19 junio, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Cantina, donde la palabra se humedece

4 min read
Fray Fernando.

Maestra Beatriz: La Señora.

“¿Qué es un maestro?, ¿Qué es un discípulo? ¿Qué cosas me había enseñado, más allá de las que creí aprender?”

Con todo y pandemia, caminando por aquí y por allá, me encuentro con un “muchacho sesentón” quien me saluda con aprecio: “Hola profe ¿Se acuerda de mí? Usted me dio clases en Villa Aldama”. Me da su apellido y claro que le recuerdo como miembro de una familia aldamense fiel a la escuela “Juan Gutiérrez de la Cueva”, la 130 oficial, en donde varias de sus generaciones cursaron la educación primaria.

Las remembranzas surgieron, Nos trasladamos a los años setenta del pasado siglo y con agrado recordamos a personajes como los profesores: Salvador Orozco, Oscar Muruato, Ramón Mendoza. A maestras como María Carreón, Consuelo Espinoza y doña Bertha Espinoza, además de un personaje especial: don Juan Gutiérrez, trabajador manual cuyo nombre coincidía con la denominación de la escuela, derivando en que los escolares mas pequeños daban por hecho que su plantel debía su nombre, “Juan Gutiérrez de la Cueva”, a Juanito, el conserje oficial.

El ex alumno sesentón guarda en su memoria a todos estos docentes, pero especialmente recuerda a la Señora Beatriz, su maestra. “Cómo no la voy a recordar”. Dice, “si fue la que me enseñó a leer y escribir”. Y la perpetua por su gesto adusto, formal, acompañado de un gran corazón que reflejó en su familia y muchas generaciones de alumnos, a quienes, con dedicación profesional, cariño y respeto, les enseño contenidos de los programas de estudio, pero también les oriento mediante diversos recursos didácticos y humanos a cultivar un carácter interdisciplinar lo que a la postre les ayudo a comprender y actuar responsablemente en la realidad de la vida cotidiana.

La señora Beatriz Acosta de Cruz nació el 17 de abril de 1926 en El Mimbre, poblado del municipio de Aldama. A temprana edad quedó huérfana y vivió con los familiares de su madre en La Concordia y Avalos, optando muy joven por estudiar la carrera de maestra normalista, título que obtuvo con grandes esfuerzos para iniciar su servicio docente en poblados del noroeste del estado como Cusihuiriachi hasta llegar a Villa Aldama en donde permaneció hasta su jubilación

Mi ex alumno y seguramente sus condiscípulos de la escuela primaria llevan en su mente y corazón un bonito recuerdo de su maestra, “La Señora Beatriz” porque hoy en su madurez comprenden que gracias a ella y otros docentes lograron empoderar en su niñez y adolescencia las llamadas competencias básicas de la educación primaria. Capacidades que les proveyeron de un conjunto complejo de conocimientos y habilidades, así como de ciertas actitudes, valores, emociones y motivaciones que a la postre les permitieron enfrentar los retos del diario vivir.

Los recuerdos van y vienen. El agradecido alumno de “La Señora Beatriz” comenta que solo cursó la primaria pero que en este espacio aprendió a hablar bien, que programáticamente corresponde a empoderar competencias en comunicación lingüística con su pertinente actitud de exposición y diálogo, teniendo en cuenta y respetando las opiniones de los demás. Agrega que egresó con la seguridad de “hacer cuentas” o sea con competencias de razonamiento matemático, correspondiente a la habilidad para utilizar y relacionar los números y sus operaciones básicas y remata diciendo: “Nombre, con la Señora aprendimos mucho de la naturaleza, era muy dada a poner ejemplos con todo lo que Aldama contaba en ese tiempo: huertas, el todavía bosque, los cerros y un sinfín de ejemplos de animales y cosas”. Esto no era otra cosa que orientarlos en competencias en el conocimiento y la interacción con el mundo físico y natural.

La narrativa emocionada del “muchacho sesentón” da idea del cómo la maestra Beatriz les condujo por senderos de buenos hábitos de convivencia y vida en sociedad, a la solución de conflictos de forma pacífica, así como a competencias culturales y artísticas.

“Nos trataba con severidad, con energía. Yo, no era ni lejanamente su alumno favorito, pero una mañana, cuando me tocó leer mi primera composición —así llamábamos a los ejercicios de escritura—, se puso de pie y dijo: “Ah, pero qué bien”. Eso para mí fue la gloria, mi autoestima creció y me pasee por todo Aldama henchido de satisfacción. Después, terminé la primaria y la vi pocas veces. Hasta que un día tuve la oportunidad de saludarla fuera de su casa. Me presenté y con cierto temor le dije ¿Me recuerda?”

“Claro que si” contestó con la misma sonrisa, el mismo rostro— y dijo “hola, Juan”, como si hubieran pasado diez minutos, no más de cinco décadas. Conversamos. Un par de veces me confundió con otra persona. De pronto, mencionó algo que yo había olvidado: un concurso de escritura que gané en la primaria “¿Te acuerdas?”, me preguntó. Le dije que no. Entonces esa Señora a quien siempre creí no haber llamado la atención me contó que a todos los alumnos que tuvo los lleva muy dentro, y tu escrito me dijo, “a lo mejor todavía lo tengo por ahí”.

Hermosa lección de una gran Señora, como seguramente las hay en la actualidad y serán las que remontarán estos casi dos años de ausencia de enseñanza presencial para nuevamente emprender la enorme tarea de empoderar en niñas y niñas las competencias básicas de la primaria.

 Con respeto y cariño para la Señora Beatriz, mi compañera de la escuela primaria Juan Gutiérrez de la Cueva en Villa Aldama, Chihuahua.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El Devenir. Derechos reservados 2021 | Newsphere by AF themes.