lunes, abril 22, 2024

Fray Fernando, Opinión

La Cantina, dónde la palabra se humedece. Tragedias y pausas 

Tragedias y pausas .

“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Esto lo dijo Borges, pero ante realidades de enfermedad, carencias y otros males ¿Será Posible? 

Me quedan dudas razonables, sin embargo, tal vez podamos darnos un respiro ante el abatimiento de ver el estado de las emergencias del IMSS, o de los precios de la canasta básica y de la tragedia de los migrantes venezolanos. ¿Podría ser un respiro que nos dé por lo menos una pausa para sentir que no todo está perdido? ¿Cuántos de nosotros somos capaces de acopiar, cada día una versión del cielo en la tierra? 

No tengo respuestas cabales y sin embargo un amigo me dio una pista plena de dramatismo. Es un amigo que lucha contra el Alzheimer, batalla contra la oscuridad, amenaza que avanza día a día y le impide ver a plenitud la belleza de las cosas. 

Mi amigo, médico de profesión, comprende perfectamente en sus momentos de lucidez sus dificultades neuronales. Conmueve escuchar sus recuerdos: las geografías recorridas, el desarrollo de sus hijos, sus luchas políticas, su vida profesional y muchas cosas más. 

Observo, escucho y reflexiono frente al tránsito de la situación de mi compañero, luego me cuestiono ¿Será posible que aún en condiciones extremas el ser humano siga luchando y aportando hermosura en medio de un mundo cruel y discrepante? ¿Será que la vida puede imponerse aun en las situaciones más desoladoras y contra toda lógica? 

Esto me lleva a recordar la tromba de 1992 que arrasó la ciudad y afectó más a las colonias populares en donde la gente construyó sus casas en el lecho de los arroyos y volvieron a levantar sus viviendas en lugar seguro con muchas dificultades. Mi amigo fue uno de ellos y por ello me aproximo a una respuesta: tal vez él sea ejemplo del mismo impulso de quien ha perdido todo e intenta rescatar en medio de la niebla de sus días, la belleza de las cosas. Es el ejemplo de Anna Frank quien pensaba que no todo estaba perdido escondida en su refugio no tan secreto: “No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda”. 

Con todo, falta preguntar a las mujeres que no les alcanza el gasto para alimentar a sus hijos, a los trabajadores informales que no reúnen el “chivo diario”. A los familiares de quienes sufren la atención de sus enfermos en urgencias del IMSS, del ISSTE y del Hospital General. 

Podrán, como dice el poeta “¿Tener un respiro dentro del agobio? ¿llegar al oasis que permite aventurarse en el desierto? ¿Lograr la pausa que ayuda a sentir que no todo está perdido?” 

Como dice ya saben quién “Hay se los dejo de tarea”