24 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Cantina, donde la palabra se humedece. Don Santiago Páez (“Don Chago”)

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La Cantina, donde la palabra se humedece.

Historias del Movimiento Urbano Popular

A mediados de los años setenta surgió en Villa Aldama, Chihuahua, un movimiento popular exigiendo solución al eterno problema de la vivienda. La organización la encabezaron Jaime Martínez y Domingo Gamboa, “La Pingua”, uniéndose para el logro de sus objetivos al Comité de Defensa Popular (CDP) de la ciudad de Chihuahua.

Al nuevo asentamiento se le llamó colonia Francisco Villa de Aldama y pronto creció y distinguió a otros participantes como fue don Santiago Páez, “don Chago”, singular personaje que pronto ganó fama por su simpatía y peculiar manera de entender la lucha de los colonos aldamenses.

Don Chago fue el ejemplo perfecto de los ciclos de la vida, porque religiosamente entregaba durante seis meses sus energías de luchador social a “la defensa popular” como él llamaba a la organización de colonos, para luego participar durante el otro semestre en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Los líderes del CDP le apreciaban porque siempre retornaba al redil revolucionario: “don Chago es muy fiel, siempre vuelve”, decían.

En un semestre que nuestro personaje transitaba solidario con “La Revolución Proletaria”, se le responsabilizó de la custodia y operación del aparato de sonido, con el cual los manifestantes de la colonia Villa anunciaban sus reuniones y salían a la calle a expresar sus demandas.

La distinción no fue del agrado de algunos de los militantes del CDP de Aldama y en una asamblea exigieron que don Chago devolviera la apreciada herramienta y se le prohibiera perifonear al menos con el sonido de la comunidad. Los argumentos para tal solicitud cayeron como dardos envenenados en la humanidad de don Santiago quien se creció al castigo porque seguramente sabía, como Epicuro, que cuanto más grande es la dificultad, más gloria hay en superarla.

Uno de los acusadores señaló: -Compañeros, exijo que se le recoja el sonido al compañero Páez, porque, figúrense, anda perifoneando a favor del PAN.

-¡Si es cierto!- grito una señora indignada- con estos oídos y estos ojos que se van a comer los gusanos yo lo oí, y vi ¡Fuera el traidor!-

Jaime y Domingo quienes presidían la asamblea llamaron a la cordura y pidieron calma frente a la tormenta y dieron oportunidad al acusado de aclarar la situación

Don Chago, forjado en la escuela de la vida controló en ese momento sus pasiones y emociones porque entendía por la que pasaba y les explicó:

-Compañeros, no me dan coraje sus denuncias porque he aprendido a ser feliz a su lado, y todos los días, juntos, sobrevivimos a tiempos difíciles, enfrentando a los enemigos de “la Defensa Popular”.

-Eh, he, he he. Fuera el traidor, gritaban muchos.

– A ver don Chago, explique de una vez su versión- le conminó uno de los líderes.

– Bueno- expreso parsimoniosamente el calumniado- lo que sucede es que yo tengo que allegar algo de sustento a mi familia y efectivamente, uso el aparato de sonido para ganarme unos centavitos. Así, por la madrugada llamó a que la gente se sume a los que van a pizcar papa; más tarde anuncio las baratas de las tiendas del pueblo; y sí, un rato le hago propaganda al Partido Acción Nacional, pero toda la tarde le hago publicidad a “la defensa popular” y aquí no les cobro nada, es por vocación revolucionaria-

Los argumentos de don Chago calaron porque se descubrió que atendía las demandas familiares desde una realidad: era un perifoneador profesional.

El juicio final fue el perdón, no se le expulsó de la organización y se comprendió cabalmente su actividad para la sobrevivencia. Solo se le incautó el aparato de sonido al considerar que tal herramienta debía ser exclusiva para la propaganda de “La Revolución Proletaria”.

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