martes, abril 16, 2024

Cultura

Jirones de nuestra historia

General Antonio Rosales, héroe de San Pedro y Navolato que derrotó a los Franceses al intentar apoderarse de Sinaloa y Sonora; a 157 años de suMuerte.

Por: José Luis Jaramillo Vela

Zacatecano por nacimiento, sinaloense por adopción y mexicano hasta las cachas.

Nació entre los meros Cañones de Juchipila, Zacatecas un 11 de julio de 1822 (apenas un año después

de que México logró su Independencia), bajo el nombre de José Antonio Abundio de Jesús Rosales

Flores; su infancia transcurrió feliz y tranquila, sus padres no eran acaudalados, pero sí tenían los

medios suficientes para que su familia no pasara penurias. Ahí en Juchipila hizo sus primeros estudios y una vez terminados, sus padres lo envían al Seminario de Guadalajara, donde terminó la secundaria y la preparatoria.

Desde la secundaria Antonio adquirió el gusto por el conocimiento y la escritura; en la preparatoria descubrió que tenía inspiración y dotes para escribir poesía, así como para la prosa y comienza a

escribir pequeños poemas. Al terminar sus estudios de preparatoria, el joven Antonio Rosales se enlista

en la Guardia Nacional para ir a pelear contra los Estados Unidos que habían invadido nuestro país, éste conflicto terminó en 1848 con la firma de los Tratados de Guadalupe – Hidalgo, entonces Antonio se regresa a Guadalajara, pero ya había adquirido el gusto por la milicia y las armas, y el grado de Coronel.

En Guadalajara nace el poeta, el periodista, el militar y el político.

Tras dos años de luchar contra los gringos, una vez terminada la guerra, Rosales se establece de nuevo en Guadalajara, en donde fundó el periódico de corte liberal “El Cantarito” que le sirvió no solo para

informar a la gente, también para publicar sus escritos y sus poemas y como trinchera política, ya que se

había convertido en un verdadero liberal, ferviente seguidor y admirador de las ideas liberales de Benito

Juárez y Melchor Ocampo. El periódico fué fundamental en la vida de Antonio Rosales, pues lo proyectó

en todos los aspectos: descubrió al inspirado poeta, al prolífico escritor, surgió el gran periodista y en lo político, asomó un rostro nuevo y fresco en el ambiente político y en las filas del Partido Liberal,

llamando rápidamente la atención del propio Benito Juárez.

A pesar de estar dedicado al medio periodístico, de publicar poemas y escritos de índole político, la

personalidad de Antonio Rosales no era de alguien que buscara estar bajo los reflectores, no le gustaba colgarse créditos que no le correspondían, tampoco “llevarse gente entre las patas” ni ocasionar daños colaterales con sus acciones; tampoco le gustaba pavonearse ni figurar a toda costa por sus logros. Era un hombre que había terminado la preparatoria, algo poco usual en la época, le gustaba mucho el conocimiento y constantemente se preparaba, era muy instruído; la guerra contra Estados Unidos había acendrado su profundo espíritu nacionalista y su sentimiento de mexicanidad a toda prueba y el destino le daría la oportunidad de demostrar esas cualidades.

Aparece el General Ramón Corona… para bien y para mal. Debido a sus actividades políticas y como periodista, aunado a su grado de Coronel, Antonio Rosales iba en ascenso, era muy bien visto dentro del Partido Liberal, se había declarado profundamente Juarista y ya estaba en la óptica de Benito Juárez, quien estaba ya muy próximo a ser Presidente de México. Producto de todas sus actividades, también llamó la atención del poderoso General Ramón Corona Madrigal, quien controlaba toda la acción militar y política desde Jalisco hasta Sonora y las Baja Californias.

