domingo, abril 21, 2024

Buzón, Fray Fernando

La Cantina, donde la palabra se humedece: Asintomático

Ahora que permiten un aforo casi al cien por ciento en las cantinas la conversa entre parroquianos que dejaron de verse durante dos años retoma diversa temática. Un tópico presente es el de los nefastos resultados de la pandemia en el ámbito de los gustadores:

“Nombre”- informa uno de éstos- “La méndiga epidemia se cargó a dos familiares, tres vecinos y un titipuchal de conocidos”.

“Ni me digas”-contesta otro- “en mi casa hasta con la suegra se ensaño”.

Cada uno cuenta sus desgracias deseándose pronta recuperación dándose palmaditas y abrazos fraternos. Solo uno de los concurrentes permanece callado: “Oye tu pancho ¿No tuviste bajas?” El interpelado levanta el rostro y al estilo de aquella famosa revista que en una de sus secciones mensualmente narraba terribles experiencias desde temas como: Yo fui canceroso, Yo fui tuberculoso, Yo fui griposo, contesta: “Si, como todos, pero lo que quiero contarles es que Yo fui asintomático”.

Imagínense, dos años de evadir el chingazo, de agacharme en el último momento. Sentir el golpe cuando pasaba zumbando por todo mi cuerpo. De ver a mamá caer, luego a papá, a una anciana tía y después mi hermano. Pruebas, dos rayitas y la covid dejó de ser esa cosa que le pasa a los demás para meterse directamente en mi casa.

Y me preguntaba a diario ¿Y yo cuándo? Me quedaba con la absoluta certeza de que nada podrá evitar que me contagiara. Sabía que, así como Juan se cae del banco cuando abusa del tequila, yo estaba en una situación tan inmensa que nada de lo que hiciera podría evitar que cayera.

“Oye pancho a lo mejor si te contagiaste, pero te infestaste bonito”: sin fiebre, sin tos, sin molestias ¿Eso es ser asintomático? ¿Te hiciste pruebas de antígenos?”

“Si, pero de entrada no me dolía la cabeza, ni el cuerpo, ni la garganta, ni tenía fiebre, ni me había dado cuenta siquiera de que lo llevaba dentro, y pácatelas que aparecieron dos rayitas y me dijeron usted es asintomático, que, a toda madre, está enfermo, pero no sufre, debe ser envidia de muchos”.

“Otros de esos que leen mucho me dijeron: tu como asintomático te pareces a lo que dijo William Shakespeare: “En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber”.

La verdad ser asintomático me angustió más que si hubiera caído a las primeras del cambio porque tuve miedo, por mis cercanos, por mí y ahora me siento muy cansado, harto, y al mismo tiempo agradecido de que la mayoría estemos vacunados, de estar lo bastante sanos como para soportar la fiebre unos días sin mayores complicaciones.

Y como en el brindis del Bohemio: Pancho calló y nadie profanó el sentimiento nacido del dolor y la ternura.

Solo uno dijo: “Pues para todo mal mezcal y para todo bien también, y sírvame la otra aunque la familia sufra”.