lunes, abril 22, 2024

Fray Fernando, Opinión

La Cantina, dónde la palabra se humedece. Mario Alfredo González Rojas

Mario Alfredo González Rojas.

Una tradición judía habla de la insignificancia y de cómo los muertos conforman nuestras vidas y cómo nosotros, al morir, conformaremos otras vidas. También remite a una vía para entender la muerte que se opone “a los paraísos en la tierra, a los proyectos fanáticos y a las naciones que sueñan con su grandeza”. En estas aseveraciones queda claro que no se puede entender el mundo si no se piensa en la muerte. Sobre todo, este mundo de hoy, que prefiere pensar en cualquier otra cosa porque solo alguien que se enfrenta a la muerte y medita sobre el significado de sus ritos puede iluminar esa parte de la vida en común.

Hace unos días murió Mario Alfredo González Rojas, un amigo que hace falta, e invoca a reflexionar acerca del tiempo y el espacio que distan entre el ausente y el vivo. El tiempo no siempre logra separarse. Continuamos hablando con nuestros camaradas que nos han dejado atrás o que se han quedado atrás, en algún lugar. Discutimos con ellos, nos acercamos a ellos y nos alejamos, nos enojamos, volvemos cerca.

Por ello pienso en Mario Alfredo fallecido hace días cuya historia y visión de la vida se han entrelazado con la mía, en un diálogo hecho de afinidades y diferencias, incluso fuertes, pero siempre verdadero diálogo. De repente aparece una frontera que me cancela el coloquio con mi amigo, aunque solo fuera en mi mente. Pienso que tal vez Mario Alfredo se fue para no seguir soportando tantas divisiones de época que han separado los mundos entre sí: la migración, la pobreza que crece sin parar, la pandemia y en general la inequidad propia de un mundo egoísta y en muy buena parte cruel.

En las últimas semanas gozamos, e incluye a Mario Alfredo, de un fresco viento provocado por las esporádicas lluvias. Lo recibimos en la cara al caminar por nuestros parques y calles, pero no fue suficiente para disolver la fijación obsesiva e ininterrumpida de las palabras, imágenes y disputas relacionadas con los graves problemas que vivimos, mismos que se convierten en déspotas de nuestros pensamientos.

Pero a pesar de todo, diría Mario Alfredo, el Evangelio invita, tal vez te ordena no pensar demasiado y solo sobre el mañana. En cada mañana, incluso en el mejor, siempre hay muerte.

Descanse en paz el amigo al que me unió el gusto por la educación, la historia, la narrativa y el periodismo. Siempre amable, solidario y una vena muy suya de humor: a veces picaresco, otro negro y en ocasiones sarcástico cuando hacía falta.