El General Ramón Corona era un militar que poseía un don de mando como pocos militares lo tenían, era un hombre que así como daba, podía quitar; así como hoy te ponía aquí, mañana ya no estabas y desde luego utilizaba a su personal según sus conveniencias ya sea personales, militares o del Partido Liberal; pues bien, el General Corona invita al Coronel Antonio Rosales para irse con él a Sinaloa, que estaba atravesando una situación política muy especial, estaba mudando su capital de Culiacán a Mazatlán, que era la ciudad más importante y más grande, además contaba con el fuerte movimiento portuario y los enormes ingresos que entraban a través de la Aduana Marítima de Mazatlán.

El General Ramón Corona lo recomienda con el Gobernador de Sinaloa, Don Pomposo Verdugo y Verdugo, quien lo nombra como Director del Periódico Oficial del Estado, cargo que cumplió de manera tan exitosa durante dos años donde demostró su capacidad en el sector público, que le valió para ser nombrado como Secretario General de Gobierno.

Así cumplió el Coronel Antonio Rosales como Secretario General de Gobierno, al terminar Pomposo Verdugo siguió con otros seis gobernadores interinos, hasta que llegó en 1859 como Gobernador el General Plácido Vega Daza, un hombre que se decía ser liberal, pero que en su apariencia y en su estilo personal parecía emular a Maximiliano de Habsburgo, algo que a muchos no les gustaba; además no gozaba de las simpatías del General Corona.

El Coronel Antonio Rosales pieza clave en el ajedrez político del General Ramón Corona. El poder y la confianza que el Presidente Benito Juárez depositaba en el General Ramón Corona era tanto, que muchos pensaban en esa época y algunos historiadores en la actualidad, piensan que Juárez tenía temor a un golpe de estado de parte de Corona, de manera que solamente dándole poder lo tenía contento y la verdad era que Corona le entregaba buenos resultados y le era completamente leal, pero en la región que él controlaba tenía manga ancha, aunque consultaba a Juárez.

En junio de 1860 el Coronel Antonio Rosales y el Coronel Bibiano Dávalos, juntp con Remedios Meza y los hermanos Ricardo y Adolfo Palacio, conspiraron por órdenes del General Ramón Corona, para derrocar al Gobernador Plácido Vega Daza; la conspiración fue descubierta y los conspiradores hechos prisioneros, Antonio Rosales fue desterrado a la Prisión Militar de Acapulco, de donde se fugó al año siguiente. En 1863, el Coronel Rosales regresa a Culiacán, donde es nombrado Prefecto de la Ciudad y de nueva cuenta pretende derrocar al Gobernador Plácido Vega, quien enfurecido con Corona y Rosales, lo destierra hasta San Francisco, California.

Al terminar su gobierno, Plácido Vega es enviado por el Presidente Juárez a comprar armas y municiones a San Francisco para enfrentar la Segunda Intervención Francesa que Napoleón Bonaparte había ordenado en apoyo al Emperador Maximiliano de Habsburgo contra Benito Juárez. Una ironía del destino, estando Plácido Vega en su misión en San Francisco, acude a él Antonio Rosales, que él mismo había desterrado, para pedirle apoyo económico para subsistir y regresar a México; Vega, dejando a un lado las cuestiones personales, lo ayuda y le da dinero para su subsistencia y para regresar a Sinaloa (curiosamente, al regresar Plácido Vega a México tras haber cumplido el encargo del Presidente Juárez, el Secretario de Gobernación Sebastián Lerdo de Tejada le exige la comprobación de sus gastos y lo único que no pudo comprobar fué el dinero con el que había ayudado a Rosales; nunca mencionó el hecho y Lerdo de Tejada lo acusó de robo a la Patria y lo envió a prisión).

General Antonio Rosales, Gobernador de Sinaloa.

