jueves, junio 20, 2024

Carlos Jaramillo Vela, Opinión

La Columna de Jaramillo

AMLO: el vecino incómodo. 

La relación de México con Estados Unidos pasa ahora por una compleja situación sin precedente. Durante todo el tiempo transcurrido desde el periodo posrevolucionario mexicano iniciado en la segunda década del siglo veinte, y hasta el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, la comunicación y el trato entre ambas naciones se condujo prácticamente bajo los cánones de la diplomacia, sin embargo, el actual gobierno de México ha dado un giro radical en su forma de interactuar con el vecino país del norte. El inusual viraje que ha tomado el curso de nuestro país en su vínculo con Estados Unidos no ha estado sujeto a razones de Estado, ni a una visión nacional de largo plazo, sino a la ideología y el proyecto político electoral personal del actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, quien desde su arribo a la presidencia de México ha fijado sus posturas frente a Estados Unidos conduciéndose en todo momento por su interés personal, incluso a costa del perjuicio político y económico que ello le pueda ocasionar a México. 

En sus inicios, la presente administración pública federal desdeñó las convenciones y tratados internacionales firmados por México, incumpliendo así contratos relacionados con la generación de energía eléctrica a través de técnicas limpias (eólica y solar), y perjudicando a empresas, mexicanas, norteamericanas y europeas. El motivo de tal desacierto jurídico, económico y político tiene un origen ideológico que el presidente López Obrador despliega a través de un falso nacionalismo, cuyo fin supuestamente es impedir la participación privada en el sector eléctrico; además, tal postura significa un retroceso ecológico porque busca mantener vigente un sistema obsoleto de generación de energía eléctrica basado en el consumo de combustibles altamente contaminantes. Las reacciones políticas y diplomáticas de Estados Unidos y Europa no se hicieron esperar, y ante el rechazo del presidente López Obrador a cumplir lo pactado, la negativa del gobierno mexicano fue sometida a un proceso de revisión de controversias que podría tener costosas consecuencias económicas para México.   

Desde el comienzo de su sexenio el presidente López Obrador ha creado un ambiente un tenso en su trato hacia los periodistas, empresarios y organizaciones de la sociedad civil, así como respecto a personajes y partidos políticos de oposición, a quienes ataca de manera permanente en sus discursos. La razón de tal tensión se debe a que el actual jefe del estado mexicano es intolerante a las críticas y señalamientos que desde dichos sectores se le formulan tanto a él como a su gobierno y su partido político. En adición a su retórica beligerante, en mayo de 2021 el presidente acusó al gobierno de Estados Unidos de financiar a grupos opositores a su gobierno, y se quejó de intervencionismo en la vida pública de México. Esta acusación, aunque careciera de fundamentos, le significó al presidente el blindaje perfecto para justificar su diatriba contra sus opositores. 

Luego, en junio de 2022, ocurrió la injerencia del presidente López Obrador en los preparativos de la Cumbre de las Américas, efectuada en Los Ángeles, California, Estados Unidos. La intromisión de nuestro mandatario fue un hecho notorio que generó controversia, y evidenció una vez más la imprudencia, superficialidad y descuido de las formas con los que López Obrador suele conducirse. En ese tiempo el presidente mexicano trató de chantajear al presidente anfitrión Joe Biden, advirtiendo públicamente que solo asistiría a la reunión cumbre de jefes de estado americanos, si Estados Unidos accedía a invitar al magno evento a los presidentes de Cuba, (Miguel Díaz Canel), Venezuela (Nicolás Maduro) y Nicaragua (Daniel Ortega). El resultado obvio fue la negativa de la Casa Blanca ante las pretensiones de Andrés Manuel López Obrador, pues en todo el mundo es sabido que los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua mantienen a los ciudadanos de esos países en condiciones de transgresión sistemática a sus derechos humanos, así como bajo una permanente ausencia de libertades cívicas y políticas. Así, Estados Unidos no se dejó manipular por nuestro presidente, aunque éste tampoco asistió a la citada Reunión Cumbre continental. 

A todo esto habría que agregar, aunque sea solo mencionándolo de modo general, el tema de la inseguridad, materia en la cual la administración del presidente López Obrador no ha dado resultados. Ante tal escenario de desaciertos diplomáticos, expectativas fallidas e incumplimiento de normas internacionales legalmente establecidas, en el que el responsable ha sido el gobierno mexicano en turno, la relación bilateral México – Estados Unidos hoy vive una etapa álgida, en la cual, la Casa Blanca ve al presidente Andrés Manuel López Obrador como el vecino incómodo.