domingo, abril 14, 2024

Fray Fernando, Opinión

La Cantina, dónde la palabra se humedece. Madera 65, 58 Aniversario

El 22 de septiembre, participé en un conversatorio en la ciudad de Madera con motivo de la conmemoración del Asalto al Cuartel de Madera. Me siento sumamente satisfecho y alegre de haber compartido mis puntos de vista con otros familiares de quienes cayeron aquel 23 de septiembre de 1965. 

¿Sobre qué conversamos? La charla y las subsiguientes preguntas del auditorio nos llevaron a hablar de los guerrilleros no sólo como combatientes, sino también como hijos, hijas, hermanos y hermanas de quienes optaron por sacrificar sus vidas en pos de la libertad. Hablamos sobre su lucha contra los explotadores del pueblo y su esfuerzo por reducir, en la medida de lo posible, la profunda inequidad en una sociedad desigual e injusta. 

En este recuerdo, emergieron las imágenes de las madres, padres y familias completas de los guerrilleros. El 23 de septiembre, todos nosotros sentimos el impacto de la noticia y el consiguiente dolor, cada uno con sus propios matices, circunstancias y geografías 

La plática libre, honesta, dura, me llevó a varias reflexiones. 

Me cuestioné a mí mismo: ¿Somos solo recuerdos? ¿Solo memorias cargando el peso del alma? ¿Es el caso de Madera un claro ejemplo de la piedra de Sísifo, simbolizando los esfuerzos frustrantes e inútiles de los seres humanos, donde, una vez realizados, debemos comenzar de nuevo? 

Encontré respuesta en las palabras de Bertha, Teresa, Eduardo y Laura. El, ellas, al evocar a quienes estuvieron involucrados en la acción (guerrilleros, padres, madres, familias), compartieron sus vivencias, sufrimientos y hasta sus justos reclamos. Me enseñaron que el sacrificio de los caídos aportó significado a nuestra existencia. Me mostraron que, aunque su valiente acto no resultó en una felicidad inmediata, nos legaron un mensaje poderoso: “Lo que hicimos quizás no conduzca a la felicidad, libertad e igualdad de manera inmediata, pero sin nuestra acción, estos preciados derechos para el pueblo jamás se alcanzarán”. 

Me recordaron que, tanto hoy como ayer, la realidad nos impulsa a actuar ante los acuciantes problemas nacionales, un escenario donde aún prevalece un sistema capitalista marcado por la explotación, ganancias unilaterales y pobreza. Con sus palabras, delinearon el camino a seguir para alcanzar aquellos sueños que los guerrilleros establecieron hace 58 años. Pude sentir su dolor, comprender las dificultades que enfrentaron tras los eventos del 23 de septiembre y percibir, en cada uno de ellos, esa llama ardiente en su espíritu: el legado de quienes sacrificaron su vida en búsqueda de un futuro mejor. 

Mientras recordábamos a Arturo Gámiz García, Pablo Gómez Ramírez, Rafael Martínez Valdivia, Emilio Gámiz García, Miguel Quiñonez Pedroza, Oscar Sandoval Salinas, Antonio Scobell Gaytán y Salomón Gaytán Aguirre, comprendí que ellos percibieron que la única manera de desafiar un mundo sin libertad era vivir su existencia como un acto de rebelión, enfrentando la constante represión gubernamental y empresarial. Reconocieron que alcanzar esa libertad conllevaría persecuciones y el riesgo de perder sus vidas. Sin embargo, no se dejaron detener: defendieron con firmeza la esencia de la libertad, la importancia de poder desarrollarse, expresarse y, con ello, ofrecer la oportunidad de mejorar nuestras vidas y el mundo en su conjunto, 

Agradezco a todos los familiares de los caídos en Madera, Chihuahua y Tezopaco, Sonora, el permitirme esta convivencia . Me mostraron que es nuestro deber y obligación continuar luchando a lo largo de nuestra vida si realmente deseamos honrar a nuestros guerrilleros. Hoy, más que nunca, es el momento de hacerlo frente a los, aparentemente, eternos explotadores.