En 1864, ante el avance del Ejército Francés y la muy tibia y casi nula acción del Gobernador Don Jesús García Morales por defender al Estado de Sinaloa, el General Ramón Corona y el Coronel Antonio Rosales al frente de sus tropas toman la Capital y derrocan al Gobernador García Morales, a quien se le concede la libertad y huye a su tierra natal en Sonora; Antonio Rosales es ascendido a General y es nombrado como nuevo Gobernador del Estado de Sinaloa. La invasión francesa a Sinaloa estaba ya casi encima y el Gobernador Rosales tenía que preparar la defensa del Estado; aún así, se dio tiempo para tratar de ordenar algunos asuntos y poner en marcha y gestionar otros, puesto que ése era su trabajo. El Gobernador Jesús García Morales es derrocado, dejando a la Capital Mazatlán, ocupada por los franceses.

El General Antonio Rosales demuestra su lealtad al Presidente Benito Juárez.

El país estaba invadido por el Ejército Francés que vino en apoyo del Emperador Maximiliano de Habsburgo; el Gobierno Itinerante del Presidente Benito Juárez se había establecido en Chihuahua y caminaba rumbo a Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez) porque ya los franceses estaban entrando a territorio chihuahuense; los generales franceses Charles Ferdinand Latrille, Francois Achille Bazaine y Gastón Galliffette traían la orden de Napoleón de ir por la cabeza del Presidente Juárez; las intenciones de Napoleón Bonaparte eran afianzar la monarquía de Maximiliano, derrocar y asesinar a Juárez e invadir a los Estados Unidos, apoderándose de la frontera norte de México, aprovechando que los gringos estaban inmersos en su Guerra Civil.

El Presidente Juárez solicita a los Gobernadores Ignacio Pesqueira de Sonora y Antonio Rosales de Sinaloa, ambos juaristas, tropas de apoyo para poder sumarlas a las tropas federales y a las tropas estatales de Chihuahua y poder sacar a los franceses de Chihuahua. Ambos gobernadores le responden a Juárez con tropas, pero el General Rosales se queda únicamente con 240 hombres y ya con los franceses por desembarcar en Sinaloa; ahí demostró Rosales su lealtad no sólo a Juárez, sino a la Patria.

Batalla de San Pedro y Navolato, el Gobernador Antonio Rosales se cubre de gloria. La situación para el Gobernador Rosales está en chino; por una parte tiene a la Capital Mazatlán ocupada por los franceses y él sabe que los tiene que sacar de ahí; por otro lado, al enviar el grueso de sus tropas a Chihuahua en apoyo al Presidente Juárez, sólo se quedó con 240 hombres, insuficientes para salir bien libado de una batalla; entonces lo que necesita el General Rosales es tiempo, para que lleguen el Batallón de Lanceros de Jalisco y una pequeña Compañía de Tepic que vienen en apoyo… tiempo e ingenio militar.

Cualquier militar de medio pelo sabe que en la guerra los tiempos son factor de ventaja o desventaja, y los franceses le dieron a Rosales todo el tiempo para planear su estrategia… y ése fue su error. Rosales cerró el Puerto y la Aduana Marítima de Mazatlán a toda la navegación de altura y mercante; se fué a Culiacán y desde ahí ordenó establecer la Aduana Marítima en el Puerto de Altata que fue elevado a la categoría de Puerto de Altura. La estrategia del General Rosales era la siguiente: primero, salir de Mazatlán y hacerles creer a los franceses que abandonaba la capital y entregaba la plaza; segundo, llevarse a los franceses hacia Altata, puerto .y territorio que no conocían y concentrar a su gente en Culiacán; tercero, ganar tiempo, tiempo para que llegaran los refuerzos de Jalisco y Tepic, además en Chihuahua las tropas mexicanas ya habían derrotado a los franceses, quienes huyeron rumbo a Saltillo; Rosales tenía la esperanza de que hubiera tiempo para que su tropa de regreso los apoyara y; cuarto, si derrotaban a los franceses, regresar a Mazatlán y recuperar la Capital.

