miércoles, abril 24, 2024

Fray Fernando, Opinión

La Cantina, dónde la plalabra se humedece. Revivir y recobrar

Trabajamos, nos enfermamos, a veces salimos unos días a visitar parientes o a buscar trabajo en otros sitios y de pronto nos encontramos en la eterna comunidad en que hemos vivido durante muchos años.

Cada uno de éstos eventos rompe la continuidad y al reanudar la rutina diaria esta se acompaña de cierta tristeza, como si saltáramos del rompimiento de la cotidianeidad a una vida cautiva, formada por la repetición de trabajos, horarios y compromisos prescritos. Y nos preguntamos ¿Será que la alegría depende solo de lo extraordinario? ¿Cómo encontrar lo extraordinario en lo ordinario, la alegría en la vida cotidiana?

Un amigo conductor de un Uber me comparte su rutina diaria: atención a las llamadas de servicio; sus viajes de compromiso; las rutas más cortas, las menos dañadas por las lluvias, lo rutinario pues, y me comenta que encuentra alegría precisamente en esa repetición, no como repetición, sino como reanudación. Con ello reflexiono y me digo tal vez nuestra falta de alegría es porque la vida se vuelve absurda, monótona, aburrida así se llame: trabajo, día de dominó, amor, amistad….. ¿Será que solo nos concretamos a revivir, pero no a recobrar? ¿Cómo hacerlo?

Si somos abiertos, libres, escuchando, ese trabajo, ese amor, ese lugar… serán una oportunidad para “recobrar”, es decir, algo que es como antes pero siempre con algo nuevo que darnos, como cuando retomamos una buena película, los atardeceres, las caras, los libros… recobrar es regenerar, es encontrar lo nuevo en lo mismo, no es solo revivir o repetir. En el recobrar hay alegría, en repetir no.

Mi amigo, aunque “repita” horarios y rutas, en realidad “las recobra”: encuentra belleza en las conversaciones que escucha en el automóvil, en el encuentro con sus clientes, en las extravagancias de algunos… Y lo consigue simplemente porque es abierto, sabe escuchar al mundo. Es un hombre del instante, encuentra la alegría en los detalles, incluso en los gastados zapatos de una cliente y en una pausa para deleitarse con un montado “del Escuadrón”.

Mi amigo ha descubierto una cuarta dimensión: el tiempo. Y en él, en su presente, siente gran satisfacción al llegar a casa a cenar ¿Qué consume? Ciertos alimentos, cierto contenido y contenido significa “contenido”, la satisfacción es la experiencia de ser abrazado desde el instante, desde un tiempo lleno de significado.

A menudo vivimos fuera del tiempo, sin ritmo y fuera del presente: nos deprimimos por arrepentirnos del pasado, caemos en la ansiedad proyectándonos hacia el futuro, y así escapamos del presente, el único tiempo capaz de ofrecer ideas de alegría solo si estamos presentes, es decir, abiertos, escuchando, evitando la sordera, evitando la continua proyección en el mundo imaginario de la comunicación y la publicidad, entrenándonos para capturar las infinitas posibilidades que, como las palabras ocultas en una página en blanco, ofrece la realidad.

Implica enamorarse del instante. Pero, ¿Cuánta valentía y cuánto esfuerzo se necesita?

Tal vez valga la pena dedicar dos o tres minutos todos los días, pero, a partir de hoy.