lunes, abril 22, 2024

Fray Fernando, Opinión

La Cantina, dónde la palabra se humedece

Ahora que todo mundo habla de perdida de la democracia, permítanme que les cuente un secreto.

Hace unos años, conocí a un viejo albañil vecino de la Colonia Madera 65. Me ofreció un café en su modesta mesa y le pedí que me contara su historia para un libro que estaba escribiendo.

Empezó por el principio: “Nací un ranchito cercano a Ojinaga, el año 45. Mi padre era jornalero y mi madre, ama de casa. Los dos apenas sabían leer y escribir pues solo llegaron a segundo de primaria.

La pobreza les obligó a emigrar a Chihuahua en donde compañeros del Comité de Defensa Popular les dieron lote en esta colonia, éramos 7 por todos. En esta organización estábamos obligados a asistir a las comisiones cada semana a gestionar servicios y titulación del terreno y cada año al desfile del 1 de mayo”.

– Oiga, Y si no cumplían con estas cosas ¿Les restaban oportunidades?

“A veces retrasaban el agua, la luz, pero en general nos trataban bien. Si nos cortaban la luz más tardaban ellos- los líderes- en cortarla que nosotros en colgarnos otra vez”

Durante las siguientes dos horas, el compañero me contó su historia. Nos reímos con sus travesuras de cuando era un crío y tragamos saliva con los pasajes más duros. Hubo un momento en que dijo: “Allá en Ojinaga a veces no había que comer y aquí, pues hay la llevamos”.

– Y de esos años de lucha ¿Hubo algo que le trae especial recuerdo?

Cuando ya estaba a punto de apagar la grabadora, bajó la voz y me dijo: “Te voy a contar una cosa.

Cuando, en junio de 1984, se celebraron elecciones, no solo fui a votar junto con mi esposa, sino que también participamos en el relleno de urnas. Echábamos y echábamos votos ya marcados en cajas y cajas”.

Apagué la grabadora. Nos despedimos con un abrazo. Unos días después, como habíamos convenido, envié la transcripción del testimonio de mi amigo a sus hijas para que lo supervisaran y dieran su aprobación. En el correo de vuelta, una de ellas escribió una frase que me dejó helado:

“Me he emocionado al leerlo. Algunas historias las conocía, pero otras no, como el sufrimiento que mis padres sufrieron en el campo producto de la pobreza; sus carencias al llegar a Chihuahua y sobre todo su participación en lo que ahora sé fue el llamado “fraude patriótico”.

El secreto lo ocultaron los padres por más de 30 años ¿Por qué? Eso no le pregunté, pero queda la especulación: Tal vez para no despertar cierta culpa; quizás por considerarlo intrascendente; a lo mejor para que no resucitaran los viejos demonios del pasado, en fin, sus razones tendrán.

Para mi queda un sabor amargo y muchas preguntas. ¿Justificaría la acción de relleno de urnas –embarazo para algunos- la larga noche priista plena de fraudes y engaños? ¿La acción fue más un ajuste de cuentas entre grupos hegemónicos sin importar el posible avance democrático?

Con el paso de los años he visto que las cosas se repiten y tanto ganadores y perdedores del “fraude patriótico” siguen haciendo de las suyas bajo la meta de llegar al poder a costa de lo que sea.

Por ello me enorgullece ser uno de los 30 millones de personas que votamos en el 2018 a favor del cambio que, admito, cuenta con algunas asignaturas pendientes, pero no ha dejado de enfrentar a los grupos voraces que por décadas se han beneficiado de la mayor parte de la riqueza nacional a costa del trabajo sacrificado de mayorías.

En tanto, he seguido cultivando la amistad de mi entrevistado sin rencores ni resentimientos.