24 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Cantina donde la palabra se humedece. Te entrego mi corazón ¿De cerdo?

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La Cantina.

Hace unas semanas se trasplantó el corazón de un cerdo a un hombre. De ser exitosa la operación   podría ser la oportunidad definitiva para pacientes que esperan órganos que no llegan, pero no solo eso, surgen otras complicaciones interesantes.

Mientras pienso en escribir sobre el tema me detengo un rato frente a dos comercios que ofrecen carnitas de cerdo y una amplia oferta de productos porcinos; temblorosos, costilla, chicharrón de pella, y otros. Me pregunto: ¿Qué escribo, si hoy sé que el corazón de un cerdito late en el cuerpo de un ser humano? ¿Seguiré comiendo patitas de puerco en vinagre en “Los Tres García”?

Enseguida reflexiono acerca de lo que pasará ahora que una persona es capaz de amar, odiar y arriesgarse con el órgano vital de un animal. Y cómo entender el que: “Las mejores y más bellas cosas en el mundo no pueden verse, ni siquiera tocarse. Ellas deben sentirse con el corazón”. O la de: “Es increíble como alguien puede romper tu corazón y, sin embargo, sigues amándolo con cada uno de los trocitos” ¿Servirá un corazón de cerdo para tan complejos pensamientos?

El fondo de esto es que el mundo no se altera solo para quien reciba un corazón de cerdo u otro órgano, sino para todos los demás, porque la relación entre especies ha cambiado ya para siempre, Y no faltará quien se pregunte: ¿Me aceptarán en otra vida con piezas de repuesto animal? O, ¿Se me podrá cumplir aquello de que debo escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón, pero ahora con una bombita de marranito?

En el futuro cercano estas y otras interrogantes se tendrán que enfrentar desde la ética, la moral y la religión porque cada vez más personas necesitan trasplantes y no hay órganos suficientes. En México solo para el 2021 más de 30 mil pacientes esperan impacientes un hígado, un páncreas, un pulmón, un riñón, corazones.

Entonces cómo ver y tratar a esos animales que matamos, nos comemos y maltratamos ahora que son fuente de vida no solo alimenticia sino esencial ¿Será que ahora deberemos seguir la regla de oro de toda religión:  “Trata a los demás como querrías que te trataran a ti” y por lo tanto tratar a los animales como querríamos que nos trataran. O recordar a Charles Darwin cuando habló de los sentimientos de los animales y todos se mofaron de él, especialmente la iglesia quien sigue con la idea de que somo seres completamente diferenciados sin importar que compartimos con los chimpancés el 98,6% de nuestro ADN, además de nuestros gestos, besos, abrazos, palmaditas, la habilidad de hacer y usar herramientas, la brutalidad, la capacidad de entrar en lucha, también el amor y la compasión.

A lo mejor el entender esta nueva relación con los animales signifique ser consciente de todo lo que nos rodea. Tomarnos nuestro tiempo para poder vivir. Entender que para estar realmente vivos tenemos que estar vivos en cada segundo. Y estar abiertos al amor y a la alegría, al respeto y a la compasión en donde se incluya a los animales.

Por lo pronto habrá que resolver cuestiones prácticas para quien transite con una víscera porcina:

Pero si le digo a mi novia, te entrego mi corazón, acéptalo para toda la vida y me contesta: “si, pero que no sea de marrano ¿Qué hago?

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