lunes, mayo 20, 2024

Buzón, Fray Fernando

La Cantina, donde la palabra se humedece: Fin de año

Cuando escucho que siempre hay una aventura nueva que meterse en la cabeza para hacer de quijote un rato, por eso hay esperanza y tiene sentido desear un feliz 2022, me pregunto ¿Qué de extraordinario puede tener el año nuevo a partir de éste 31 de diciembre de 2021?

Algunos sostienen que habría que empezar por los rituales del último día del año y no solo los religiosos, sino a todos en los que se abren tiempos en los que son especiales: las palabras, la música, los alimentos, las acciones mismas que se ejecutan y nos recuerdan que se ha abierto un tiempo que es distinto al común y a la necesidad que las sociedades tienen por marcar de algún modo un tiempo o un suceso como algo extraordinario.

Los humanos separamos años, meses, días, horas, minutos y segundos y esto incluye la ceremonia de final de año: el día 31 habrá ruido y un espacio de silencio entre la algarabía del momento, el final y el del inicio; entonces empezará un año nuevo, aunque nada cambie: seguirán las mascarillas, seguiremos los de siempre y faltarán los que echamos de menos porque la muerte nos los quitó.

Otros sienten que este 2021 ha sido uno de los peores años de las últimas décadas: más pobreza, más acción del crimen organizado, más niñas y niños huérfanos, más educación virtual, pero sobre todo más inseguridad, incertidumbre y males mentales. Un año así no apetece celebrarlo, pero podemos gozar la fiesta de su entierro. Celebremos que por fin termina! Y que no vuelva!

Alguien replicará, “si, lo enterramos, pero ¿Esto nos hará felices?” Tal vez parten de que: no se diga de nadie que es feliz, hasta que muera.

¿Felices ante la asfixia política, el aplastamiento económico, la crueldad de los poderosos, la incertidumbre en salud?

Creo que el logro de la felicidad es complejo, pero una respuesta está en luchar por lo que creemos, luchar por sostener nuestras vidas sin que nadie nos las arrebate: ninguna colectividad, ninguna ideología, ninguna intolerancia, racismo o imbecilidad.

No sabemos con exactitud lo que nos deparará 2022, pero sabemos que mucha gente morirá, tal vez personas queridas, que estallarán guerras y habrá humillados y ofendidos, que padeceremos y haremos padecer, que nos decepcionarán y decepcionaremos, y que nuestra esencia egoísta nos sumirá en torturas por un sinfín de errores. Todo esto es seguro, pero también lo es que estamos vivos, dispuestos a luchar.

 Y que, pese a todas las guerras y ofendidos y humillados y decepciones y sufrimientos e idioteces, esta existencia precaria y fugacísima es lo único que tenemos: no hay más; así que lo que deberíamos hacer es abrazarnos a ella con dignidad y luchar por mejorarla.

Y pensar en el verso de Vicent Aleixandre: somos, “entre dos oscuridades, un relámpago”. Tal vez nos invita a que mientras el relámpago dura, hay que gozarlo con rebeldía, pasión y libertad.

Por ello: feliz 2022.