5 diciembre, 2021

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Opinión.

Ismael Rodríguez: filmó, comió y se fue.

Para las nuevas generaciones la expresión “Ni hablar mujer, traes puñal”, no significa gran cosa, pero a los viejos nos lleva a la época en la que la trilogía de películas dirigidas por Ismael Rodríguez, e interpretadas por Pedro Infante: “Nosotros los pobres” “ustedes los ricos” y “Pepe el Toro” causaban furor.

El autor de estas tramas fue Ismael Rodríguez, director y guionista mexicano quien a lo largo de cinco décadas de creación fílmica fue ampliamente laureado, e incluso tuvo nominaciones a El Óscar por su película Animas Trujano.

Tras la muerte de Pedro Infante, Ismael se acercaría al ambiente de la Revolución Mexicana con varias película sobre el tema, especialmente con tres filmes al hilo dedicadas a la figura de Pancho Villa. Para ello, durante todo el año de 1957 se dedicó a prepararlas y filmarlas destacando anécdotas y hazañas en las que el Centauro del Norte fue interpretado por Pedro Armendáriz. Rodríguez afirmaba: “Se han hecho ya muchas películas, pero ninguna ha contestado a la pregunta esencial: ¿Cómo era Pancho Villa?”

Consecuente con su idea ocupó casi un mes a recorrer los estados de Durango y Chihuahua, recabando historias de sus Dorados, de ex-miembros de su tropa, de sus esposas, sus amantes y sus hijos, y encontró muchas historietas, temas que Ismael Rodríguez supo explotar a la hora de realizar aquellas tres producciones tituladas: Así era Pancho Villa (Cuentos de Pancho Villa), Pancho Villa y la Valentina (Más cuentos de Pancho Villa) y Cuando ¡Viva Villa! es la muerte.

La tríada fílmica que reunía un total de 21 anécdotas o cuentos cinematográficos, incorporó a la ciudad de Chihuahua y más concretamente al Mausoleo que el propio Villa había ordenado construir en el Panteón de la Regla bajo la meta de que ahí descansaran sus restos.

Fue así como un miércoles 19 de noviembre de 1959 Ismael Rodríguez arribo muy de mañana a Chihuahua y junto con su camarógrafo, vestuario e implementos de decoración partieron rumbo al Panteón de la Regla, hoy Parque Revolución. Se dirigían al citado Mausoleo, tumba en la que Francisco Villa nunca reposó por circunstancias bastante conocidas.

Poco antes de llegar al cementerio Rodríguez decidió ir primero a las inmediaciones del mercado “La Reformita” por la calle Juárez. Le guiaba el interés de encontrar a una persona que diera el perfil de un veterano de la revolución. Lo ubicó junto con dos niños: uno bolero, otro, un pequeño Tarahumara, pero su interés no terminó ahí, también se esmeró en encontrar un ramo de flores que diera el aspecto de una ofrenda humilde y estar un poco reseco.

Una vez conseguido sus objetivos se dirigió acompañado de sus “nuevas revelaciones” directamente al Panteón de la Regla y de inmediato empezó a aleccionar a sus improvisados actores. Después de 5 o 6 ensayos estos fueron lanzados a filmar. El “veterano”, un señor de aproximadamente 55 años y pelo cano hizo buen papel, así como el niño bolero, la presencia tarahumara no se logró porque Rodríguez cambió el libreto y el niño indígena al final no participó.

Tres tomas dejaron satisfecho al cineasta e inmediatamente ordenó recoger el escenario para luego dirigirse a un restaurante a consumir los sagrados alimentos del mediodía. De ahí se trasladaron al aeropuerto para tomar el vuelo de retorno al Distrito Federal.

Los nóveles actores tuvieron su momento de gloria y durante semanas se pasearon pavoneándose por el centro de la ciudad. Confesaron haber recibido una buena paga, aunque nunca dijeron el monto tal vez por cuidarse de “sablazos” y cobradores.

Fue así como Ismael Rodríguez, famoso director de cine, llegó, buscó, filmó, comió y se fue de Chihuahua capital.

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