domingo, junio 23, 2024

Carlos Jaramillo Vela, Opinión

La Columna de Jaramillo

México: sometido a la voluntad unipersonal del Presidente.  

México vive una etapa de marcado desorden político. Quienes pertenecemos a las generaciones nacidas a principios de la década de los años sesenta, del siglo XX, podemos aún recordar que el ambiente que prevaleció durante los 48 años transcurridos desde 1970 -presidente Luis Echeverría Álvarez- hasta 2018 -presidente Enrique Peña Nieto-, jamás se dio una confrontación y tensión política con las características de la que existe ahora, bajo el mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador.  

Podemos afirmar que nunca, en esos 48 años, nuestro país se halló sometido a un odio social “por decreto”, como el que hoy impera. De manera infundada, así como perversamente y a ultranza, son alimentados desde el poder presidencial el encono y la maledicencia, hoy convertidos en un cáncer político y social que recorre la geografía nacional de costa a costa y de frontera a frontera, sembrando la discordia entre los mexicanos. Para el logro de tan perjudicial resultado se tiene el escenario perfecto: 1. Un presidente empeñado en perpetuar a toda costa su proyecto ideológico y electoral, aunque para ello necesite violar frecuentemente la Constitución nacional, y los protocolos que el sentido común aconseja –como ha quedado repetidamente demostrado-; 2. Un mandatario recalcitrante en su afán por omitir el deber que lo obliga a privilegiar, en todo momento, el interés superior de la nación, es decir, las aspiraciones comunes de todos los mexicanos; 3. Un escaparate permanente, consistente en largas conferencias de prensa diarias, con cobertura nacional, realizadas ante periodistas incondicionales, y con veto a la prensa opositora. 

Tal vez en los últimos cien años, nunca se vio, en el desempeño de la Presidencia de México, un ejercicio ilegal del servicio público realizado con el descaro del que ahora somos testigos. Hoy, el titular Poder Ejecutivo, cotidianamente abusa de la palabra, convirtiendo al discurso político en herramienta hostil y vana, que ofende, denigra, y fomenta el odio y la división en la sociedad. Hoy, de manera reiterada y sistemática, el primer mandatario, los más altos funcionarios de su administración, los legisladores de su partido, y la dirigencia de éste, violan dolosa y flagrantemente la Constitución, a pesar de estar conscientes de ello, y no obstante las múltiples órdenes, observaciones o resoluciones que, para impedir o sancionar tales infracciones, han sido emitidas por el Instituto Nacional Electoral (INE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).  

Hoy, por instrucciones del presidente de la República, y en contravención a lo establecido en la Constitución y las disposiciones legales secundarias de tipo electoral, los más cercanos colaboradores y amigos del mandatario (Adán Augusto López, Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum), impulsados también por su partido –MORENA-, se encuentran realizando por todo el país -e incluso empleando en algunos casos recursos públicos- actos anticipados de campaña política (giras de proselitismo, rotulación de bardas, colocación de propaganda en anuncios espectaculares, etc.). Hoy, porque así lo ha ordenado el primer mandatario, los senadores de MORENA mantienen inhabilitado, y pretenden extinguir, al Instituto Nacional de Transparencia Acceso a la Información (INAI), negándose a nombrar el Comisionado cuya designación es necesaria para la operación de dicho organismo.  

Hoy, desde el podio presidencial, en México se quebranta el principio de la división de poderes, así como la autonomía de las instituciones; se insulta, se calumnia y se persigue, sin razón, y sin decoro, al TEPJF, a la SCJN, al INAI, y hasta al INE, cuando las decisiones de estos entes autónomos e independientes no son del agrado del titular del Poder Ejecutivo; tan nociva injerencia debilita a las instituciones garantes de la seguridad jurídica, la transparencia y la democracia. Hoy en México, la vida pública, el Estado de Derecho y las instituciones, se encuentran avasallados… están sometidos a la caprichosa voluntad unipersonal del Presidente.