26 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Cantina, donde la palabra se humedece; Dos pilares de la dignidad humana: la salud y la educación

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Opinión.

Fray Fernando

Dos pilares de la dignidad humana: la salud y la educación.

Un amigo me pide opinión acerca de las consecuencias devastadoras en la educación por la pandemia, especialmente en los niveles básicos y el retorno a clases presenciales.

Le comento que ya se habla de una generación perdida envuelta en la bruma del Covid-19 y que el retorno a este tipo de educación enfrenta problemas estructurales que se reducen a garantizar la seguridad y salud de la comunidad escolar.

En lo personal estoy convencido de que debemos distinguir la excepcionalidad impuesta por el virus de las condiciones normales, y valorar que el contacto humano, directo, entre profesores y alumnos es fundamental porque genera pasión e influencia real en la vida de los estudiantes, hoy inmersos en un mundo de mercado, de ganancia a costa de lo que sea, y con necesidades de espacios que promuevan sentimientos de fraternidad entre las personas para trascender el miedo generalizado al futuro.

De ahí la necesidad de la educación presencial porque la pandemia permite ver con claridad todas estas contradicciones marcadas por el aumento de las desigualdades y de las injusticias. Esto obliga a favorecer la construcción de una educación básica bajo una base humanitaria que promueva la cooperación entre pares con el objetivo principal de hacer crecer los sentimientos de solidaridad y unidad entre todos, así como combatir a la razón económica de ganancia pragmática con la razón humanitaria, y atender a los estudiantes marginados que son sujetos al mundo del mercado consistente en “que si no aguantan la competencia están destinados a sucumbir”.

Justo de aquí surge el compromiso, la pasión y el intercambio generado por en la interacción presencial de docentes y estudiantes cuando en el aula, en los patios, en las ceremonias, en los concursos y desde muchas actividades más se lucha por contribuir a crear una sociedad auténticamente humana.  

Ciertamente vivimos tiempos excepcionales marcados en educación por dos pilares de la dignidad humana: la salud y la educación (el derecho a la vida y el derecho al conocimiento) , y entiendo  que en estos días previos al retorno a la escuela 32 mil profesoras y profesores trabajarán para analizar lo que será el arranque de clases en preescolar, primaria y secundaria y desde las actividades del Consejo Técnico Escolar organizarán las actividades de cada plantel, enmarcadas en el Programa Escolar de Mejora Continua (PEMC). Todo eso está muy bien.

Yo agregaría, modestamente, que en todas estas actividades se considere que vivimos en un mundo extraordinariamente cambiante en el que nuestros estudiantes carecen de perspectivas eficientes para enfrentar de manera concreta los problemas del presente y esto no puede dejar fuera de cualquier proyecto educativo a las interconexiones que articulan a una crisis sanitaria con una crisis económica que, a su vez, produce una crisis social y, por último, existencial.

Invito a que se valore el equilibrio entre educación virtual y presencial protegiendo la salud del alumnado, pero apreciando que el papel de la enseñanza es sobre todo el de problematizar y estimular el espíritu crítico y autocrítico que permiten a su vez incitar la curiosidad y el desarrollo colectivo y personal. Se trata, en cualquier caso, de ocuparse de vidas humanas, de personas, de futuros ciudadanos, de ahí la urgencia del retorno a lo presencial.

No tengo duda de que los miles de maestras y maestros que participan en las tareas de regreso sabrán plantear soluciones viables desde luego con apoyo de la autoridad educativa. Y espero que redescubran y cultiven, los genuinos valores de la vida: el amor, la amistad, la unidad, la solidaridad.

 Valores notables que conocemos desde hace tiempo, y que, desde hace tiempo, desafortunadamente, dejamos a un lado.

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