpe, sitio por demás emblemático para los sonorenses.

La reacción fue inmediata, el Gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, quien consideró esta acción como un ataque a la soberanía del Estado, hace un fuerte reclamo a Carranza por esta intromisión sin aviso alguno; Carranza se va por la tangente, respondiendo que dicha acción es por la seguridad del Estado; de la Huerta le responde que eso no es verdad, ya que ellos tienen tan buenas milicias, que la revolución casi no los afectó, también le hace ver a Carranza que no aprueba al General Diéguez como Jefe de Operaciones; por su parte Carranza riposta que la designación de los Jefes de Operaciones Militares en los Estados de la República le corresponde al Presidente y no está sujeta al gusto de los Gobernadores, luego le dice que el Río Sonora no es propiedad del Estado, sino de la Federación, para terminar, acusa al Gobierno de Sonora de azuzar a las tribus Yaquis contra los soldados federales.

Carranza y Diéguez amenazan con enviar veinte mil hombres a invadir Sonora y advierten: “así que vayan escogiendo a qué bando van a pertenecer”, la única forma de invadir a Sonora era por la vía de Janos, Chihuahua y por la vía de Los Mochis, Sinaloa y los gobernadores de ambos estados eran carrancistas, Andrés Ortiz Arriola de Chihuahua y Alejandro Ross Vega de Sinaloa; de la Huerta envía al General Ángel Flores a cubrir la posible entrada por Mochis y de la Huerta y Plutarco Elías Calles se van a Agua Prieta a cubrir ese flanco.

El 23 de abril de 1920, Plutarco Elías Calles proclama el “Plan de Agua Prieta”, el cual desconocía al gobierno de Carranza y exigía su renuncia; de manera inmediata se adhieren al plan los gobernadores, diputados, senadores y políticos importantes; Carranza se ve acorralado y decide trasladar los poderes a Veracruz, pero nunca llegó, el 21 de mayo de 1920 es asesinado en Tlaxcalantongo, Puebla; mientras que el General Manuel M. Diéguez era derrotado y aplastado en Agua Prieta, Sonora. Oficialmente, esta fue la última batalla de la Revolución Mexicana.

Adolfo de la Huerta es declarado Presidente Interino, convoca a elecciones y triunfa arrasando Álvaro Obregón.

Los Sonorenses logran su objetivo

Como por arte de magia, el país recuperó la tan ansiada paz que llegó a todos los rincones; los grupos entendieron que había un nuevo orden nacional y se sometieron a él. Obregón comenzó a aplicar la misma fórmula política que tanto éxito les había dado en Sonora: la negociación y el diálogo por sobre todas las cosas, así hasta lograr los consensos con todas las partes y consolidar la gobernabilidad, algo que le había faltado a los gobiernos anteriores; y por otro lado un ejército sólido, firme, disciplinado, moderno y bien pagado. Ese era el Plan Sonora.

A pesar de que las gubernaturas de los Estados y el Gobierno Federal se llenaron de militares, Álvaro Obregón no era un presidente ni represivo ni militarista, era muy conciliador y con él inició una etapa de paz, orden, trabajo y crecimiento; es verdad que con Los Sonorenses creció la burguesía, pero también la clase media y decreció la pobreza. Sentaron las bases para el progreso de México, aunque nunca exento de problemas, pero esa fue la base.

Los Sonorenses gobernaron hasta 1946, el último Presidente emanado de ese grupo, y también el último Presidente militar fue el General Manuel Ávila Camacho.

Fuentes Bibliográficas:

+ lasillarota.com

+ secuencia.mora.edu.mx

+ ciesas.repositorioinstitucional.mx

+ www.gob.mx/siap

+ sonorastar.com

+ cndh.org.mx

+ Facebook.com

+ mexicodesconocido.com.mx

+ memoriamexico.gob.mx

+ www.sedena.gob.mx

+ es.wikipedia.org