domingo, junio 26, 2022

Fray Fernando, Opinión

La Cantina Donde la palabra se Humedece. Pedro Heliodoro Palma Gutiérrez

Vivimos afirmando la vida sobre el hondo deseo de que quienes se han ido nunca se vayan del todo, porque cuando te falta una persona, cuando muere, es el mundo entero el que parece insostenible.

Hace años conocí a un niño: Pedro Eliodoro Palma Gutiérrez. Era un infante de presencia enorme. Sus ojos expresaban las ganas de conocer el mundo, internarse en el con el ímpetu de un explorador al que los riesgos le representaban retos más que obstáculos.

Había llegado junto con su madre Reynalda y sus hermanos de Teporachi, pintoresca población perteneciente al municipio de San Francisco de Borja. Abandonaron esta comunidad para buscar mejores horizontes rumbo a la ciudad capital Chihuahua, lugar en donde como migrantes no la pasaron del todo bien, pero desde entonces Pedro mostró su espíritu indomeñable frente a la adversidad.

Desde temprana edad (12 años) Pedro se interesó por el turismo y con gran empeño inició el aprendizaje del idioma inglés, lengua que perfeccionó cuando muy joven se estableció en los Estados Unidos en donde trabajó un tiempo para ayudar a su familia. Posteriormente, gracias al dominio del inglés trabajó en el Hotel Victoria para luego responsabilizarse como guía de turistas en Cusarare, Cerocahui y otras comunidades serranas, siendo tal su dedicación que le ganó ser enviado a Estados Unidos para estudiar Gerencia de Hotelería, preparación que le lanzó a nuevas responsabilidades y aventuras.

Pedro no paró, su inquietud, su actividad creciente, su responsabilidad le valió ser considerado “Guía de Turistas profesional” con trabajo no solo en la sierra sino en otros destinos como Mazatlan, Los Mochis, la ruta Maya y otros lugares. Alguien lo definió como: “Una persona inquieta, perseverante, siempre en busca de nuevos retos”. Fue el tiempo en que conoció a Martha Elena Carbajal Romero con quien se casó y procreo a sus hijos Pedro y Ricardo.

Junto con su esposa fundó una modesta empresa que creció gracias al tesón y empeño del matrimonio hasta convertirse en Tara Aventuras a grado tal que abrió una nueva ruta turística en Panamá. En esta nueva etapa de su vida Pedro llegó a materializar lo que en un principio fue un sueño, un proyecto trabajado durante muchos años y finalmente una realidad.

Sin duda mucho logró aquel niño que un día dejó su natal Teporachi para luego luchar a brazo partido para salir adelante como solo los hombres y mujeres honestos saben hacerlo.

Pedro Palma Gutiérrez fue víctima de criminales en Cerocahui junto con dos sacerdotes jesuitas. Aparece como una estadística más, le opacan los respetables curas fallecidos, pero Pedro merece una atención también especial porque su vida fue de lucha, de oponerse a la adversidad de manera íntegra y muestra de una resiliencia fuera de lo común como hijo, padre, abuelo, hermano, amigo y ejemplo de tenacidad en cada proyecto que emprendió.

Desde este espacio expresamos nuestro pesar y condolencias por la pérdida de vidas a causa de la violencia, y compartimos la demanda de que el Congreso de la Unión revise, con toda seriedad, el plan de seguridad pública ante el avance innegable del crimen organizado en territorios completos de México. Compartimos también que se debe abordar el problema de la inseguridad “sin tabúes, sin ideologías, sin intereses partidistas y sin actitudes egoístas”.

En tanto asumimos que la muerte es algo necesario e imposible. Necesario porque toda nuestra vida lleva su marca, pero no acabamos de entender porque la pérdida de vidas como las de Pedro, las de los jesuitas, vidas buenas, honestas, tienen que darse en condiciones como las de Cerocahui.

Descanse en paz el buen Pedro, el hombre de la eterna sonrisa, el de la mano franca siempre extendida a quien la necesitara.

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