domingo, junio 23, 2024

Fray Fernando, Opinión

La Cantina, dónde la palabra se humedece. Postales de los barrios: la colonia Industrial 

Se trata de un barrio otrora trenista, hoy variopinto. Tres grandes avenidas la delimitan o la cruzan: la Ferrocarril, La Hidalgo y La junta, rúas unidas por estrechas calles con nombres de estados de la república, con sus casas modestas, testigos de historias pasadas, resistiendo con orgullo el paso del tiempo desde sus fachadas de ladrillo, firmes y valientes. 

A la colonia Industrial de sur a norte la enmarcan el canal del Chuvíscar con remate en la calle Tabasco y el parque deportivo Bugarini. En la colonia no hace mucho tiempo, el humo, los silbatazos, los rieles y un incesante comercio se fundían con su gente: Hombres y mujeres con el ferrocarril metido en su alma. Su espíritu vivía a la par de la pujanza de los Ferrocarriles Nacionales de México, empresa mexicana que pasó a manos privadas.  

El conjunto de avenidas, callejuelas, casas, comercios, el monumento al Héroe de Nacozari y su gente, reflejan el legado de un pasado incansable. Significan un destello del aliento que dio vida a la comunidad obrera ferrocarrilera nacida en 1883. Día a día los habitantes de la centenaria colonia escuchan los susurros del viento con sus cuitas nostálgicas y mensajes que abrazan el alma, con el recuerdo de los trenes que llegaban y partían con sus pasajeros, entes de hierro que al igual que sus tripulantes parecían no cansarse nunca. Hombres y máquinas asemejaban una danza frenética de hierro y fuerza, transportando sueños, esperanzas, trabajos y pasados inconclusos.  

Por las tardes en cada pórtico, en cada esquina, mujeres comentando noticias, novedades, recetas y chismes sabrosos. También hombres viejos y jóvenes de manos curtidas en el manejo del garrote, la pala carbonera, en la verificación del funcionamiento de los frenos, en la lubricación de los componentes móviles, del reemplazo de las partes desgastadas, en los trabajos de vía, en la limpia de los trenes y en actividades de carga y descarga. Hombres con su vestimenta ferrocarrilera de digno olor obrero forjadores incansables de un progreso que se deslizaba por los rieles de sus vidas. 

Colonia Industrial donde existen y existieron cantinas donde el tiempo se detiene con su riqueza de encuentros y conversaciones, donde los sueños se mezclan con la cerveza, y la risa se vuelve un himno de camaradería. Colonia Industrial donde durante muchas décadas latió la pasión por el trabajo y la lealtad, unidos en una hermandad indomable forjada en el crisol de la vida y sostenida por los lazos del acero de los rieles.  

Destaca en el conjunto la avenida Hidalgo, columna vertebral del barrio, que en un primer vistazo parece que se petrificó en el tiempo, pero luego en una segunda mirada, vemos novedades y siempre encontramos algo que no existía la semana pasada: un nuevo bolero, el “Club Blanco” repintado, nuevos negocios, cierre y apertura de bares, perros amarillos extraños y más. En lo eterno persisten unas pocas casas-habitación que se resisten a entregarse al comercio. También la plazuela Jesús García ícono ferrocarrilero maltratado, pero persistente; Rodrigo con su venta de camisetas; la paletería con su oferta de al 2 por uno de los jueves y otros negocios de siempre. 

La colonia tiene más articulaciones que un cuerpo humano semejantes a bisagras orgánicas y mentales. Enlazan a su gente, sus espacios, sus anhelos, sus fracasos, sus triunfos y por ello sus callejuelas pareciera que fueran conjunciones gramaticales que coordinan y subordinan.  

Un saludo a todas y todos los habitantes de la colonia Industrial.