El 20 de diciembre de 1864, los buques de la Armada Francesa, “Cordellier”, al mando del Capitán Normand du Kergirst con 200 soldados franceses, 200 aliados mexicanos y el Cañonero “Lucifer”, al mando del General Gaziel Bel Kassam, con 400 hombres de la “Legión Extranjera Francesa de Argelia”, desembarcan en Altata, Sinaloa con la intención de apoderarse de la ciudad de Culiacán, para de ahí avanzar hasta Arizpe, Sonora, donde esperarían órdenes para tratar de invadir a Estados Unidos.

Entre las tropas francesas venían un pelotón de oficiales mexicanos aliados a los franceses, encabezados por el General Domingo Cortés y por Jorge Carmona, ambos traidores a la Patria; por órdenes del General Gaziel Bel Kassam, escriben una carta donde le solicitan al General Rosales que, con la finalidad de evitar derramar sangre, es necesario que se rinda, que entregue la plaza y que entregue todas las armas; de lo contrario sería arrasada la Ciudad de Culiacán. La respuesta del General Rosales fue muy clara: “No se negocia ni con cobardes ni con traidores a la Patria”.

A duras penas el General Rosales logró reunir a casi cuatrocientos hombres, entre sus 240, más los Lanceros de Jalisco y el Batallón Hidalgo de Tepic y más los civiles sinaloenses que se unieron a la defensa de su tierra; las tropas invasoras no conocían el terreno, ni siquiera los aliados mexicanos, mucho menos los extranjeros y eso jugó en beneficio de los sinaloenses. Desde el mismo día 20 de diciembre, el General Rosales había dispuesto una serie de francotiradores que atacarían desde las sombras y se iban a ir moviendo de acuerdo con el avance de los agresores, así es que el día 21 de diciembre, cuando los franceses salen de Altata con rumbo a Navolato, los francotiradores comienzan a hacer su trabajo, causando múltiples bajas al enemigo y replegándose conforme éstos avanzaban, de tal modo que siempre estaban en posición de ataque frente al enemigo y estos no lograban ni siquiera ubicarlos con precisión.

El mismo día 21 de diciembre muy temprano, el general Rosales despliega al resto de sus tropas a las afueras de Culiacán con la intención de evitar que el invasor entre a la ciudad; ahí mismo recibe la noticia de que sus francotiradores están causando estragos en las filas enemigas, ésta noticia redobló el estado de ánimo entre sus tropas. El día 22 de diciembre el General Gaziel Bel Kassam ordena hacer un alto a las afueras de Navolato, con la intención de reagrupar a sus tropas y rediseñar su estrategia debido a la gran cantidad de bajas que les habían causado los francotiradores del General Rosales; por su parte Rosales aprovechó el día 22 para modificar su estrategia, tenía a los franceses tal y como el quería, desconcertados y con gran parte de su tropa fuera de combate y además justo a las afueras de

Navolato, el panorama del escenario de guerra estaba de acuerdo a como él lo había planeado.

El General Rosales sabía muy bien que, de Navolato hacia Culiacán tendrían los franceses que pasar por los campos de San Pedro y ahí en terreno abierto los podría asediar por varios lados. Lo que nunca supo el General Gaziel Bel Kassam fué que los francotiradores mexicanos estaban justo en su retaguardia, detrás de ellos, Rosales había ordenado que ahí permanecieran, con la intención de que una vez que salieran de Navolato, acorralarlos por diferentes puntos. El día 22 de diciembre, el General Rosales se mueve y avanza hasta San Pedro y distribuye a sus hombres de manera que formen un cerco a la llegada de los franceses.

El día 22 de diciembre de 1864, los franceses se mueven de Navolato y avanzan hacia Culiacán, el General Rosales ya tenía dispuesta la trampa, por el centro estaba el Comandante Evaristo González con la artillería y parte de infantería; el Comandante Jorge Granados del Batallón Mixto, por el flanco derecho; el Coronel Ascensión Correa del Batallón Hidalgo de Tepic por el flanco izquierdo; el Jefe Pedro Betancourt del Batallón de Ciudadanos Sinaloenses, apoyando a la artillería e infantería; el Coronel Francisco Miranda del Batallón Lanceros de Jalisco, cerrando la pinza en la retaguardia de los franceses, en apoyo al grupo de francotiradores; y al frente el General Antonio Rosales con un grupo de Caballería que se encargó de hacer una carga, provocando a Bel Kassam para que se movieran hacia donde estaban las tropas mexicanas esperándolos.

