miércoles, abril 24, 2024

Eduardo Fernández, Opinión

La anexión ilegal rusa de territorios ucranianos

Perfil humano.

En una ceremonia celebrada en el Kremlin el presidente Vladimir Putin firmó la anexión de cuatro supuestas nuevas “repúblicas” a la federación rusa.

El problema es que el territorio de estas “repúblicas” es de Ucrania y está invadido por Rusia, por lo que la publicitada anexión es a todas luces ilegal y no se justifica con lo poco creíbles referendos que se celebraron en ellas para tomar tal decisión.

Lo mismo hizo Putin en el 2014 después de tomar Crimea y efectuar un “referéndum” mediante el cual la mayoría de sus habitantes aceptaban volver a ser rusos.

Estas anexiones ilegítimas no han sido aceptadas por la ONU y seguirán siendo objeto de conflictos como el que afronta actualmente Ucrania, la nación que padece las consecuencias de una guerra no declarada por los rusos.

Para Putin la anexión ilegal podría ser el fin de los enfrentamientos bélicos siempre y cuando lo aceptara el gobierno ucraniano. Así pareció demostrarlo en su discurso al declarar que era hora de darle vuelta a la página y que estaba dispuesto a negociar.

Obviamente el gobierno ucraniano no está de acuerdo en que Rusia se quede con el 20 por ciento de su territorio por lo que rechazó la decisión rusa de anexarse las provincias ocupadas de Donetsk, Luhansk, Jersón y Zaporiyia.

En esta última región el mismo día de la anexión misiles rusos mataron a 30 ucranianos que intentaban huir en un convoy de autos, lo que demuestra la forma peculiar de negociar de Putin.

La incorporación de las regiones ucranianas es tan burda e ilegal que la ONU de inmediato la rechazó e incluso México, que había tenido una postura tibia y neutral, se adhirió a la condena internacional.

Los únicos que celebran esta ilegítima acción son Putin y sus seguidores, entre ellos los representantes de las nuevas “repúblicas” que adquiere Rusia por la fuerza militar.

El mandatario ruso está siguiendo los pasos de Hitler al invadir territorios de otras naciones y luego anexarlos a su país con el pretexto de que sus habitantes así lo deciden, en este caso con la aplicación de referendos al vapor y con el uso de militares para llevarlos a cabo en forma coercitiva.

No estaba tan equivocado el rey Carlos III cuando hace tiempo afirmó que Putin era un nuevo Hitler, al que ahora el mundo tendrá que enfrentar como en su momento lo hizo tardíamente con el dictador alemán de origen austriaco.

Las medidas tomadas por Putin colocan a los aliados de la OTAN en una difícil y delicada posición pues no pueden intervenir directamente para enfrentar a los rusos en lo militar ya que se podría desencadenar una guerra nuclear, como lo ha amenazado veladamente Putin.

Ante la emergencia que vive su país el presidente Zelensky demandó que la OTAN incorporara de manera urgente a Ucrania para intentar evitar que los rusos continuaran con sus acciones bélicas.

El caso es desde luego más crítico para los ucranianos pues de continuar avanzando en el Donbás para recuperar su territorio podrían ser atacados por los rusos con cualquier tipo de arma prohibida, como puede ser alguna biológica e inclusive nuclear, con el pretexto de que están invadiendo ahora supuestamente terreno ruso.

Desde el principio de la ofensiva militar iniciada el 24 de febrero de este año Putin tenía el objetivo de quedarse con el territorio de esta zona del este y sur de Ucrania, más que ocupar a todo el país.

El presidente ruso no declaró abiertamente la guerra al gobierno ucraniano pues no tenía ningún motivo fundamentado para ello y prefirió lanzar una ofensiva militar para probar qué tanto territorio podría realmente invadir.

Ahora ante la fuerte resistencia ucraniana y el apoyo de las naciones europeas decidió conformarse con las pretendidas regiones independentistas por los que se las anexó con su pantomima de los referendos.

La adhesión forzada que acaba de realizar Rusia es un peligroso precedente y ejemplo que podrían seguir otras naciones que reclaman como suyos territorios de otros países, como es el caso de China con Taiwán.

La fortaleza y capacidad de la ONU están a prueba, al igual que la de otras organizaciones internacionales, para evitar se repita una nueva guerra mundial que podría ser la última para toda la humanidad.