Medidas y distancias.

¡Vaya, que en La Cantina se tratan temas inimaginables! Ahora se aborda el del cuerpo humano como medida universal. 

Juan, viejo asistente al bar comenta: “Figúrense, resulta que los nicobareses, un pueblo que habita varias islas del golfo de Bengala, calculan la distancia entre una y otra según el número de cocos que se beben en el trayecto”.  

-Bah-contesta pedro- que novedad, sabido es que, de Chihuahua a Parral, vía corta, uno se tarda un litro de tequila. Sin embargo- sostiene doctamente el de la voz- entre cocos y litros de sabroso agave y el metro, medida científica que equivale a la longitud del trayecto recorrido por la luz en el vacío durante 1/299792458 de segundo. ¿Cuál de las dos medidas es más comprensible? Pregunta pedro 

-Pues las dos-responde otro- lo del metro, pues está bien, lo usamos a diario, pero cientos de pueblos han usado recursos diversos como los cocos y aún más, la mayoría usaba y aún se usa el cuerpo humano como regla universal. Lo de cocos y tequila se explica porque para los nicobareses el agua de coco era vital para evitar la deshidratación y necesitaban saber cuántos cocos tenían que llevar, y para los viajantes a parral los litros de tequila suenan trascendentes para probar aguante y capacidad de práctica en la combinación de “canilla y garganta”. 

– ¿Entonces lo que define a las unidades de medida tradicionales es su vínculo con el contexto en que se vive? Pregunta Sergio. 

-Claro, – le responden- es su conexión con lo más cercano, cocos o tequila y así existen otras culturas que tienen otras formas de medir y otros ejemplos. 

– ¿Y lo de las medidas del cuerpo? 

-Bueno, eso es otra cosa, en todo el mundo todavía se usan una o varias medidas de longitud como referencia a una parte de su cuerpo. Las tres que más se repiten son el palmo (medido con el pulgar y alguno de los demás dedos), el codo y las distintas variaciones del brazo (desde el hombro hasta la mano o desde una mano a otra con los brazos extendidos). Pero hay otras muchas, como la anchura del pulgar (la pulgada) o el largo del pie. 

Otros parroquianos dieron más ejemplos del uso de partes del cuerpo humano para decidir medidas: “pie y medio normal para adquirir cerámica”, “parte del pulgar para subir bastillas”, “dos antebrazos para calcular si la nueva mesa cabe por la puerta”, “cuartas o dedos para comprar pantalones a mis hijos o para situar un cuadro en la pared” y otras. La explicación a esta práctica tal vez se encuentre en que, a diferencia de la compleja definición del metro, que necesita una regla con una precisión exacta, las medidas corporales tienen la ventaja de que no necesitan herramientas de medición. Pero la más relevante sería la integración con el conocimiento local. 

Discreto y sentado en el rincón destinado a “urgencias” (atención rápida a feroces resacas) de La Cantina, un “sabio” asistente asiduo al bar reclama: “Bueno, no contradigo sus apreciaciones, pero no hacen mención de otras partes del cuerpo que también se usan como medida, no estándar, por sus diferencias. Solo les digo que, en mi caso, la última vez que salí al campo, al realizar una necesidad corporal, se posaron 12 golondrinas en mi órgano, y no era el pie o el brazo” 

La Cantina, pues.