Una vez que estuvieron los franceses a la vista y a tiro de cañón, el Comandante Evaristo González abre fuego de artillería, y esa fue la señal para que se movilizaran las demás secciones de las tropas de Rosales, el cañoneo y fuego de artillería y fusilería duró aproximadamente media hora, al cerrarse las tropas mexicanas sobre los invasores se hizo más difícil el fuego abierto y se entabló la lucha cuerpo a cuerpo y a bayoneta calada; el General Domingo Cortés y Jorge Carmona, jefes de los soldados traidores mexicanos que acompañaban a los franceses fueron los primeros en huir y abandonar el campo de batalla (después fueron apresados a orillas del Río Humaya); poco a poco los franceses fueron cayendo hasta que se vieron tan disminuidos por la bravura de los mexicanos que tuvieron que rendirse y entregar las armas.

El día 23 de diciembre de 1864, el Gobernador de Sinaloa, General Antonio Rosales al frente de sus tropas, hace la entrada triunfal a Culiacán, ante el asombro y la algarabía de la ciudadanía ante la magnitud del hecho histórico: habían derrotado al mejor ejército del mundo, que además los superaba en número de elementos al doble. Entró a Culiacán con 98 prisioneros de guerra, entre franceses, argelinos y zuavos, incluidos el General Gaziel Bel Kassam y el Capitán Normand du Kergirst; al día siguiente 24 de diciembre, fueron hechos prisioneros 200 soldados traidores mexicanos, incluidos el General Domingo Cortés y Jorge Carmona, fueron sorprendidos a orillas del Río Humaya y se rindieron enterrando sus armas en la orilla del río.

Por órdenes del General Rosales, todos los prisioneros de guerra fueron tratados con respeto, cortesía y caballerosidad; a pesar de la presión pública, Rosales se negó a fusilar a ningún prisionero y eso le generó aún más simpatías; éstos detalles de Rosales, aunados a la bravura de los soldados mexicanos, generaron el respeto de los franceses y quedaron profundamente impresionados de tan caballeroso y magnánimo militar.

Muerte y legado del General Antonio Rosales.

El General Antonio Rosales pierde la vida el 24 de septiembre de 1865 en la Batalla de Álamos, en Sonora, en combate contra las últimas tropas imperialistas del General José María Tranquilino Almada, conocido como “El Chato” Almada; Rosales queda malherido y el General Tranquilino Almada, en una acción indigna de un militar, permite que un grupo de indios Yaquis de sus tropas, lo maten a golpes.

Los restos de Rosales fueron sepultados en Álamos, Sonora y después trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres, donde hasta hoy permanecen. Tanto fué el respeto que se ganó el General Antonio Rosales entre los franceses, que, a su muerte, el Ejército Francés colocó su bandera a media asta y envió sus condolencias al Ejército Mexicano por la pérdida de tan valiente héroe.

Siendo gobernador, Rosales gestionó la creación de un Liceo de Estudios Superiores en Sinaloa, mismo que después fue autorizado por el Presidente Benito Juárez y se llamó “Liceo Rosales”, que actualmente es la prestigiosa Universidad Autónoma de Sinaloa.

En honor a este ilustre héroe, la Capital de Sinaloa lleva oficialmente el nombre de Culiacán – Rosales.

Email: jaramillovela@hotmail.com

Fuentes Bibliográficas:

+ cdigital.dgb.uanl.mx

+ mediateca.inah.gob.mx

+ pri-sinaloa.org.mx

+ Navolato.gob.mx

+ revistaespejo,com

+ es.wikipedia.org