martes, julio 23, 2024

Eduardo Fernández, Opinión

La captura de Ovidio Guzmán o el segundo “Culiacanazo”

Perfil humano.

El pasado jueves cinco de enero fue capturado Ovidio Guzmán cerca de Culiacán cuando fue detectado por un retén de la Guardia Nacional. 

El hijo del Chapo Guzmán encabezaba un grupo denominado “Los Menores” del cártel de Sinaloa y era uno de los delincuentes más buscados por los Estados Unidos que ofrecía una recompensa de 5 millones de dólares. 

El arresto de Ovidio, apodado el “Ratón”, ocasionó una fuerte reacción por parte de sus secuaces que realizaron bloqueos no solo en la capital sinaloense sino en otros municipios. 

Los enfrentamientos entre los integrantes del Cártel de Sinaloa y las fuerzas armadas tuvo como saldo 29 muertos, diez de ellos militares y ningún civil pues los otros fallecidos eran delincuentes de acuerdo al reporte de la Sedena. 

El análisis más recurrente en los medios ha sido que este operativo se debió a la visita del presidente Biden a nuestro país para participar en la cumbre de los líderes de Norteamérica. 

Este segundo “Culiacanazo” fue distinto al primero pues parece más fortuito que un operativo planeado, aunque más exitoso. 

En el 2019 los militares capturaron a Ovidio después de detectarlo en un lugar en Culiacán. Cuando intentaron trasladarlo cientos de sus hombres se movilizaron amenazando con masacrar a la población por lo que se decidió mejor dejarlo en libertad. 

El presidente López Obrador asumió la responsabilidad de tal decisión argumentando que eran más valiosas las vidas de inocentes que la detención de un delincuente. 

Este polémico hecho fue conocido como el “Culiacanazo” y recibió fuertes críticas que pusieron en entredicho la política oficial en contra del narcotráfico de “abrazos, no balazos”. 

La citada política al parecer se aplicó más al Cártel de Sinaloa pues los “chapitos” continuaron operando sin problemas con el tráfico de anfetaminas y fentanilo a los Estados Unidos. 

Tal vez las presiones del gobierno estadounidense obligaron al gobierno mexicano a cambiar de estrategia y se tomó la decisión de capturar a uno de los narcotraficantes más buscados y heredero de la organización que encabezó el Chapo Guzmán. 

Recluido en el penal El Altiplano, Ovidio ahora enfrenta la petición de extradición para ser juzgado en el vecino país como lo fue su padre que está prisionero en un penal de alta seguridad en Colorado. 

Los expertos consideran que, aunque se haya capturado a un cabecilla como El Ratón, el Cártel de Sinaloa o del Pacífico continuará operando normalmente pues conservará su estructura y el mando de sus hermanos. 

Estas organizaciones criminales manejan cuantiosos recursos y gran cantidad de hombres por lo que no basta con arrestar a sus mandos para exterminarlas. 

Además han corrompido a autoridades de todos los niveles por lo que cuentan con su complicidad y protección. 

El narcotráfico continuará mientras sea uno de los negocios más lucrativos del mundo y existan mercados que demanden un creciente abastecimiento de drogas. 

En México el dinero que proviene de las bandas que se dedican a esta actividad es ya parte de la economía y parte sustantiva de regiones pobres que dependen de tales recursos. 

Una buena parte de las remesas provenientes de Estados Unidos se rumora que son de narcotraficantes que utilizan este medio para introducir cantidades millonarias de dólares al país. 

El problema del narcotráfico es algo sumamente complejo como el de la migración por lo que requiere de una planeación estratégica integral y no solamente de acciones vistosas de enfrentamientos con las organizaciones criminales. 

La captura de Ovidio desde esta perspectiva es tan solo otro logro relativo en la lucha contra el tráfico de drogas. Hoy es el personaje central para los medios, después será otro cabecilla y el narcotráfico así como sus secuelas desafortunadamente continuarán a lo largo y ancho del territorio nacional.