Correrías.

Llegué a La Cantina después de una aventura en camión urbano.  

Pedí a “El Moni” un tequila “pal susto” y compartí mi periplo.  

Subí a un urbano viejo y destartalado. No había otros disponibles, ya que los nuevos brillaban por su ausencia. Como siempre, escuché gritos de “¡bajo en la siguiente!”, el sonido de monedas, el celular del chofer a todo volumen, pláticas entre los usuarios, frenazos bruscos y un sinfín de ruidos tanto en el interior como en el exterior.  

Mientras avanzábamos, cerca de la calle Niños Héroes en la esquina con Independencia, un pasajero de edad logró bajar a duras penas y casi cayó de rodillas debido a la negligencia del conductor. 

 Un transeúnte que presenció la negligencia del conductor lo confrontó airadamente, diciendo: “¿No ves, pendejo? Casi lo matas. Bájate y ve si eres igual de valiente conmigo”. Los demás pasajeros, al presenciar la imprudencia del conductor, se pusieron de parte del transeúnte y exclamaron: “¡Órale, güey! Demuéstranos si eres tan valiente como te haces con nosotros. ¿Crees que estás transportando ganado, estúpido?” Ante el desafío, el conductor decidió enfrentarlo, avanzando hacia la puerta del camión y respondiendo con insultos en lugar de golpes. Durante el altercado, la progenitora del transeúnte justiciero resultó ser la más afectada. 

Así, la situación continuó con amenazas y un nuevo repertorio de burlas, mientras el conductor asumía posturas de boxeador y lanzaba golpes al aire, como ganchos, volados y uppercuts. Aunque el espectáculo resultaba entretenido, los sufridos pasajeros estaban ansiosos por llegar a su destino, ya sea al trabajo, a casa o a otros compromisos. 

Sin embargo, cuando finalmente el conductor, al que anteriormente habían llamado cobarde, despreciable, ojete, mariquita sin calzones y otros adjetivos, decidió saltar a la acera, los seguidores del defensor del anciano maltratado que antes lo apoyaban cambiaron bruscamente de opinión. 

“No le hagas caso, chofer. Es un pinchi metiche”, “Ya súbete, total, no te haría nada”, “Oye, entrometido, lárgate y lleva a tu abuelito contigo”, y otras expresiones claramente a favor del conductor irresponsable comenzaron a escucharse. 

¿Y porque ese cambio tan radical? No sé, les dije, a lo mejor requerían del chofer para continuar con su ruta y llegar a su destino a tiempo. 

La explicación para los sabios de La Cantina no fue suficiente y así se inició un debate profundo.  

Para mí- dijo Luis- fue un clásico comportamiento egoísta. A los pasajeros les valió madre la acción del irresponsable chofer sin pensar que podría ser uno de ellos el afectado. La vida de los demás no les importa, solo la satisfacción de sus propios intereses.  

Tal vez-replica Héctor-, pero creo que estos del camión, son personas carentes de principios sólidos y valores arraigados. 

Nada de eso- interviene Saúl- son gente influenciadas por su entorno social, incluyendo amigos, familiares, medios de comunicación y líderes de opinión, de todo se creen los idiotas. 

Ah, pero como serán pendejos-dice Arturo- la explicación la encontramos en la cobardía del chofer, mismo que desde el reto se le contrajeron rítmicamente los músculos del perineo y el repentino cambio de opinión de sus trasladados le cayó como anillo al dedo. ¡Pinchi rajado!