miércoles, julio 06, 2022

Buzón, Fray Fernando

La Cantina, donde la palabra se humedece

Historias: la poliomielitis

Muchas gracias a: Teresita, Nicolasa, Cleotilde y Simonita, mujeres de temple a toda prueba.

Desde el inicio del siglo XX, hasta entrada ya su segunda mitad, pocas enfermedades daban más miedo a los padres de familia que la poliomielitis. La polio atacaba duro y las epidemias arrasaban las ciudades.

El mal se presentó en Chihuahua más o menos en 1946 y se pensó que el virus llegó a Chihuahua posiblemente de Estados Unidos y tal vez lo trajeron los braceros que en busca de trabajo emigraban al norte.

Tuve la fortuna de encontrar varias cartas, de las de antes, las que daban alegrías, pero también tristezas que abordaron el tema en la década de los cincuenta. ¿Qué hallé? Misivas que muestran cómo el cariño y el dolor traspasan generaciones.

Algunos de los que me mostraron sus tesoros, siendo niños, convivieron con los afectados por la polio. Otros nacieron mucho después y lo único que conocen de los ausentes es el efecto que provocó en sus hogares la violenta enfermedad. Una señora que sufrió la muerte de dos hermanas me comenta: ”En un principio no sabía para que quería las cartas, pero si sirve para que se recuerde a las víctimas para que su sufrimiento no caiga en el olvido, gustosa se las presto”

No se trata tanto de hacer “pedagogía” sino romper la opresión silenciosa de muchos años de quienes hoy ya viejos tienen necesidad de contar su experiencia, plena de empatía, de amor, reflejado en cada carta. Comparto algunos extractos de esas expresivas cartas

“Cómo olvidarlo”

Teresa de Jesús Rodríguez escribe a su hermana, doméstica de la colonia Industrial: “Pienso mucho en Manuelito, no puedo olvidarlo. Veo su retrato de la primera comunión y suelto el llanto”.

¿Guerra? La que vivimos

Nicolasa Juárez, habitante de las vecindades cercanas al río Chuviscar, se aplica en su carta en recordar a su hija que en marzo de 1955 tenía 10 años: “Yo creía que solo la guerra mataba, pero ahora es otra cosa, con un enemigo al parecer invencible, el castigo de la polio. Tenía tantas ganas de que viviera, se lo pedí a Dios muchas veces y mi comadre Chayo me dijo: no queda mas que resignarse, que tal y se lo deja paralítico para toda la vida”

Con frecuencia eran dos

Cleotilde Castellanos recuerda a sus sobrinos: “Eran dos, hijas de mi hermana. A su modo eran felices. Mi cuñado, aunque tomador, es buen proveedor, pero todo se cayó: les diagnosticaron la polio y todos a sufrir hasta su muerte. Se llevó primero a Esperanza y luego a Francisca, su corazón se detuvo en un segundo”

Ilusiones rotas

Simonita Hernández recuerda a su primo, Pedro, muchacho prometedor de 16 años:” Te cuento que murió Pedro. Como sabes le dio esa mugre enfermedad de la polio y sobrevivió con dificultad para luego andar arrastrando unos feos fierros. Nunca se repuso, se encerró en silencio y se fue secando hasta fallecer el martes pasado”

Estas son solo muestras de un sufrimiento individual y colectivo que debiera dejarnos grandes enseñanzas porque reflejan el sentir de una sociedad agobiada por un mal ya erradicado

Seguramente las reflexiones en relación al pasado y sus epidemias permitiría desde muchas formas trazar con la mayor claridad posible las diferencias y similitudes con el pasado, especialmente las discrepancias para cavilar acerca de cómo la gente que sufrió el ataque de polio hace 70 años asumió sus miedos, frustraciones y desconsolaciones, comparada con los temores y pérdidas que genera la presencia del coronavirus y de esa forma encontrar luz para encarar con mayor lucidez los peligros de hoy.