Dinosaurios 

De nuevo se desata la polémica en La Cantina, esta vez en torno a los “dinosaurios”. Sin embargo, no nos referimos a aquellos que se exhiben en museos, sino a los reptiles fósiles que aún están vivos y participan en la política. 

“Híjole”, comenta alguien, “abundan los llamados dinosaurios tanto en los partidos como en el gobierno. En todos lados encontramos especímenes aferrados al hueso o en espera de una liana. ¿Cómo hacen para sobrevivir?” 

“Yo creo” -dice otro- que perduran porque, en momentos de peligro, se esconden y se entierran materialmente para protegerse de los ataques y la degradación política. Se convierten en momias, exponen el esqueleto y conservan mañosamente algunas partes blandas. Es un tipo de fosilización política singular, más allá de lo excepcional que ya es en sí, porque si el reciclado de los cuadros partidarios dirigentes siguiera su curso natural y perfecto, no existirían estos fósiles, pero ahí están, dirigiendo partidos o en el mundo oficial”. 

Las interrogantes entre el cotarro de La Cantina se orientan a enumerar una serie de misterios sin resolver en este tipo de fosilización: “¿Tenían fortuna antes de entrarle a la política? ¿Cómo era la piel antes de ser ‘dinosaurios políticos’? ¿Cómo era el escamado? ¿Tenían plumas, filamentos, pezuñas o garras? ¿Tenían madre?” 

Las respuestas surgen y, de acuerdo a algunas pistas, se infieren elementos que caracterizan la personalidad de estos “dinosaurios”, como: fortunas acumuladas, concha dura y retráctil, larga estancia en el poder, a menudo con mentalidad conservadora, aferrados a métodos y estrategias antiguas, desconectados de los problemas y desafíos que enfrenta la población en general, reacios a adaptarse a los cambios políticos, sociales y tecnológicos, entre otros atributos. 

“Pues sí, todo eso está bien”, comenta otro parroquiano, “pero para que estos individuos mañosos y corruptos logren la momificación, requieren condiciones ambientales como aquella de que ‘no le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde’ y, de ser posible, al resguardo de envidiosos, enemigos y necrófagos, así como de las corrientes adversas de alternancias y transiciones traicioneras. También es necesario que sus cómplices les proporcionen sarcófagos temporales para proteger fortunas y corazas. Un féretro grueso, denso y fuerte que evite el aplastamiento y donde puedan permanecer ‘enterrados’ en silencio hasta que otros escenarios les favorezcan”. 

Se apunta también que sus densas armaduras en dólares cumplen un papel relevante, porque les permite permanecer intactos mientras flotan por ahí, poniendo una barrera entre otros grandes carroñeros que intentan separar el caparazón del cuerpo. Los paleontólogos apuntalan lo anterior al señalar que no es difícil identificar a un dinosaurio político porque todos son animales terrestres, tienen garras y uñas largas, luengas colas y aun en condiciones muy inusuales emergen intactos y prestos a ser “candidatos populares” 

“Y cuál será el Tutankamón de los dinosaurios políticos? Pregunta alguien 

“Ha cabrón, la pones difícil porque son muchos. Mejor lo dejamos de tarea”; Sin embargo, creo que ya debieran estar en una vitrina de museo exhibidas como gárgolas dormidas para que ya dejen de estar robando y chingando”