domingo, junio 23, 2024

Fray Fernando

La Cantina, donde la palabra se humedece. “El Güero” 

“El Güero”

El sábado 13 de mayo de 2023 caminamos por los pasillos del cementerio de Dolores poco antes de la tarde noche, aguantando la sorpresiva lluvia que nos emborronaba la visión escasa y desafiando la alerta de posibles “aparecidos” típicos del viejo panteón. Buscamos las tumbas de 5 trabajadores y 3 papeleritos fallecidos el 1 de septiembre de 1945 cuando a las 10:45 horas se derrumbó el edificio del periódico Tribuna. Los redactores estaban a punto de terminar una edición extra del Tercer Informe del presidente Adolfo Ruíz Cortines cuando de acuerdo con Celedonio González, único sobreviviente, de pronto se oyó un terrible estruendo al hundirse la parte central de los dos pisos del periódico.  

La tragedia sumió a la población de Chihuahua en la tristeza porque desde las primeras horas del día 2 de ese mes se percibían restos de la enorme nube de polvo causada por el derrumbe. Había angustia por no saber hasta el momento cuantos, y quienes habían quedado atrapados bajo los escombros. Los testigos dieron fe de lo terrible de la malaventura al ver bloques de cantera, vigas de madera y trozos de cemento que se vinieron encima del taller del primer piso sepultando maquinaria e implementos de imprenta y desgraciadamente a trabajadores y voceadores: los primeros laborando, los segundos dormidos o a punto de hacerlo dada la temprana hora a la que iniciaban su diaria jornada. 

Para las 8 de la mañana todavía se oían gritos de alarma, desesperación, el llanto de familiares, amigos y hasta de transeúntes que observaban la tragedia. Este escenario se acompañaba con el ruido de sirenas de patrullas, bomberos y ambulancias. Así mismo, en la medida que se descombraba fue apareciendo sangre por todos lados: en los tipos de imprenta, en los linotipos, en las mesas de formación y sobre la rotativa Lodwell. Desafortunadamente los cuerpos de los caídos sumaron 8: cinco trabajadores de Tribuna y tres papeleritos. Los fallecidos en la vieja casona de la esquina de Ocampo y Morelos fueron: Roberto López Ortiz, Oscar Domínguez, Julio Alfredo González, Jesús Madrigal, y Alejandro Joel Medina de parte de los trabajadores. Las bajas de voceadores fueron tres: Armando Hernández, Carlos Armendáriz y “El Güero”, que no fue identificado por su nombre, se sabía que llegó del Distrito Federal y vivía solo en una vecindad.  

Hasta hoy se me enchina la piel al recordar a este desheredado niño a quien se le acabó no sé cuándo su infancia y tuvo que trabajar para subsistir ¿Cómo llegó a Chihuahua? ¿Quién lo trajo? No se supo, pero para mí es un héroe anónimo por su ejemplo de trabajo y lucha por la vida.  

Llegamos a las tumbas con luz débil y bajo la amenaza de que pronto cayera la noche y en algún momento nos tuvimos que preguntar para qué lo estábamos haciendo. Las respuestas fueron diversas, contradictorias y empezó a campear la idea de aceptar que no teníamos ninguna razón sensata para andar a esas horas en el cementerio. Estábamos a punto de abandonar el panteón cuando un relámpago iluminó el cielo nublado, y casi al unísono exclamamos: “Aquí está”. Y era verdad: en una vieja cruz acabada por los elementos del tiempo se alcanzaba a leer: El Güero”, y a continuación una fecha que no enmarca una vida …………septiembre 1 de 1945.