1 agosto, 2021

El Devenir

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La Cantina, dónde la palabra se humedece. Personajes de cantina: Gorgonio II

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Opinión.

Periódicamente, un singular personaje llegaba a la cantina donde el grupo de amigos nos reuníamos. Se detenía a media barra desde donde visualizaba a la totalidad de la concurrencia.

Luego, de un desgastado veliz sacaba un curioso muñeco llamado “Gorgonio III”. Lo sentaba a su lado, en el mostrador, alternando su posición al colocarlo en sus rodillas.

Un cliente, dirigiéndose a la marioneta, le decía:

– Qihubo cuñado

– Tu hermana haciendo ruido y yo “engarruñao”- le contestaba de inmediato Gorgonio III

– ¿Qué traes “guey”? Le replicaba otro parroquiano

– De “guey” te traigo arando con las bolas arrastrando- respondía el locuaz muñeco.

Después gozábamos de las ocurrencias de Gorgonio III o más bien de su dueño, el ventrílocuo que manipulaba y quien a su vez decía llamarse “Akenatón” y aseguraba descender de clarividentes egipcios.

Gorgonio III de tiempo en tiempo no era receptivo y se concretaba a comentar:

– Siento un gran escozor en la garganta que me impide hablar

– ¿Cuál es el remedio Gorgonio?

– Dos que tres “marranillas” (cervezas) respondía el animador.

De inmediato el ventrílocuo colocaba a su espalda las cervezas brindadas por varios clientes y continuaba con las puntadas de Gorgonio III.

– Oiga don Gorgonio. Todos se ríen de usted ¿Por qué lo permite?

– Déjalos que rían y gocen, que al cabo llegara el día que con Gorgonio retocen-contestaba el mimo de madera, a la par que con sus manitas hacia ciertas señas obscenas.

La sesión de ventriloquía duraba horas, hasta que “Akenatón El Egipcio” después de consumir muchas “maranillas”, preparaba su retirada con un reclamo a su representado:

– Le advertí don Gorgonio que ya no tomara. Mire cómo se ha puesto ¡Qué vergüenza! La selecta clientela pensará que somos iguales.

– Iguales madres-contestaba Gorgonio-

– Bueno, bueno, pero despídase de la concurrencia, dígales: muy buenas tardes excelsos caballeros-

Con voz estropajosa, él monigote acataba la orden diciendo: -muy buenas tardes distinguidos cule.. y ya vámonos porque traigo incontinencia urinaria-

– No sea usted grosero don Gorgonio, o le meto al veliz- amenazaba el ventrílocuo.

– ¿Y después que comes guey? – Replicaba el mimo de madera.

Acto seguido, muñeco e histrión desaparecían de escena abandonando el sacro lugar en mediano estado etílico.

Para los asiduos asistentes al bar la visita de los personajes mencionados daba lugar a tema de charla y durante varios días se especulaba acerca del cómo se elaboraban los muñecos; de los mecanismos para mover cejas, boca y manos; del cómo se producían “las dos voces” e intentaban desentrañar los secretos del ventrílocuo.

En suma, Gorgonio III y su dueño Akenatón, fueron algunos de los personajes que daban lustre a las cantinas de Chihuahua, espacios en donde por muchos años fueron dominados por clientela masculina, expresión que dio lugar a la famosa frase de Carlos Monsivais:

“La cantina gira en torno de la supremacía viril en la desdicha, de la ambición de sujetar la realidad para cancelar las frustraciones”.

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